Vanessa Siragusa visita Sicilia todos los años para ver a su familia. Su padre llegó al Perú trabajando para el Banco de Crédito Italiano y ella creció rodeada de cocina casera. “Desde chiquita me daban masa de pasta para entretenerme y me encantaba”, recuerda.
Vanessa Siragusa visita Sicilia todos los años para ver a su familia. Su padre llegó al Perú trabajando para el Banco de Crédito Italiano y ella creció rodeada de cocina casera. “Desde chiquita me daban masa de pasta para entretenerme y me encantaba”, recuerda.

En 2007, Vanessa Siragusa y su esposo, Gustavo Michelsen, luchaban por abrir el primer local de Danica, que finalmente vio la luz en San Isidro. “Mi esposo iba en las noches y, con un encendedor, se sentaba a dibujar cómo imaginaba el lugar: cómo se vería, qué tendría”, recuerda Vanessa. “Éramos jóvenes, no teníamos capital para invertir, pero igual nos arriesgamos”.

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