
La recuperación del Centro Histórico de Lima ya empieza a cambiar el tipo de negocios que encuentran espacio en la zona. Pero el movimiento todavía no alcanza para hablar de una transformación a gran escala: mientras restaurantes y pastelerías comienzan a instalarse, los proyectos de mayor inversión siguen dependiendo de que se resuelvan condiciones que van más allá de la demanda.
Según César Martínez, presidente de la Cámara de Turismo del Centro Histórico de Lima (CAMTUR), la actividad comercial y turística mantiene un crecimiento promedio de alrededor de 10% anual desde la pandemia y este año avanza cerca de 15% frente al mismo periodo de 2025, con lo que ya habría superado los niveles previos a la pandemia.
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El cambio también se observa en la oferta. Martínez identifica el ingreso de nuevas propuestas gastronómicas y de pastelería, incluso de marcas que antes tenían presencia principalmente en Miraflores y San Isidro.
Esa mayor actividad también aparece en cifras oficiales: en los últimos dos años se otorgaron 5,067 licencias de funcionamiento en el Cercado de Lima, de las cuales 299 correspondieron a negocios gastronómicos. Además, alrededor de 5,500 m2 de espacios habrían sido mejorados mediante inversión privada, según información recogida por Prolima.Para el ejecutivo, esto refleja un mayor interés empresarial, aunque todavía insuficiente para atraer proyectos de mayor escala.
“Yo creo que es un avance, creo que hay una visión bastante halagüeña. Sin embargo, es insuficiente y por eso tenemos que tener una visión compartida”, señaló a Gestión. A su juicio, el Centro Histórico tiene características distintas a otros distritos y carece de una autoridad que concentre la gestión de su actividad turística y económica.
El siguiente paso, sostiene, es generar condiciones para atraer inversiones mayores, con mejoras en infraestructura, servicios públicos y coordinación entre las entidades que intervienen en la zona.
Nuevos negocios, pero todavía de pequeña escala
Una de las señales más visibles de la recuperación está en la llegada de restaurantes y pastelerías. Martínez califica estas inversiones como relativamente pequeñas, aunque destaca que algunas funcionan como marcas ancla y contribuyen a mejorar el entorno. Al mismo tiempo, aparecen tiendas de productos asiáticos y de bajo costo, que para el ejecutivo muestran qué actividades están encontrando viabilidad económica.
“El nivel de valor de los bienes que se venden en ese tipo de establecimientos comerciales que son ajenos al turismo son de bajo costo, son muy baratos. Y obviamente eso nos marca la idea de qué es lo que está... el mercado está generando como actividades viables”, explicó.
Julio César Chuquipoma, miembro asociado de CAMTUR y director de Rutas del Sabor, también identifica interés empresarial, aunque advierte que los trámites pueden frenar los proyectos. Según señala, ya han ingresado nuevas marcas gastronómicas y hay inversiones hoteleras en evaluación, pero los negocios pequeños no siempre tienen capacidad para esperar una autorización. “Si tú, como único negocio, estás en espera de que te den respuesta para licencia, entre otros, quiebras. Ese es el problema”, aseguró.
Chuquipoma plantea que el problema no pasa solo por atraer inversiones, sino por conseguir que los proyectos puedan concretarse dentro de plazos compatibles con la capacidad financiera de los negocios. Considera que la recuperación del Centro Histórico requiere una mayor articulación entre las entidades que intervienen en los inmuebles y en la actividad comercial.

