
A pesar de los desafíos originados por el conflicto entre Estados Unidos e Irán, el 2026 viene siendo un año bastante positivo para los mercados de acciones. La bolsa estadounidense (S&P500) viene rindiendo de +8% hasta mediados de mayo, mientras que los índices de países emergentes han superado el 18% en el mismo periodo.
El impulso proviene de los sólidos resultados de las empresas tecnológicas a nivel global y de las expectativas en torno a las inversiones en infraestructura y hardware para el desarrollo de inteligencia artificial, con impacto en los precios de los commodities a largo plazo.
Por supuesto, la coyuntura en Medio Oriente ha tenido impacto sobre algunos activos. El petróleo continúa cotizando entre US$95 y US$110 por barril, es decir, acumula un incremento de entre 65% y 85% en lo que va del 2026, generando un alza en la inflación de corto plazo y en la flexibilidad de la Reserva Federal (Fed) para continuar con el ciclo de recorte de tasas de interés.
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En paralelo, el bono del Tesoro estadounidense a 10 años muestra una tasa superior al 4.6%, alrededor de 50 puntos básicos más que lo observado a fines del año pasado. Sin duda, un nivel de tasas que no es cómodo para el mundo corporativo, ya que incrementa la incertidumbre respecto a las condiciones financieras para el resto del 2026.
Por lo observado en las últimas semanas, los inversionistas consideran que los altos precios del petróleo serán temporales. La curva de futuros del petróleo Brent indica que el precio por barril bajará paulatinamente a lo largo del año, acercándose a los US$80 para el primer trimestre del 2027. Sin embargo, la caída no sería inmediata, ya que, incluso si hoy se firmara la paz, tomarían varios meses para normalizar la producción y distribución de petróleo en las zonas aledañas al Estrecho de Ormuz.
De hecho, tanto la curva de futuros del Brent como las conclusiones de diversos bancos de inversión estadounidenses indican que los precios no volverían a los niveles previos al conflicto —entre US$ 60 y US$ 70 por barril—. Y todo esto a pesar de que el balance de oferta y demanda del crudo es superavitario; es decir, existe capacidad excedente suficiente para cubrir las necesidades del mundo a precios superiores a los $70 por barril.
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Las razones detrás de ello responden a la búsqueda de mayor seguridad energética, al reconocimiento de que existen más fuentes de conflicto que pueden influir en las cadenas de distribución en el futuro, y a la creciente incertidumbre respecto a la intensidad de las tensiones entre los grandes bloques económicos.
Existen incentivos claros para que el conflicto se resuelva. Por un lado, por el costo humano y la tranquilidad de la propia Irán y de los países de esta zona geográfica. Por otro lado, la tolerancia del consumidor estadounidense. Históricamente, precios de gasolina por encima de US$ 4 por galón solo se han observado en periodos que antecedieron recesiones económicas.
Con las elecciones de noviembre —tanto para el Senado como para la Cámara de Representantes en Estados Unidos—, se puede prever que el gobierno de Donald Trump buscará resolver la situación en Ormuz, y así consolidar su visión de que la economía americana es, y continuará siendo, la más segura y confiable para invertir.

Graduado en Administración de Empresas y Contabilidad de la U. del Pacífico, con un MBA de Columbia Business School. En AFP Integra se ha desempeñado como Portfolio Manager de Renta Variable, estratega de Inversiones, gerente de Inversiones de Renta Variable, gerente de Inversiones Top Down y actualmente como vicepresidente de Inversiones.








