
La falta de conexión entre lo que enseñan algunas universidades e institutos y lo que realmente demanda el mercado laboral tendría un elevado costo para el Perú.
Bajo ese escenario, el estudio estima que el Perú podría estar destinando alrededor de S/ 8,000 millones al año a formar talento con bajo retorno económico, debido a que una parte de los egresados no logra insertarse en ocupaciones alineadas con la demanda laboral de sus territorios. ¿Cómo se calcula este monto?
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¿Qué considera el monto estimado?
Como parte de los supuestos utilizados para la proyección, Horizonte Laboral considera que entre 275,000 y 315,000 jóvenes culminan estudios superiores cada año y que entre 240,000 y 300,000 se incorporan posteriormente al mercado laboral.
Sobre ese universo, el estudio plantea un escenario en el que al menos 100,000 egresados presentan una baja alineación entre la carrera que estudiaron y la demanda laboral de sus regiones.
Asimismo, toma como referencia una inversión promedio de S/ 80,000 por estudiante, monto que comprende tanto el financiamiento público destinado a la educación superior como el gasto que realizan las familias para costear la formación.
El informe considera que esa inversión tiene un bajo retorno económico cuando los egresados no logran desempeñarse en ocupaciones relacionadas con su formación o terminan subempleados, por lo que el país no obtiene la productividad esperada de esos recursos. Con esos elementos, estima un costo potencial de S/ 8,000 millones anuales.

Una brecha que afecta la productividad
Para Horizonte Laboral, la desalineación entre la oferta educativa y la demanda laboral no solo representa un problema para quienes buscan empleo, sino también para el desempeño de la economía.
El informe sostiene que cuando una parte de los jóvenes no logra insertarse en ocupaciones acordes con su formación, la inversión realizada en educación pierde capacidad de generar productividad, innovación y crecimiento.
Como parte de ese contexto, el estudio recuerda que en 2025 el Perú registró 1.7 millones de jóvenes subempleados, equivalente al 43.5% de la Población Económicamente Activa (PEA) juvenil, según datos del INEI recopilados por Horizonte Laboral.

Para la institución, esta cifra evidencia las dificultades que enfrenta una parte importante de la población joven para acceder a empleos acordes con sus capacidades y formación.
“La inversión existe, pero muchos jóvenes no logran incorporarse al mercado laboral para el que se prepararon. Como país estamos destinando recursos públicos y privados a una formación que no está generando toda la productividad que podría”, sostuvo la presidenta del Consejo Directivo de Horizonte Laboral, Mayén Ugarte.
Según el informe, las consecuencias van más allá del subempleo e incluyen menor productividad empresarial, menor innovación regional, pérdida de competitividad, migración de talento joven, menor consumo futuro y una reducción en la capacidad de crecimiento económico del país.
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Lo que hoy demanda el mercado
Con base en la Encuesta de Demanda Ocupacional (EDO) del Ministerio de Trabajo y Promoción del Empleo (MTPE), el informe señala que las empresas proyectan una creciente necesidad de técnicos mecánicos, operadores logísticos, trabajadores agrícolas especializados, personal de soporte técnico, vendedores especializados y perfiles vinculados a servicios empresariales.
Sin embargo, la oferta educativa regional continúa concentrándose en carreras tradicionales con menor vinculación a las necesidades productivas de cada territorio.
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Economías regionales distintas
El informe sostiene que el sistema educativo mantiene una lógica homogénea, pese a que las economías regionales tienen demandas muy diferentes.
Como ejemplo, señala que Arequipa requiere perfiles vinculados a minería, automatización y manufactura avanzada, mientras que regiones como Huánuco necesitan profesionales asociados a agroindustria, logística rural y transformación productiva.
No obstante, buena parte de los jóvenes continúa optando por carreras que no responden a esas cadenas productivas.
Ugarte añadió que una situación similar ocurre con las carreras STEM (Ciencia, Tecnología, Ingeniería y Matemáticas) y otros perfiles tecnológicos, donde las empresas reportan dificultades para cubrir vacantes especializadas pese a la existencia de miles de egresados en otras áreas.

Más información para orientar las decisiones
Para la especialista, uno de los principales problemas es que la información sobre demanda laboral y empleabilidad existe, pero no llega de manera efectiva a quienes deben tomar decisiones.
Explicó que el Estado peruano dispone de herramientas que muestran cuáles son las carreras más demandadas y mejor remuneradas, así como indicadores de empleabilidad.
Sin embargo, esa información permanece dispersa y no necesariamente logra influir suficientemente en la elección de los estudiantes ni en la planificación de las universidades.
“El mercado por sí solo no está corrigiendo esta falla. Se necesita una política pública mucho más fuerte de información para que los jóvenes conozcan qué carreras tienen mejores perspectivas laborales y para que las universidades adapten progresivamente su oferta”, afirmó.
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El reto para universidades y Estado
Ugarte sostuvo que, en el caso de las universidades públicas, el Estado debería definir con mayor claridad qué carreras requieren ser fortalecidas de acuerdo con las necesidades productivas del país.
En el ámbito privado, consideró que la competencia debe estar acompañada por información transparente sobre empleabilidad y demanda laboral, de modo que sean los propios postulantes quienes orienten sus decisiones hacia las carreras con mayores oportunidades.
Asimismo, señaló que fortalecer el Marco Nacional de Cualificaciones y mejorar la articulación entre el Ministerio de Educación y el Ministerio de Trabajo permitiría acercar la formación superior a las necesidades reales del mercado laboral.

Abogado especialista encargado de Enfoque Legal en Diario Gestión - Actualmente, ocupa la posición de analista legal en el área de Economía en el Diario Gestión.







