
En la pesca del Perú, la falta de recursos nunca fue un problema: la falta de control, sí. Hubo un tiempo en que la anchoveta se capturaba sin reglas, bajo la ferocidad de una carrera olímpica, pero ese escenario quedó atrapado en las redes de la historia. Hoy, cada movimiento en el mar conserva un registro.
Doce analistas del Ministerio de la Producción (Produce), segundo a segundo, observan los recorridos de las embarcaciones —industriales y algunas artesanales— que se adentran en el Pacífico con la confianza que les otorga el sistema de seguimiento satelital (Sisesat).
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Un “refresh” en el monitoreo
Desde 1998 hasta 2014, la vigilancia de las radiobalizas —dispositivo básico transmisor de socorro— cabía en una pequeña oficina: cuatro especialistas se concentraban en sus computadoras convencionales y procesaban data aún incipiente. Así lo narró Daniel Collachagua, cabeza de la Dirección General de Supervisión, Fiscalización y Sanciones de Pesca y Acuicultura de la cartera a cargo.
El salto económico y tecnológico posterior, sin embargo, expandió la herramienta hasta convertirla en una plataforma de capacidades multiplicadas: se introdujo la comunicación bidireccional gracias al desarrollo de un software propio. A ello se sumó otro esfuerzo: el establecimiento de un reglamento (decreto supremo 001-2014) para los proveedores de equipos.
“En 2014 empezamos el desarrollo del software y lo culminamos en 2015. A partir de ahí somos uno de los pocos países del mundo que trabajan bajo ese esquema. Por ejemplo, Chile y Panamá utilizan el Themis, un enlatado (aplicación ya desarrollada, lista para comprar e instalar). [...] Operar con exclusividad nos permite garantizar la integridad de la información que tenemos”, explicó Collachagua.
La evolución hacia un monitoreo más sofisticado encuentra sentido cuando se observa el panorama contrario: ¿qué pasaría si el “ojo” guardián no existiera?
Jennifer Vilches, abogada en pesca y directora del Instituto Humboldt de Investigación Marina y Acuícola (IHMA), respondió: “La industria pesquera perdería orden y eso tendría un impacto directo en los precios. Sin monitoreo satelital, el control sobre zonas de pesca, vedas y volúmenes se debilita significativamente, lo que incrementa el riesgo de pesca ilegal o no declarada. Todo eso afecta la capacidad del Estado para gestionar el recurso y compromete su sostenibilidad”.
El ingreso silencioso de producto informal, según la especialista, termina inflando la oferta y empujando los precios hacia abajo. El resultado sería un mercado, además de desordenado, injusto: quienes cumplen las reglas competirían en desventaja frente a quienes operan sin ellas.

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Del radar al negocio
El Sisesat también se ha convertido en el punto de encuentro entre empresa y Estado. Por ejemplo, las 40 embarcaciones de Tecnológica de Alimentos S.A (TASA) que desfilan en simultáneo ya no se configuran solo como una operación logística: son un flujo constante de datos.
“El Sisesat ha reforzado un estándar de transparencia en el sector. Hoy tanto las empresas como el Estado operan sobre la misma información, lo que reduce espacios de interpretación y fortalece la confianza”, expresó Antonio Olortegui, gerente legal y de asuntos corporativos de TASA.
“En una industria estratégica para el país, contar con un sistema de monitoreo compartido permite alinear mejor los objetivos productivos con los de sostenibilidad y control del recurso. Desde la industria seguimos firmes en contribuir con data científica y trabajar en pro de la conservación del recurso”, añadió.
Collachagua, por su parte, recordó que la flota industrial, la más organizada, se integró rápidamente a la dinámica. El reto, ahora, es continuar incorporando a la pesca artesanal, la más dispersa desde sus inicios.
“Los primeros esfuerzos para controlar la flota artesanal vienen del año 2018, cuando se creó el Sistema de Formalización Pesquera Artesanal (Siforpa). En las regulaciones de ese programa, una condición era que aquella embarcación que fuera formalizada tuviera el control satelital. [...] Después, en el 2019, se trabajó en la modificatoria del reglamento del sistema de control satelital y se crearon otros dos tipos de equipos. [...] El equipo A está dado para la flota industrial y extranjera; el equipo B está dado para la flota de menor escala; y el equipo C, para la flota artesanal”, explicó.
La meta hacia fines del 2026 es llegar, en total, a las 5,500 o 6,000 embarcaciones monitoreadas. Por ahora, el contador se ubica en 4,500.
Para ello, la estrategia ha dejado de centrarse en la obligación y ha pasado a los incentivos: menos trámites, mejores condiciones operativas y la posibilidad de acceder a financiamiento.
“Desde el lado legal, puede entenderse la resistencia al Sisesat en la medida en que el sistema está directamente vinculado a las labores de supervisión y fiscalización que ejerce el Produce. El problema es que algunos actores lo perciben como una herramienta orientada a sancionar constantemente, cuando en realidad, si se cumplen las reglas, no debería generar contingencias”, analizó Vilches.

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El futuro del Sisesat
El siguiente paso del Sisesat ya no es observar más, sino entender mejor. Con una base de datos bastante amplia, este sistema apunta a incorporar herramientas de analítica avanzada e inteligencia artificial que permitan identificar patrones y anticipar comportamientos en el mar.
Desde el sector privado, “el principal espacio de mejora está en ampliar el alcance del Sisesat para fortalecer la lucha contra la pesca ilegal y avanzar en el ordenamiento de otras pesquerías", consideró Olortegui.
“Hoy la pesca industrial es un buen ejemplo de cómo el monitoreo satelital, junto con reglas claras, permite altos estándares de control, trazabilidad y cumplimiento. Replicar progresivamente este estándar en otros segmentos de la actividad permitiría cerrar brechas relevantes en fiscalización, mejorar la gestión del recurso y asegurar condiciones más equitativas para todos los actores del sector”, adicionó.
En suma, el desafío va más allá de la tecnología. Se enfoca en asegurar una implementación efectiva, con capacidades, infraestructura y un marco regulatorio oportuno.
“Esperamos que el Sisesat evolucione como una herramienta cada vez más técnica, predictiva y orientada a resultados. Esto implica que la regulación que lo acompaña debe continuar basándose en evidencia, datos y diálogo con el sector. El gran objetivo es mantener un modelo donde la sostenibilidad y eficiencia vayan de la mano: asegurar la conservación de la biomasa, mientras se mantiene la competitividad de una industria que es clave para el Perú y para la seguridad alimentaria global”, concluyó el empresario.


Redactora de Economía en diario Gestión. Periodista piurana con seis años de experiencia profesional en el rubro.








