
Después de varios años intentando recuperar el terreno perdido, Gamarra vuelve a enfrentar un desafío que escapa al control de empresarios y confeccionistas. El principal emporio textil del país llega a su campaña comercial más importante del año en medio de señales de desaceleración de la demanda, mientras un invierno menos intenso de lo esperado y la incertidumbre electoral añaden nuevas dosis de cautela a consumidores y comerciantes. La pregunta es si estos factores terminarán frenando una recuperación que recién comenzaba a mostrar señales de avance.
La preocupación no es menor. La temporada otoño-invierno representa alrededor del 45% de las ventas anuales del emporio, por lo que cualquier alteración en los hábitos de consumo tiene efectos directos sobre miles de talleres, comerciantes y proveedores vinculados a la cadena textil y de confecciones.
Según Susana Saldaña, presidenta de la Asociación Empresarial Gamarra Perú, la posibilidad de temperaturas más cálidas por El Niño reduciría la demanda de prendas abrigadoras, especialmente en Lima y la costa, mercados que concentran buena parte de las ventas estacionales. A ello se suma la incertidumbre generada por el proceso electoral, que ya estaría afectando las decisiones de compra de comerciantes mayoristas y consumidores.
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La preocupación del sector ya tiene una primera estimación económica. "Sumando ambos fenómenos, el climático y el electoral, calculamos que podrían costarnos alrededor de S/ 600 millones en pérdidas, con una menor facturación y una menor demanda“, señaló Saldaña a Gestión. Considerando que Gamarra factura alrededor de S/ 6,500 millones al año, el monto equivale a cerca del 9% de sus ingresos anuales.
La campaña que define el año
La inquietud de los empresarios responde al peso que tiene esta temporada dentro de la estructura de ingresos de Gamarra. Esta campaña representa el periodo comercial más importante para buena parte de las empresas de confección. Un menor descenso de temperaturas no solo reduce la venta de chompas, casacas o prendas térmicas, sino que afecta la rotación de inventarios y los planes de producción de miles de talleres.
Ante ese escenario, muchas empresas han optado por una estrategia más conservadora. Según Saldaña, los confeccionistas vienen ajustando su producción a niveles de demanda más acotados para evitar una acumulación de stock que termine generando pérdidas mayores. “La gente está yendo con mucha cautela”, sostuvo la dirigente al referirse tanto a empresarios como a comerciantes mayoristas de distintas regiones del país.
La incertidumbre también alcanza a los compradores fuera de Lima. De acuerdo con Saldaña, algunos distribuidores regionales han reducido sus pedidos habituales para la temporada debido a las dudas sobre el comportamiento del consumo durante los próximos meses.

Recuperación aún incompleta
Más allá de la coyuntura actual, el principal problema para Gamarra es que todavía no logra recuperar plenamente el nivel de actividad que tenía antes de la pandemia. Según cifras compartidas por la dirigente gremial, el emporio reúne alrededor de 50,000 unidades empresariales, de las cuales el 99% corresponde a micro y pequeñas empresas (mypes). Además, concentra aproximadamente el 50% de la industria peruana de confecciones y genera cerca de medio millón de puestos de trabajo entre directos e indirectos.
Pese a esa magnitud, la recuperación ha sido más lenta de lo esperado. Saldaña señaló que durante varios años Gamarra permaneció estancada alrededor del 50% de recuperación respecto de los niveles prepandemia. Recién en 2025 logró avanzar hasta aproximadamente el 60%, lo que generó expectativas de continuar mejorando durante este año. Sin embargo, el escenario ha cambiado.
“Nuestra meta era superar ese 60%, pero ante esta situación es muy poco probable que ocurra. El objetivo ahora es que las cifras no sean peores que las del año pasado”, afirmó. La posibilidad de retroceder preocupa especialmente porque el sector recién había comenzado a mostrar señales de recuperación sostenida.
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PEDIDO AL GOBIERNO
Ante un problema que considera originado por factores externos, Gamarra plantea una serie de medidas para amortiguar el impacto sobre las mypes. Uno de los principales pedidos es facilitar el acceso a financiamiento en mejores condiciones para las pequeñas empresas, que suelen tener menor capacidad para soportar periodos prolongados de desaceleración.