El siguiente salto requiere más que fachadas
El tamaño de las inversiones posibles ayuda a explicar el reto de infraestructura. Martínez pone como referencia la remodelación del Hotel Bolívar, donde participa como gerente, con una inversión cercana a US$ 35 millones. A su juicio, el Centro también podría recibir proyectos hoteleros de US$ 10 millones, US$ 15 millones o más, pero necesita servicios públicos capaces de acompañarlos.
Se refiere a redes de agua, desagüe, electricidad, internet y gas natural además de la recuperación de fachadas. “Necesitamos que Prolima lidere un proyecto de recuperación del centro histórico de Lima que comprenda los dos niveles: el nivel de la recuperación de fachadas, pero que también comprenda la actualización y cambio de los servicios públicos básicos”, afirmó Martínez.
El otro reto es coordinar a las instituciones que intervienen en el Centro. CAMTUR convocó a Sedapal, Pluz, Cálidda, operadores de telecomunicaciones, Prolima y representantes de la Municipalidad de Lima para discutir estas necesidades. Según Martínez, hubo coincidencia en la necesidad de actualizar el plan de recuperación.
La preocupación tiene una dimensión empresarial. Martínez advierte que un hotel puede ofrecer habitaciones de US$ 100 a US$ 200 por noche, pero enfrentar problemas de agua o desagüe en su entorno. Por ello, plantea pasar de intervenciones aisladas a una planificación de largo plazo. “Tenemos que actualizar ese plan para identificar cuáles son las problemáticas, darle actividades, acciones concretas a plazo corto, mediano y largo plazo”, sostuvo.

La Plaza Mayor suma, pero no mueve sola al turismo
En ese contexto aparece la reapertura de la Plaza Mayor, anunciada por la presidenta Keiko Fujimori, uno de los cambios más visibles de las últimas semanas. Martínez considera que mejora la experiencia de quienes ya visitan el Centro, pero no necesariamente genera nuevos flujos turísticos. CAMTUR, además, todavía no cuenta con una medición específica sobre cuánto cayó el turismo durante el cierre ni cuánto podría recuperarse. “Desde la Cámara de Turismo no tenemos una data específica”, reconoció.
Para Martínez, el atractivo del Centro depende de una oferta más amplia. Señala que el turista que llega es principalmente cultural y de alto gasto, lo que abre espacio para desarrollar gastronomía, actividades culturales, entretenimiento y eventos. “El turismo que llega al centro de Lima es un turismo cultural, es un turismo que gasta mucho”, afirmó.
Santiago Ode, representante de los comerciantes del Centro Histórico, también considera positiva la reapertura, aunque pone el foco en la recuperación del tránsito de visitantes. Durante el cierre, quienes recorrían la zona podían observar Palacio de Gobierno y la Catedral desde el perímetro, pero no ingresar a la plaza. “Ahorita cualquier actividad que haya en la Plaza de Armas congrega gente. Porque la gente está con hambre de distracción”, comentó a Gestión.
Ode no tiene todavía una estimación del impacto sobre las ventas y plantea una expectativa más inmediata: recuperar la circulación y trabajar con normalidad. “Lo que esperamos es que haya tranquilidad para trabajar y las autoridades que dejen trabajar”, afirmó.

Del patrimonio a una nueva economía de experiencias
La posibilidad de generar más actividad tampoco depende únicamente de abrir calles o recuperar fachadas. Martínez identifica a los eventos como otra fuente potencial de ingresos y movimiento económico para el Centro Histórico, aprovechando sus espacios patrimoniales.
En esa línea trabaja Miguel Ángel Flores Espinoza, de AMV & Asociados, empresa asociada a CAMTUR. Su propuesta parte de la “arquitectura efímera”: diseñar eventos y experiencias adaptadas al carácter del Centro Histórico. “Trabajamos con tecnología que permite hacer eventos híbridos, vale decir, podemos estar transmitiendo de acá a nivel mundial. Y trabajamos con realidad aumentada”, explicó Flores.
La apuesta amplía el negocio potencial del Centro hacia experiencias que permitan monetizar su patrimonio y llegar incluso a públicos que no estén físicamente en Lima. Para Martínez, esa diversificación forma parte del siguiente paso: convertir la recuperación actual en un ecosistema más amplio y sostenible.
La reapertura de la Plaza Mayor y la llegada de nuevas marcas pueden ayudar, pero para que el siguiente proyecto de US$ 10 millones, US$ 15 millones o US$ 35 millones encuentre un terreno fértil, la recuperación tendrá que avanzar también por debajo de las fachadas.







