
Pese a la ligera corrección a la baja en la cotización del oro en la última semana -en torno a US$ 4,650 por onza troy- su precio sigue 44% por encima del nivel de hace un año. La preocupación en el Perú es quién está aprovechando estos altos precios internacionales.
En el 2025, el Perú produjo 109.7 toneladas métricas finas (TMF) de oro, una variación de 0% si se compara con el 2024. Y, en el 2026, durante el verano, la producción sumó 24.8 TMF, inferior en 3.4% respecto a los primeros tres meses del año pasado, según cifras preliminares del Ministerio de Energía y Minas (Minem).
Es más, solo en marzo, la producción aurífera fue cerca de 8.5 TMF, una caída de 5.1% con respecto a las casi 9 TMF registradas en igual mes del 2025.
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Volumen exportado duplica el producido
Los resultados de la producción muestran un contraste cada vez más marcado con respecto a las cifras oficiales del volumen de exportación de ese mismo metal, y cuya explicación para los analistas es, en parte, el aumento de la minería informal e ilegal.
Según el Minem, el año pasado, el país envió al exterior 209 toneladas de oro, volumen que resulta en prácticamente 100 toneladas más, o el doble, de lo que produjo en ese mismo periodo. Esto ya se había visto también en el 2024.
Ahora, hasta el primer bimestre del 2026, ese nivel de contraste entre lo producido y lo exportado se mantiene. Entre enero y febrero de este año se reportó una producción de 16.23 TMF de oro (-2.0%), pero las exportaciones acumularon 33.42 TMF (por US$ 5,231 millones) en igual periodo, es decir un volumen que -como en los resultados anuales antes citados- sigue duplicando lo producido.

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Brecha ya venía desde el 2006
De acuerdo con un análisis que realizó la ONG CooperAccion, esta brecha entre ambos indicadores ha surgido en el Perú a partir del año 2006, con una caída constante en la producción formal, pero un mantenimiento del nivel exportado -con altibajos- cercano a las 200 toneladas anuales en los últimos 18 años.
El estudio detalla que se pasó de una diferencia (entre producción y exportación) de 4.8 toneladas enviadas al exterior en el año 2006 a una brecha de 100 toneladas en el 2025, como se muestra en el siguiente gráfico.

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Operaciones sospechosas se multiplican
Esto va en línea con que recientemente el Instituto Peruano de Economía (IPE) informó que los reportes de operaciones sospechosas (ROS) vinculados a la minería ilegal, elaborados por la Unidad de Inteligencia Financiera de la Superintendencia de Banca, Seguros y AFP (SBS), alcanzaron US$ 6,036 millones en 2025, más de 4 veces el valor en 2024 (US$ 1,407 millones).
Refiere que entre los años 2016 y 2025, este monto se multiplicó por 8, frente a un incremento de solo 3 veces en el resto de ROS vinculados a otros delitos.
Es más, subraya que el avance de la minería ilegal afecta inversiones mineras formales por más de US$ 12 mil millones (Conga y Michiquillay en Cajamarca, Los Chancas y Haquira en Apurímac) y ha deteriorado la competitividad del país.
En este contexto, las perspectivas del cierre de la brecha entre exportación y producción, según el análisis del IPE, parecen estar lejos de cerrarse, sino todo lo contrario, a juzgar por los planes de gobierno de los candidatos a segunda vuelta.
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Perspectiva poco optimista
Marcial García Schreck, socio de impuestos de EY Perú, coincidió que, en nuestro país, cada vez se ve menos actividad formal, debido a que las minas cada vez producen menos y no se han desarrollado nuevos proyectos en la última década, mientras -a la par- aumenta la producción informal y la ilegal.
La perspectiva, anotó, es que la brecha entre producción y exportación de origen dudoso se siga ampliando dado que no hay nuevos proyectos auríferos en marcha y no solo crece la minería ilegal, sino que se plantea reducir el plazo de caducidad para concesiones, lo cual, remarca, sería declarar sentencia de muerte al sector formal.
A esto le sumó que hay propuestas electorales que preocupan. Por ejemplo, desde Juntos por el Perú se está proponiendo incrementar en 40% los ingresos fiscales por la explotación de la minería formal, o un impuesto a las sobre ganancias, lo cual -consideró el analista- es una propuesta totalmente populista.
Esa iniciativa desconoce que ya el Impuesto Especial a la Minería, vigente desde el 2011, grava las sobre ganancias en forma progresiva conforme aumenta la cotización de los minerales, y hoy es el que explica los récords en recaudación, sentenció.
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Comunicador social. Estudió en la Escuela de Comunicación Social de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos, e Inglés en la PUCP. Diplomado en Economía y Finanzas en la Universidad de Esan. Labora actualmente como analista económico especializado en industrias extractivas, energía y transportes en el diario Gestión.







