
Los jóvenes peruanos continúan enfrentando dificultades para ingresar al mercado laboral. Un informe de la Organización Internacional del Trabajo (OIT) advierte que Perú se encuentra entre los 18 países donde el desempleo juvenil alcanzó un máximo en casi 10 años.
El informe Global Employment Trends for Youth indica que, al cierre del 2025, la tasa de desempleo de los jóvenes en Perú se ubicó en alrededor de 9%, el nivel más alto desde 2016, sin contar el periodo de la pandemia.
La diferencia frente a los trabajadores de mayor edad es significativa. La cantidad de jóvenes desempleados resulta el doble de la registrada por aquellos peruanos entre 25 a 54 años, quienes tienen una tasa de cerca del 4%.
Este deterioro también se observa al analizar un grupo más amplio. De acuerdo con la OIT, la tasa de desocupación de jóvenes de 15 a 24 años en Perú pasó de 10.9% en 2024 a 11.8% en 2025, superando el promedio de Latinoamérica.

¿Por qué se estanca el empleo para jóvenes?
Solo el año pasado los jóvenes perdieron casi 110,000 puestos de trabajo, estimó Paola Cotrina, especialista de Horizonte Laboral. El problema no se limita a la cantidad de empleos disponibles, sino a las condiciones bajo las cuales los jóvenes intentan ingresar al mercado.
“Sin experiencia no puede haber empleo formal, pero la experiencia solo se adquiere empleándose. En nuestras investigaciones vemos que el tiempo promedio para el primer empleo formal es 4.6 meses, y que esta tasa baja a 0.8 cuando hay experiencia previa”, comentó a Gestión.
A esta barrera, señaló, se suma el costo que enfrenta el empleador al contratar a una persona sin experiencia. Esto tendría mayor peso en las micro y pequeñas empresas, que constituyen la mayor parte del sector empresarial peruano.
El problema termina derivando en una mayor informalidad. De acuerdo con las cifras de Horizonte Laboral, el 73% de los jóvenes de 18 a 29 años trabaja en condición de informal.
Además, el problema no termina cuando el joven encuentra un puesto de trabajo pues, indicó Cotrina, el 70% de los contratos formales son temporales. Esto desincentiva tanto a las empresas como a los empleados a invertir a largo plazo en capacitación.

Impacto en la productividad
Contrina resalta que esta dificultad para acceder al primer empleo impide que los jóvenes acumulen competencias, lo cual “deprime de alguna forma la productividad del país”. De hecho, las estimaciones de la OIT indican que Perú tiene uno de los peores niveles de productividad en América Latina.
Al 2025, la productividad en Perú apenas ascendió a US$ 30,212 por trabajador, un valor que representa menos de la mitad de la productividad por trabajador de Chile y Argentina.
Si bien se logró una mejora en el último año, un análisis de ComexPerú advierte que la productividad total de los factores -que mide la eficiencia en el uso conjunto del trabajo y el capital- ha sido principalmente negativa desde 2011.
“Este mejor resultado que se ha registrado no debería confundirse con un cambio en la tendencia estructural. Si vemos los valores en los últimos 10 años, tenemos prácticamente una década perdida en términos de productividad”, afirmó Rafael Zacnich, Gerente de Estudios Económicos de ComexPerú.

Actualmente el país se ubica, a nivel de productividad, en el puesto 24 de 31 economías evaluadas en la región. Esto es crítico teniendo en cuenta que otro estudio del Banco Interamericano de Desarrollo (BID) alertó que ahora América Latina requiere cuatro trabajadores para producir lo mismo que un estadounidense debido a las políticas laborales y sistemas de protección social que desincentivan la creación de más empleo formal.
En ese sentido, Zacnich resaltó que la baja productividad laboral reduce el margen que tienen las empresas para asumir mayores costos laborales, es decir, para contratar nuevos trabajadores.
“La productividad laboral de alguna manera refleja cuánto valor te genera en promedio cada trabajador. Si ese valor es muy poco, también desafortunadamente se limita o se reduce el margen de las empresas para asumir mayores contraprestaciones, mayores salarios”, explicó.
De esta manera se mantiene el círculo pues, si una empresa enfrenta baja productividad y costos elevados de contratación, se vuelve más selectiva al incorporar trabajadores formales, dejando de lado a los jóvenes que parten con menor experiencia.
“El joven tiene una desventaja porque normalmente la lógica te lleva a pensar que posee menos experiencia y que todavía necesita desarrollar habilidades específicas dentro del puesto de trabajo que se requiere. Es decir, su productividad inicial suele ser menor, mientras que los costos legales de contratarlo no necesariamente lo son”, sostuvo.
Cabe indicar que, según el análisis de ComexPerú, los costos laborales no salariales superan el 70% en el país, frente a un promedio regional de poco más de 50%.
Ante ello, estiman, el subempleo -que implica que el trabajador gana menos del salario promedio o labora por menos horas- llegó a representar casi 60% del empleo de los jóvenes durante 2025.

Brecha entre estudios y demanda del mercado
Zacnich, de ComexPerú, agregó que también existe un problema de conexión entre la formación que reciben los jóvenes y lo que demanda el mercado laboral.
Según explicó, siete de cada 10 jóvenes con una carrera técnica o universitaria trabajan en una actividad diferente a la que estudiaron.
A su vez, Cotrina también identifica esta desconexión como uno de los factores que afectan la productividad. En ese sentido, recordó que el Marco Nacional de Cualificaciones no ha emitido directrices en los últimos cinco o seis años, lo que contribuye a que la oferta formativa no esté conectada con la demanda del mercado.
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¿Qué se puede hacer?
Para la especialista de Horizonte Laboral, una de las medidas para facilitar el ingreso de los jóvenes al mercado laboral sería establecer un esquema de formación dual que combine empleo remunerado, aprendizaje en el puesto y certificación, similar a lo que se ve en el Servicio Nacional de Adiestramiento en Trabajo Industrial (Senati).
Asimismo, plantea reincorporar a las empresas medianas dentro de los beneficios previstos para las micro y pequeñas empresas, así como establecer requisitos administrativos proporcionales al tamaño de cada negocio.
Para sostener la productividad una vez que los trabajadores ingresan al mercado, Cotrina consideró que debería flexibilizarse la deducibilidad tributaria de los gastos de capacitación, de modo que las empresas tengan mayores incentivos para invertir en sus trabajadores.

Licenciada en Ciencias de la Comunicación por la Universidad de San Martín de Porres con experiencia en radio, tv, redes sociales y medios impresos. Escribo y hablo sobre economía y finanzas desde el 2020.







