
Un análisis compartido a Gestión reveló que, si bien la economía peruana ha crecido, generando empleos y reduciendo –lentamente– la pobreza; el escenario pudo ser mucho mejor si se aprovechaba más el contexto favorable. Esto, también considerando el dinamismo promedio de los países emergentes, grupo del que forma parte el Perú.
Contexto desaprovechado
Uno de los motores de la economía peruana en la actualidad es la minería, impulsada por los altos precios de los metales, como el oro y el cobre. Los despachos de este último mineral tienen un rol clave en la canasta exportadora nacional. En 2025, concentró el 30% del valor total de los envíos nacionales, manteniéndose como el principal producto peruano.
Sin embargo, el dinamismo de la economía nacional no le viene siguiendo el ritmo al actual “boom” de precios, como sí ocurrió en el anterior período mineral extraordinario.
“A pesar de que el cobre ha tocado récords históricos este año, el crecimiento de la economía se mantiene cerca de la mitad, por ejemplo, de lo que se registró en el boom anterior, que se dio desde el 2002 al 2013”, indicó Teodoro Crisólogo, experto en macroeconomía, a cargo de las cifras calculadas.
En el periodo 2002-2013, el crecimiento económico promedio fue de más de 6%, mientas que, entre el 2022 – 2026, con cifras del Fondo Monetario Internacional (FMI), la expansión sería de 2.4%, aproximadamente.
El análisis del incremento de la actividad no solo se torna adverso en ese sentido, sino también respecto al panorama de las economías emergentes. En detalle, entre el 2002 y el 2013, la variación promedio en este grupo fue de 6.1%, tasa que también registró el Perú.
En adelante, aunque se marcó una desaceleración, en el caso del Perú se dio en mayor medida. Entre 2022 y 2026, las economías emergentes habrían registrado un crecimiento de 4.3% interanual, casi el doble del ritmo nacional. Incluso, el nivel peruano es inferior al de América Latina (2.7%).
“El crecimiento del Perú era bien similar al de mercados emergentes. Después hubo un periodo de desaceleración que coincidió con el covid-19 y la post recuperación, pero inclusive después se han mantenido resilientes y Perú, más bien, todo lo contrario: la caída ha sido continua”, refirió Crisólogo.
Beneficios perdidos
El PBI per cápita también muestra que nuestro país no supo aprovechar el contexto internacional favorable. Al 2026, el PBI por habitante nacional sería de US$ 16,705 expresados en paridad de poder adquisitivo (PPA), con base 2021, mientras que el promedio de las economías emergentes de US$ 16,266. Justamente la diferencia entre ambos montos era mayor, a favor de Perú, pero ahora se habría reducido por un crecimiento más débil en el caso peruano durante los últimos cinco años.
Es más, si consideramos un escenario en el que Perú sí le habría seguido el ritmo de crecimiento a sus pares de economías emergentes, Crisólogo proyectó que el peruano promedio tendría un PBI per cápita 9.4% mayor de lo que registraría al cierre del 2026, equivalente a más de US$ 1,570 adicionales (PPA).
“Esto nos da una idea ilustrativa de cuánto dinero adicional podría haber producido cada peruano en promedio”, mencionó.
Este efecto positivo también se habría podido observar en otros indicadores palpables de mayor desarrollo. Por ejemplo, al extrapolar el efecto sobre la incidencia de pobreza en el Perú se obtuvo que, de replicar entre 2022 y 2025 el ritmo de crecimiento de los países emergentes, Perú habría podido lograr que alrededor de 900,000 personas más salgan del umbral de la pobreza.
En este punto, Crisólogo observó que un problema es que dicho dinamismo habría sido insuficiente siquiera para recuperar los niveles prepandemia: con 900,000 más saliendo de la pobreza, todavía habría 1.4 millones por encima del 2019.
“Esto es particularmente importante porque si uno ve las tasas de pobreza de Perú respecto a lo que tenía y en comparación al promedio de América Latina se observa que, mientras la región ya recuperó los niveles previos, en Perú más bien ha sido todo lo contrario, aún no llega; y pareciera que el COVID-19 y también la falta de aprovechamiento de los vientos externos favorables ha impedido que se retornen los niveles de bienestar previos”, puntualizó.
Viendo ambas tendencias de variación de la incidencia de pobreza, Crisólogo agregó que la divergencia también habría respondido a la conflictividad social ocurrida a fines del 2022 e inicios del 2023, así como también al impacto del Fenómeno El Niño de dicho año. “La persistente inestabilidad política que se exacerbó e inició en la época de Castillo también incidió”, comentó.
Giacomo Puccio, especialista de investigación de la Red de Estudios para el Desarrollo (Redes), coincidió en que hay una serie de beneficios perdidos por el actual nivel de crecimiento.
Apuntó que una diferencia fundamental respecto al “boom” previo es que, entonces, la inversión privada acompañaba el incremento de los precios de minerales. Este indicador crecía a doble dígito durante casi todos esos años, un escenario que recién se observó en 2025.
“Es positivo que suban los precios de los minerales, pero si no hay nuevos proyectos mineros no se aprovecha al máximo el contexto. La mayoría de inversiones hoy son de proyectos ya existentes. La producción está estancada”, valoró.
A su análisis, Puccio apuntó que el ineficiente manejo de los recursos del Estado también explica el limitado desarrollo social. “Hoy vemos que los recursos no se usan bien para construcciones de alto impacto. La inversión pública no solo impacta socialmente, sino que muchas veces habilita a la potenciación de la privada. Es un círculo virtuoso”, comentó Puccio.
Pendientes en adelante
Analizado el panorama transcurrido, toca ver hacia adelante los principales retos para revertir esta tendencia y sí lograr aprovechar el contexto favorable.
Al respecto, Crisólogo mencionó que el Perú parte con un escenario adverso. Se encuentra en la cola de un ránking que mide la confianza para la inversión extranjera entre mercados emergentes.
“Perú está no solamente a la cola entre los emergentes, sino muy por debajo de otros países que literalmente se están atrayendo grandes inversiones por temas de nearshoring y también por temas geopolíticos, como Brasil y México. Inclusive Argentina está por encima de Perú en ese ranking”, anotó.
Para Crisólogo, este rezago parte de la inestabilidad política y el debilitamiento institucional en la administración del Estado, socavando la falta de confianza sobre el país.
“No se ha hecho mucho por impulsar reformas que contribuyan a posicionar a Perú como una plataforma atractiva para grandes inversiones. A la inestabilidad política se suma el populismo legislativo y, en general, este entrampamiento de las fuerzas políticas al no poder ejercer consensos alrededor de reformas clave para el Perú. En una región donde todos los países están luchando por atraer inversiones, Perú se está quedando relativamente corto”, aseveró.
Revertir la inestabilidad política también es una tarea urgente para Puccio, pues apuntó a la incidencia directa, precisamente, en la inversión privada.
“Si no hay reglas claras, los inversionistas la piensan dos veces, dado que hay dudas sobre la estabilidad de las inversiones. Se tienen que dar señales de confianza como punto de partida”, anotó.
El especialista de Redes agregó que recuperar el buen manejo de las finanzas públicas, en un contexto de incumplimientos de déficit fiscal, es imperativo al ser también una muestra de la capacidad del Estado para cumplir con sus obligaciones.