A ello se suma la propuesta de impulsar ferias comerciales en distintas regiones del país para acercar la oferta de los confeccionistas a nuevos mercados y estimular la demanda fuera de Lima. El tercer frente está relacionado con las compras públicas. Saldaña considera que el Estado podría desempeñar un papel más activo mediante la adquisición de productos elaborados por mypes. “Puede que la población no esté comprando, pero el Estado sigue demandando bienes y puede comprar a las mypes, en línea con la Ley 31578”, indicó.
Desde la perspectiva del gremio, estas medidas permitirían mitigar parcialmente el impacto de una coyuntura que no responde a decisiones empresariales sino a factores climáticos y políticos.
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UN MUNDIAL CON IMPACTO LIMITADO
Gamarra no espera que el Mundial de Fútbol se convierta en un motor importante para las ventas de este año. La principal razón es la ausencia de la selección peruana en el torneo. Según Saldaña, la experiencia demuestra que el efecto comercial del Mundial se multiplica cuando Perú participa, como en Rusia 2018. “Aquella vez el impacto fue muy grande. Ahora habrá una campaña pequeña”, explicó.
La oportunidad se concentraría principalmente en el segmento deportivo, donde operan alrededor de 3,500 mypes especializadas en la fabricación y comercialización de ropa deportiva. Estas empresas podrían registrar una mejora moderada en la venta de camisetas vinculadas a selecciones como Argentina o Brasil, aunque lejos del dinamismo observado hace ocho años, cuando el retorno de Perú a un Mundial impulsó significativamente la demanda.

COMPETENCIA DESLEAL E INVERSIONES QUE CONTINÚAN
Otro de los temas que sigue preocupando al sector es el ingreso de productos importados bajo condiciones que los empresarios consideran desleales. Aunque frecuentemente el debate se centra en China, Saldaña sostuvo que la principal preocupación está vinculada al ingreso de prendas con dumping, subvaluación, contrabando y ropa usada. Según afirmó, estos fenómenos empujan cada año a miles de pequeñas empresas hacia la informalidad o el cierre.
“Nosotros no estamos en contra de la importación. Estamos a favor de una competencia justa. Lo que rechazamos es la competencia desleal”, mencionó.
Pese a estos desafíos, la actividad inmobiliaria dentro de Gamarra continúa mostrando movimiento. Saldaña indicó que siguen desarrollándose proyectos de construcción de galerías y operaciones de compraventa de locales comerciales, principalmente impulsadas por empresarios vinculados históricamente al propio emporio. “La mayor capacidad de inversión sigue siendo del mismo gamarrino”, comentó.
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La dirigente sostuvo además que el valor comercial de los espacios se mantiene elevado dentro del conglomerado. Incluso afirmó que el metro cuadrado puede ubicarse entre US$ 21,000 y US$ 25,000, dependiendo de la ubicación del inmueble. "El valor del metro cuadrado de Gamarra es el más caro, no solo del Perú, es uno de los más caros que existen en el mundo“, aseguró. Aunque los alquileres han mostrado una reducción respecto de años anteriores, las inversiones inmobiliarias continúan formando parte de la dinámica habitual de la zona.
MEJORAS EN SEGURIDAD
Saldaña atribuyó parte de ese dinamismo a las mejoras registradas en materia de seguridad durante los últimos años. Según explicó, el trabajo conjunto con las autoridades permitió reducir los casos de extorsión que afectaban al sector formal y recuperar espacios públicos que anteriormente estaban ocupados por comercio informal.
“Espacios públicos liberados y patrullaje permanente han ayudado a mejorar la situación”, sostuvo la dirigente, quien señaló que la recuperación de vías y zonas comerciales forma parte de una estrategia para reforzar el atractivo del emporio para comerciantes, inversionistas y consumidores.
A ello se suma el ingreso de marcas gastronómicas más reconocidas, como Siete Sopas y La Lucha, que se han incorporado a una oferta comercial cada vez más diversa.
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Con una facturación anual de S/ 6,500 millones, alrededor de 50,000 empresas y medio millón de empleos vinculados a su actividad, Gamarra continúa siendo uno de los principales termómetros del consumo y la manufactura nacional. El desafío ahora será evitar que una combinación de factores externos frene una recuperación que todavía está lejos de completarse.







