
Somos uno de los primeros países de la región en experimentar un proceso electoral en este 2026. A los cambios observados en Argentina, Chile y Bolivia, se podrían sumar Perú (abril-junio), Colombia (mayo-junio) y Brasil (octubre). La posible “ola azul” —un retorno al poder de los partidos de derecha— podría restablecer un camino hacia el fortalecimiento del crecimiento de largo plazo en nuestros países.
La demanda por mejoras sociales sigue vigente en nuestra región, y la falta de claridad en las políticas públicas, así como el gasto excesivo en proyectos poco rentables y dañinos para las arcas fiscales, han minado la confianza en que el futuro puede ser considerablemente mejor en los próximos años. A pesar de ello, el entorno internacional nos favorece: los precios de los commodities se mantienen cerca de los highs históricos; los riesgos asociados a la guerra en Irán y Estados Unidos se están disipando —al menos en el corto plazo—; y los mercados financieros asimilan la existencia de mayores fuentes de volatilidad, en un contexto de una economía global que continúa en terreno positivo.

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Por su parte, los principales bancos americanos concluyen que es necesario evitar choques fuertes o prolongados que desvíen su economía y afecten el empleo. En el margen, lo importante para ellos es que el consumidor no se vea impactado de forma significativa, ya sea por (i) un aumento de la inflación como consecuencia del precio del petróleo y el conflicto en Irán, (ii) alguna disrupción en el empleo provocado por el uso de la inteligencia artificial o (iii) una paralización del flujo del crédito debido al riesgo asumido por fondos privados que proveen de financiamiento a empresas de software en Estados Unidos y Europa.
Así, el contexto global exige afrontar desafíos en la gestión de riesgos asociados a los “geopolítics”, los cambios derivados del avance de la inteligencia artificial y, al mismo tiempo, asegurar el acceso a energía de una manera eficaz y sostenible. La carrera electoral seguirá en curso durante las próximas seis semanas y, más allá de quienes compitan en esta etapa, lo cierto es que no podemos darnos el “lujo” de mantener la casi nula estabilidad necesaria para establecer políticas públicas que aprovechen realmente el ciclo económico y político que estamos viviendo.
En el mundo de los negocios, hoy es necesario incorporar más variables de riesgo al definir planes de mediano plazo. El tener cierta certeza sobre el rumbo del país ayudaría a mantener estas variable bajo control, fomentando la confianza, reduciendo los costos de financiamiento y promoviendo la asignación de más recursos para los sectores y zonas que más lo necesitan.
Las tareas de un gobierno abarcan diversas aristas; sin embargo, no debe subestimarse el daño que se le está haciendo a la mayoría de peruanos al no activar más motores de crecimiento. Estabilidad y mayor seguridad pueden sentar las bases para retomar el rumbo. De poco sirve que la política avance por su lado y la economía por otro. En 2025, el PBI creció 3.4% y la Bolsa de Valores de Lima (hoy Nuam Perú) subió 41%. Imagínese el potencial si se establece un mejor rumbo y orden en los próximos cinco años: un aumento de la inversión privada a doble digito y el despliegue de toda la caja que han acumulado los grupos económicos locales, que hoy esperan un mejor momento para invertir en proyectos rentables de largo plazo.

Graduado en Administración de Empresas y Contabilidad de la U. del Pacífico, con un MBA de Columbia Business School. En AFP Integra se ha desempeñado como Portfolio Manager de Renta Variable, estratega de Inversiones, gerente de Inversiones de Renta Variable, gerente de Inversiones Top Down y actualmente como vicepresidente de Inversiones.








