" En el Perú, además, existe una relación emocional con el dólar. Muchas personas creen que comprar divisas es una forma de protección automática", escribe Cristian Arens.| Crédito: Difusión
" En el Perú, además, existe una relación emocional con el dólar. Muchas personas creen que comprar divisas es una forma de protección automática", escribe Cristian Arens.| Crédito: Difusión

En el Perú, la economía rara vez camina sola: la política suele marcarle el paso. Cuando el escenario político se tensiona, la inversión se enfría. En las últimas semanas, el ha vuelto al centro de la conversación. Para , su movimiento se ha convertido en un termómetro de estabilidad. Cada salto en el tipo de cambio activa una alerta. Sin embargo, el dólar no es una causa aislada, sino el resultado de múltiples fuerzas que se superponen: inflación en Estados Unidos, y ruido político que impacta expectativas y flujos de capital.

Cuando el dólar sube con fuerza, suele reflejar búsqueda de refugio. Cuando retrocede, puede indicar mayor apetito por riesgo. El verdadero problema no es el dólar en sí, sino cómo reaccionan las personas frente a él. En contextos de volatilidad, el comportamiento promedio tiende a ser defensivo: se vende por miedo y se compra por euforia. En el Perú, además, existe una relación emocional con el dólar. Muchas personas creen que comprar divisas es una forma de protección automática frente a la incertidumbre. Pero no necesariamente equivale a . Yo no sugiero comprar ni vender dólares por especulación. Siempre he creído que lo más razonable es ahorrar en la moneda en la que uno gasta. La verdadera protección no está en acumular divisas, sino en construir inversiones sólidas y diversificadas.

De hecho, uno de los principales errores que cometen los inversionistas cuando el dólar sube es correr a comprarlo pensando que eso resolverá el riesgo. El problema es que muchas veces esa reacción llega tarde y responde más al miedo colectivo que a una estrategia financiera racional.

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Para invertir, muchos prefieren “esperar a que pase la tormenta”. El inconveniente es que los mercados financieros se anticipan. Cuando finalmente llega la claridad, buena parte del rebote ya ocurrió. La historia reciente lo demuestra. Durante la pandemia del COVID-19, el desplome inicial dio paso a una recuperación acelerada que sorprendió incluso a gestores experimentados. Quienes esperaron certeza perdieron la fase más rentable del ciclo.

En 2021 vivimos algo parecido. Cuando Pedro Castillo pasó a segunda vuelta y luego ganó la presidencia, el miedo dominó la conversación pública. Se hablaba constantemente de sacar dinero del país o prepararse para un escenario similar al de Venezuela. Hoy, viendo esos años en retrospectiva, queda claro que también hubo oportunidades. La (BVL) atravesó una recuperación importante y el mercado inmobiliario ofreció precios atractivos en ciertos segmentos. Aprender a invertir en incertidumbre también implica reconocer que los momentos de mayor tensión suelen abrir ventanas que pocos se atreven a aprovechar.

Los precios incorporan expectativas. Por eso, en escenarios de máxima tensión política o económica, los activos suelen transar con descuentos significativos. El mercado no celebra el caos; simplemente ajusta precios ante escenarios adversos. Ahora bien, reconocer que las crisis generan oportunidades también significa entender que el riesgo es parte estructural del retorno.

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Una buena forma de invertir en incertidumbre es hacerlo de manera escalonada. Esto consiste en invertir montos fijos de forma periódica, independientemente de si el mercado sube o baja. Esta disciplina elimina la presión de acertar el “momento perfecto” y permite promediar el precio de entrada a lo largo del tiempo.

En estas circunstancias también es importante priorizar liquidez. Mantener una parte del patrimonio en activos líquidos permite actuar cuando aparecen oportunidades y evita la necesidad de vender inversiones en el peor momento para cubrir contingencias. En términos simples, quien tiene liquidez tiene opciones; quien no la tiene, reacciona bajo presión.

La situación electoral en Perú

Hoy el Perú atraviesa un escenario de miedo moderado. No estamos frente a un pánico absoluto, pero sí ante un mercado expectante respecto a quién será el próximo presidente y cuáles serán las señales económicas de los próximos años. Esa cautela se refleja en las en el consumo y en la velocidad con la que las empresas ejecutan proyectos.

En este contexto, el inversionista peruano tiene el reto de gestionar el ruido político interno y, al mismo tiempo, comprender las dinámicas globales que influyen en su portafolio. Un portafolio excesivamente concentrado en una sola moneda o sector amplifica la vulnerabilidad. Por eso, es clave la diversificación.

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Alguna vez escuché decir a Warren Buffett: “Sé temeroso cuando otros son avariciosos y avaricioso cuando otros son temerosos”. Esa frase resume una actitud contracíclica que, aunque incómoda, suele ser rentable en el tiempo.

Los ciclos económicos nunca van a desaparecer. Se repiten con matices distintos. Lo que sí puede cambiar es la preparación del inversionista. Tener liquidez, una estrategia definida, disciplina para ejecutarla y capacidad de análisis para no dejarse arrastrar por el pánico colectivo son factores que marcan la diferencia entre preservar capital y hacerlo crecer.

*Cristian Arens es autor del libro ‘El Círculo de la Influencia’ y fundador de CIRCUM CORP.

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