
En el mercado global agrícola, caracterizado por ventanas productivas cada vez más estrechas, el Perú ha forjado —al menos en la última década— una dinámica clave: exportar en contraestación.
Mientras el hemisferio norte entra “en pausa”, la oferta de nuestro territorio se consolida y gana reputación internacional. Arándanos, uvas, paltas y espárragos comparten el papel de líderes de la canasta agroexportadora nacional y también el rendimiento fuera del calendario.
¿Qué otros productos registran potencial para sumarse a la lista en el 2026? Los expertos responden.
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Invierno boreal, la oportunidad
Mientras el hemisferio norte enfrenta el invierno boreal y reduce drásticamente su producción agrícola, el Perú ingresa a su pico de capacidad de cosecha, así lo detalla César Romero, especialista de la Dirección de Estudios Económicos de la Dirección General de Políticas Agrarias del Midagri:
“Los denominados productos globales son todos aquellos que se consumen ampliamente en el hemisferio norte, pero que, por estacionalidad, dejan de producirse. Entonces, Perú entra en ese momento”.
Agrega: “Perú ha entendido bien la demanda mundial y se está orientando hacia ese sentido. O sea, no estamos trabajando, por ejemplo, en cultivar grandes extensiones de azúcar, grandes extensiones de maíz amarillo ni grandes extensiones de papa, sino que estamos trabajando con productos de alta demanda mundial”.
Coincide Gabriel Amaro, presidente de la Asociación de Gremios Productores Agrarios del Perú (AGAP): “Aproximadamente, el 90% de los consumidores está en el hemisferio norte, y nosotros estamos a contraestación per se. Entonces, cualquier producto que podamos desarrollar con competitividad va a ser exitoso”.
Hasta el momento, de acuerdo con ambos especialistas, el éxito del arándano, el espárrago, las uvas, las paltas y las fresas se sostiene gracias a esta estrategia, la cual demuestra, año a año, que el manejo del calendario productivo es tan relevante como el volumen o el precio.

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“Ventanas” para el 2026
Romero precisa que, de cara al 2026, es oportuno un mejor aprovechamiento de la superioridad climática que registra el Perú “para ingresar con otros productos”.
“El mango podría entrar con una mejor ventana estacional a Estados Unidos. [...] Yo creo que habría que afinar un poco mejor nuestro trabajo con el mango para poder exportarlo”, inicia la enumeración.
Continúa: “Con los productos de la sierra todo es muy limitado, porque se pueden producir en el Mediterráneo Norte; entonces tienen que ser de la costa. Así que estoy pensando en la chirimoya, que tiene sabor y aroma riquísimos, pero que no está resaltando como un producto de exportación”.
“Ocurre lo mismo con los cítricos: limones, mandarinas y, principalmente, naranjas. Se vende bastante en Estados Unidos, y Brasil es un gran competidor mundial, pero hay momentos en los que podríamos entrar”.
Amaro complementa la lista: “El ajo y los productos procesados del ajo. Otro punto importante que no se ha explotado aún es el envío de la menestras a mercados que tienen gran población, por ejemplo, India, con quien estamos avanzando en un TLC”.
“También los carozos, que son los duraznos, por ejemplo. Algo está desarrollado para la industria, pero muy poco. El caqui es otro de ellos, inclusive han venido a buscarnos productores que quieren complementar con nosotros espacios del mercado”.
“Otros podrían ser el kiwi y los higos. Las pasas también tienen perspectivas interesantes”, apunta.
En suma, nueve productos —si se contempla a los cítricos como un conjunto— poseen potencial para que, con escalamiento productivo y accesos sanitarios, se conviertan en los próximos participantes de contraestación.

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¿Senasa en riesgo?
Aunque el optimismo es alto, Amaro resalta el protagonismo del Servicio Nacional de Sanidad Agraria (Senasa) en este esfuerzo para el nuevo año.
“Lo que pasa es que va a depender del ritmo que nos ponga Senasa. En la medida en que Senasa tenga más capacidades y sus capacidades crezcan al ritmo del crecimiento de la agroexportación, vamos a poder incorporar más rápido a pequeños agricultores y a otros cultivos”.
Al respecto, observa un riesgo que podría poner “en jaque” la posibilidad:
“El próximo año se le recortará el presupuesto a Senasa. Sin embargo, vamos a crecer en agroexportaciones, que finalmente da muchas divisas, mucho empleo y muchos ingresos al fisco... pero este crecimiento no se ve reflejado en un crecimiento en las capacidades de Senasa. Y ahí estamos cometiendo un error, porque este ente es vital para la incorporación del pequeño agricultor en las cadenas modernas“.
Sin los recursos necesarios para sostener inspecciones, habilitaciones y negociaciones sanitarias, una oportunidad de expansión podría transformarse en un panorama adverso. Por ello, el Gobierno entrante tendrá la tarea de corregir este desequilibrio.
“Que Senasa tenga menos presupuesto es un punto que el nuevo Gobierno va a tener que arreglar, y este Gobierno puede mejorar con partidas adicionales el próximo año. Debería hacerlo”.
En esa línea, el vocero de AGAP lanza una última recomendación:
“Necesitamos tener especialistas que trabajen junto con las embajadas o las unidades comerciales para cuidar las medidas arancelarias y los aspectos técnicos agrarios”, finaliza.

Redactora de Economía en diario Gestión. Periodista piurana con seis años de experiencia profesional en el rubro.








