
Las grandes empresas son el principal motor de la economía peruana: explican cerca del 80% del Producto Bruto Interno (PBI), el 80% de la recaudación tributaria y el 60% del empleo formal. Ese peso económico viene acompañado de una responsabilidad que varios CEO ya internalizaron: la empresa no opera en el vacío. Cada decisión de inversión, cada política de personal y cada modelo de relacionamiento con el territorio impacta en el bienestar de las personas que hacen posible ese resultado.
Entonces, la pregunta clave deja de ser si el impacto existe, sino si lo estamos midiendo bien. Según último sondeo de Apoyo Consultoría, el 52% de las empresas reconoce dificultades para demostrar su impacto real. Más de la mitad de las empresas corre el riesgo de no saber qué cambios está generando, qué aspectos de sus operaciones deben mejorar, o si se están atendiendo las brechas prioritarias de forma estratégica
Las empresas que están fortaleciendo su presencia en su entorno comparten un rasgo: miden. Un holding financiero adopta una mirada integral para lo cual utiliza datos sobre inclusión financiera, educación y salud para diseñar mejor sus programas. Varias mineras y agroexportadoras realizan censos a sus trabajadores para medir brechas antes de decidir qué tipo de programas ofrecerles.
La pregunta que se hacen es: ¿en qué dimensión del bienestar de nuestra gente tenemos las mayores brechas y qué podemos mover?
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Una brújula para medir lo que el salario no ve
Un índice de bienestar multidimensional —como el que construyó Apoyo Consultoría a partir de la Encuesta Nacional de Hogares (ENAHO)— no mide cuánto gana un trabajador, sino en qué condiciones vive y qué tan bien está cubierto en las dimensiones que determinan el bienestar.
El instrumento agrega más de 20 indicadores en tres dimensiones: necesidades básicas (nutrición, agua, vivienda), fundamentos del bienestar (educación básica, salud, internet) y oportunidades (calidad del empleo, educación superior, bancarización).
¿Qué nos dice este índice acerca del trabajador peruano entre 2021 y 2025? El índice nacional pasa de 60 a 63 puntos sobre 100. Intuitivamente, el trabajador peruano típico cubre 6 de cada 10 condiciones de bienestar.

Sin embargo, detrás de este promedio hay diferencias relevantes. Los trabajadores del sector agrario tradicional tienen niveles de bienestar significativamente menores a los de servicios.
Asimismo, hay avances reales y retrocesos que preocupan. Los mayores avances ocurrieron en acceso a servicios de salud, digitalización y bancarización. Los retrocesos más graves están en la confianza institucional —que colapsa— y en la calidad del agua, la dieta y el logro educativo de los hijos.

Lo que uno aprende cuando mira con este lente
El índice construido permite identificar no solamente qué indicadores han progresado más o menos, sino también caracterizar qué grupos de la población están más desarrollados o rezagados.
Al respecto, el hallazgo más robusto del índice es la brecha que separa al trabajador formal del informal. En promedio, en todos los sectores, el bienestar de los hogares cuyo jefe de hogar es trabajador formal supera al del informal en casi 8 puntos. La diferencia es más marcada en el agro, donde el hogar del trabajador formal supera a su par informal en 13 puntos.
Detrás de ese número hay una historia concreta: los hogares de los trabajadores agro-formales naturalmente tienen mayor acceso a pensiones y a cuentas bancarias, pero también a agua y saneamiento (36% vs. 6%) y a combustible limpio dentro del hogar (79% vs. 37%).
La diferencia formal-informal es semejante en distintos tamaños de empresa, lo que sugiere que la palanca es la capacidad de absorber y generar puestos de trabajo formales. Esto tiene implicancias concretas para las políticas de cadena de suministro de grandes empresas.
Incluso en los trabajadores formales, se aprecian retos heterogéneos por sector económico. Al comparar el agro y la minería formal, por ejemplo, ambos tienen índices idénticos (66 puntos, por encima del promedio total), pero los datos revelan perfiles distintos de sus trabajadores.
Una empresa minera que quiera invertir en el bienestar de su gente no debería replicar los programas de una agroexportadora, ni viceversa. Esta distinción es exactamente la que hace valiosa una mirada multidimensional.
Las empresas que hoy miden el bienestar de sus trabajadores con una mirada integral —que cruza dimensiones y detecta dónde están las brechas más grandes— están construyendo ventaja competitiva: mejor retención de talento, mejor relación con el territorio, mejor anticipación de riesgos sociales y menor rotación en zonas donde reclutar es costoso.
La información también permite priorizar: no todas las dimensiones tienen el mismo margen de mejora ni el mismo costo de intervención. Sin un diagnóstico de este tipo, las decisiones de inversión social son inevitablemente arbitrarias, y el impacto, difícil de demostrar.

“Medir el impacto ya no es opcional”
Por José Carlos Saavedra, socio y economista principal de Apoyo Consultoría

El Perú atraviesa un momento de alta polarización política y desconfianza institucional. La población tiene muy bajos niveles de confianza hacia el Poder Judicial, la Policía, los partidos políticos y el Gobierno en general. En ese contexto hay una excepción notable: el empleador. Según el Edelman Trust Barometer 2026, ‘mi empleador’ es la institución de mayor confianza en el Perú, con 76%.
Ese capital de confianza es un activo, pero frágil. Se construye despacio y se pierde rápido. En un entorno de riesgo regulatorio creciente, la empresa que puede demostrar con evidencia que el bienestar de sus trabajadores es alto y mejora año a año tiene un argumento de legitimidad poderoso. Gestionar ese impacto requiere medirlo con rigor, no solo reportar el gasto en intervenciones o número de beneficiarios.
La pregunta relevante para un CEO no es cuánto se invierte en bienestar, sino en qué dimensión se están cerrando brechas y en cuál se está retrocediendo. Esa pregunta tiene respuesta, pero solo si uno se da el trabajo de medirla. La empresa que mide, focaliza y demuestra impacto tiene una ventaja que no aparece en el balance, pero que se nota en el territorio.








