
¿De alcanzar los dos dígitos de expansión a mirar con cautela la tendencia? Pese a un 13.3% de proyección de crecimiento en febrero, la construcción en Perú enfrentaría una “atemperación” en el desarrollo del 2026.
Así lo precisó Guido Valdivia, vicepresidente ejecutivo de la Cámara Peruana de la Construcción (Capeco, durante la presentación del Informe Económico de la Construcción (IEC) N° 99, a cargo del gremio.
Cabe resaltar que, pese a que el impulso del sector comience a “perder fuerza”, no se dejará de lado el optimismo. Aun con desaceleración en marcha, el Banco Central de Reserva del Perú (BCRP) ajustó al alza su estimación para el cierre del año: de 2.5% a 6%.

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¿Contracción a la vista?
La construcción viene creciendo de forma sostenida desde hace casi un año, incluso ha registrado un mayor impulso en el último trimestre móvil, pero un elemento podría cambiar el ritmo de la agenda.
“Estamos acumulando un crecimiento desde mayo del año pasado, y también en los últimos tres meses ha habido un escalamiento de este crecimiento. Eso es muy importante porque está reflejando una tendencia que, ojalá, pueda mantenerse, aunque las previsiones nos hacen ver que lo más probable es que en el transcurso del año estas tasas se atemperen un poco y vuelvan al rango de un solo dígito”, expresó Valdivia.
No obstante, “es una tendencia de ralentización, no de caída”, subrayó.
Diario Gestión le consultó al vocero si dicha desaceleración ya se estaría observando en marzo y, en todo caso, cuáles serían los riesgos que podrían convertirla en contracción.
“En marzo hemos tenido un problema crítico que ha sido la falta de combustible y eso, sin duda, ha afectado precios y el nivel de producción [...]. Ahora, si nosotros hemos crecido casi 15% en dos meses y, optimistamente, aspiramos a que el crecimiento a fin del año sea de 6.8%, la ralentización por el resto del año significa que se va a crecer por debajo de 6%”, respondió.
Asimismo, consideró algunos choques recientes:
“El Niño, la guerra (en el Medio Oriente) y los resultados de la primera vuelta electoral podrían afectar las decisiones de inversión, por lo menos retrasarlas o, en algunos casos, encarecerlas. Entonces, eso hace que sea más difícil mantener el ritmo. Nadie está hablando de que vamos a seguir creciendo al ritmo de 13 o 15% en lo que resta del año”.

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Asignación presupuestal cuestionada
La desaceleración, además, ocuparía un espacio largo en la historia del sector: “Para los años siguientes, tanto el BCRP como el Ministerio de Economía y Finanzas (MEF) hablan de una ralentización. [...] A partir del 2026 las tasas son bastante menores respecto de lo que creció el año pasado. Y esto tiene que ver con una perspectiva sobre el comportamiento de la inversión pública”, señaló el vocero de Capeco.
En detalle, hizo un recuento: luego de un 2023 débil, la obra pública logró recuperarse en 2024 y mantener un crecimiento de 5.7% en 2025. Sin embargo, las previsiones para 2026 se reducen bastante.
“Hay factores estructurales que hacen muy complicado que la obra pública tenga tasas de crecimiento que correspondan, y además, como ya sabemos, hay muchísima paralización de obra, retrasos en la ejecución de las obras. Todavía hay un cuestionamiento respecto a la calidad de la ejecución, a la priorización de inversiones. La inversión pública tiene que ser replanteada integralmente”, explicó.
“Y esto tiene que ver también con problemas en la asignación presupuestal. Es muy probable que tanto el Programa Nacional de Inversiones en Salud (Pronis), o sea los grandes proyectos de hospitales, como la Autoridad Nacional de Infraestructura (ANIN) muy pronto se queden sin recursos”, añadió.
Citó, incluso, el impacto del descuido que se combina con eventos climáticos extremos: “El año pasado ha habido una ralentización en el ritmo de gestión o de ejecución de los programas de la ANIN; en particular, todo lo que tiene que ver con las obras de drenaje pluvial en las localidades del norte del país, problema que viene desde el año 2017″.

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Factor climático en la mesa de juego
Durante su intervención, Valdivia manifestó que hay una alta probabilidad de que el Niño Costero al acecho registre una intensidad moderada, y que, aun así, causaría impactos en el sector construcción.
Este diario le preguntó sobre la estimación numérica de los daños: “Depende de por dónde salga el agua. Eso es lo que ha pasado en Arequipa, por ejemplo. En Arequipa se han afectado zonas residenciales de niveles medios y medios altos. Naturalmente, el nivel de afectación en la propiedad es mucho mayor porque la infraestructura y el equipamiento urbano son más caros”.
Adicionó: “Hay un 55% de probabilidades de que el El Niño sea moderado. [...] Es lamentable el nivel que tenemos de improvisación, de tolerancia frente a la ocupación de zonas de riesgo. [...] Por ejemplo, en Arequipa las torrenteras son como ríos que se han creado justamente para desviar el torrente de agua, pero ahí se instala la gente porque hay alguien que se lo vende (el terreno)”.
Sumó una experiencia más: “En Piura, la última vez, el agua salió en 2017 por zonas que nunca antes se habían inundado, inclusive la zona de más altos ingresos, que es la zona del Chipe. Entonces, estamos a merced de la naturaleza”.
“El impacto se verá como una catástrofe en el momento en que sepamos en dónde están estos problemas, si es que ocurre”, finalizó.

Redactora de Economía en diario Gestión. Periodista piurana con seis años de experiencia profesional en el rubro.








