
El dinero, aunque circule, conserva entre sus fibras la crónica de la economía que lo emite. El sol (S/), por tanto, atesora rediseños institucionales, crisis inflacionaria y mandatos convulsos. Pero no es el único protagonista: en el proceso, el Banco Central de Reserva del Perú (BCRP) se ha posicionado como el garante supremo de la estabilidad monetaria.
Con 104 años de trayectoria, la entidad autónoma posee una reputación capaz de facilitar decisiones de inversión y consumo pese a temblores político-sociales. ¿Cómo reunió su poder?
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Primeras lecciones
El nacimiento del ente emisor más antiguo de América Latina ocurrió el 9 de marzo de 1922, con la Ley 4500. Se llamaba Banco de Reserva del Perú; no obstante, su vida administrativa inició el 4 de abril del mismo año, en un edificio del antiguo jirón Miró Quesada y bajo la presidencia de Eulogio Romero, abogado y político.
El siguiente paso medular —y el cambio de nombre al de BCRP— sucedió en 1931, cuando la Misión Kemmerer, una asesoría económica internacional que el estadounidense Edwin Kemmerer dirigió, fijó las bases normativas para que la tarea prioritaria del banco sea mantener el valor de la moneda.
Hasta que llegó la década de los 80. Durante el periodo presidencial de Fernando Belaúnde Terry (1980-1985), la inflación dio sus primeros golpes, pero todavía bajo cierto dominio por la introducción del inti como nueva moneda. El verdadero embate sobrevino con el gobierno de Alan García (1985-1990): los altos controles de precios y la fuerte emisión de dinero derivaron en una hiperinflación que erosionó el poder adquisitivo de la población.
Ante los ojos del BCRP, tal escenario supuso “enfrentar presiones recurrentes para financiar al sector público”, indicaron desde el ente en exclusiva para Gestión. Así, “la política monetaria vigente se construyó sobre las lecciones de esa experiencia”, remarcaron.
“El fortalecimiento de la autonomía constitucional del Banco Central, la prohibición del financiamiento directo al sector público y a la banca de fomento, la eliminación de regímenes de tipos de cambio múltiples, así como la adopción del régimen de metas explícitas de inflación, constituyen respuestas institucionales diseñadas precisamente para preservar la estabilidad monetaria y evitar la repetición de episodios inflacionarios como los del pasado”, acotaron.

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Independencia y despegue
Los años 90 sirvieron para abrirle las puertas al control independiente de la política monetaria. En 1993, el artículo 84 de la Constitución consolidó ese giro al avalar la autonomía del BCRP.
“Asimismo, prohibió de forma expresa que el BCRP otorgue financiamiento al erario público. Este blindaje constitucional eliminó la discrecionalidad política en la conducción de la política monetaria y sentó las bases institucionales para una estabilidad macroeconómica sostenida”, recordaron desde el banco.
Claudia Sícoli, directora de la carrera de Economía y Negocios Internacionales de la Universidad Peruana de Ciencias Aplicadas (UPC), explicó la relevancia de este ajuste.
“El establecimiento de la autonomía del BCRP en la Constitución implicó un cambio sustancial en su rol. [...] La experiencia de países vecinos muestra que, si el banco principal no cuenta con autonomía, hay una marcada tendencia a que este financie los requerimientos de los gobiernos centrales y emita dinero en cantidades superiores a las que necesita la economía. Aquello genera una inestabilidad de precios”.
Coincidió Guillermo Dulanto, profesor de Economía de la Universidad de Piura (Udep).
“La prohibición de financiamiento al Tesoro Público, el establecimiento de un solo objetivo: preservar la estabilidad de la moneda nacional, y la promulgación de una Ley Orgánica que elige al directorio basado en consensos políticos han permitido que el BCRP se convierta en el ancla que conserva a la economía peruana en crecimiento, a pesar de las tormentas políticas. Así, su esquema de metas de inflación mantiene estable, y sobre todo predecible, el nivel de precios de los bienes y servicios”.
Poco después, en 1994, el ente reforzó su credibilidad con el anuncio de rangos objetivo decrecientes para la tasa de inflación anual y, en 1997, la inflación cayó a un solo dígito por primera vez, el más bajo desde 1972.
Con la llegada del nuevo siglo, el país comenzó a destacar entre las economías latinoamericanas. En 2002, el banco reforzó ese rumbo al adoptar una tasa de interés de referencia como herramienta para guiar las expectativas de los agentes económicos.
“Con esta decisión, el Perú se convirtió en la primera economía del mundo en adoptar un esquema de metas de inflación para anclar expectativas en un contexto de inflación negativa; el segundo caso sería Japón una década después, en 2012. Asimismo, el Perú fue la primera economía dolarizada de la región en implementar este innovador marco de política monetaria”, sostuvo el BCRP.

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Ancla de confianza
Si bien “la credibilidad del BCRP durante episodios de alta volatilidad no se construyó en crisis, sino antes de ella” —como precisó la propia entidad—, hay una figura que la potencia: Julio Velarde, a la cabeza desde 2006.
Su liderazgo y su enfoque técnico prudente son famosos en los círculos financieros internacionales. Luis Oganes, managing director y head of Global Macro Research en JP Morgan, lo resaltó en una intervención anterior: “Hemos tenido un elemento de suerte. Eso es algo bastante único a nivel de economías emergentes. Muchos inversionistas extranjeros ven a Julio Velarde y a la propia entidad como la institución ancla de la credibilidad económica del país. Nadie se entera de quién es el ministro de Economía de turno porque cambia demasiado”.
Sícoli también se sumó a esta perspectiva: “Julio Velarde ha demostrado una solvencia profesional y una eficiencia funcional que le ha permitido contar con la confianza del Poder Ejecutivo y del Congreso durante los años en que ha ejercido la presidencia del directorio del BCRP. Además, ha logrado la implementación de una política monetaria que ha permitido lograr la estabilidad de los precios durante casi dos décadas, lo que explica su continuidad en el cargo”.
Dulanto, por su parte, enumeró los resultados que testimonian la clarividencia del banquero.
“La permanencia de Julio Velarde al frente del BCRP no es solo un récord de longevidad institucional, sino que para muchos es el factor clave de la estabilidad económica de los últimos años. Entre sus principales acciones se destacan la defensa irrestricta de la autonomía institucional; el cumplimiento de la meta explícita de inflación, entre 1% y 3% anual; la ‘desdolarización’ de la economía; el mantenimiento de un nivel alto de Reservas Internacionales Netas (RIN); la política monetaria bastante neutra; y la continuidad de una plana de funcionarios de alto nivel, seleccionados a través de los cursos de Extensión de BCRP”.
Por todo ello, en momento de turbulencia global, como la crisis financiera de 2008 y la pandemia a causa de la COVID-19, el Perú contó con un margen de acción que hoy el BCRP resume en un enunciado: “Los bancos centrales independientes son los que mejor cumplen su propósito de mantener la estabilidad de sus monedas”.

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- El dato:
La huella del BCRP también se extiende hasta la cultura: su museo y su programa numismático —que emite monedas conmemorativas y de colección— han ganado reconocimiento dentro y fuera del país.

Redactora de Economía en diario Gestión. Periodista piurana con seis años de experiencia profesional en el rubro.









