
Continúan los riesgos para el agro. El Perú redujo sus importaciones de fertilizantes durante el primer trimestre, en medio de un alza de precios del insumo, que llegó a duplicarse en los últimos meses debido al conflicto en Medio Oriente.
Los datos del Ministerio de Comercio Exterior y Turismo (Mincetur) indican que las compras de fertilizantes sumaron solo US$ 141 millones entre enero y marzo, lo que significó una caída de 12% en valor y 19% en volumen ante una menor adquisición de urea, fosfato diamónico y nitrato de potasio.
Solo en el caso de la urea -uno de los insumos más utilizados por los agricultores- este verano se observó una caída de 14.8% en el valor importado y de 22.5% en volumen. Estas menores adquisiciones de los productores peruanos resultan preocupantes pues, según el Ministerio de Desarrollo Agrario y Riego (Midagri), cerca del 90% de los fertilizantes nitrogenados que se utilizan en el Perú provienen del extranjero.

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Alza de precios golpea al agro
De acuerdo con los especialistas consultados por Gestión, la principal explicación para estas menores compras de fertilizantes es el incremento de precios. Durante esos meses las tensiones en Medio Oriente llevaron a que la cotización de la urea subiera más de 70%, pasando de US$ 415 por tonelada métrica en enero a US$ 725 en marzo, de acuerdo con los datos del Pink Sheet del World Bank.
Incluso en abril el precio de la urea llegó a duplicar el monto de inicios de año al subir a US$ 857 por tonelada, su mayor precio desde 2022. Aunque en mayo comenzó a moderarse, la cotización sigue por encima del promedio registrado antes.
Según explicó Macroconsult, estas constantes alzas se producen debido a que cerca de un tercio del comercio mundial marítimo de fertilizantes pasa por el estrecho de Ormuz, ruta afectada por el conflicto geopolítico. A esto se suma el hecho de que la guerra ha limitado el suministro de gas natural, insumo clave para la producción de fertilizantes nitrogenados.
De esta manera, la reducción de importaciones genera una mayor incertidumbre para el agro peruano, que es fuertemente dependiente de los fertilizantes importados.
“El Perú presenta una alta dependencia de fertilizantes importados, lo que lo hace especialmente vulnerable a choques externos de precios. La oferta nacional proviene prácticamente en su totalidad de importaciones. Esta dependencia es relevante dado el uso extendido de estos insumos en la actividad agrícola. De acuerdo con la Encuesta Nacional Agropecuaria (ENA), el 71.1% de los productores utilizó agroquímicos en 2024”, indicó Macroconsult.
Asimismo, se advierte que el impacto sobre los precios de los fertilizantes podría continuar incluso luego de la reapertura del estrecho de Ormuz y la normalización de la oferta de gas natural podría tomar hasta dos años, afectando el precio de la urea por varias temporadas agrícolas.
En este contexto, el encarecimiento de los fertilizantes podría terminar afectando negativamente el rendimiento del agro. De hecho, el encarecimiento de la urea puede elevar hasta en 20% el costo de producción de cerca de un millón y medio de agricultores, precisó Giacomo Puccio, economista de la Red de Estudios para el Desarrollo (REDES).
“Muchas veces estos son pequeños agricultores que no necesariamente pueden trasladar directamente el costo a los precios, entonces tienen que elegir entre ganar menos o producir menos. A veces intentan distribuir ma urea más mesuradamente, lo cual termina afectando el rendimiento de las cosechas”, comentó a Gestión.

Está situación, explicó Puccio, puede llevar a que eventualmente se reduzca el stock de alguno productos básicos, como por ejemplo, la papa o el maíz, que dependen mucho de fertilizantes como la urea.
Además de la papa y el maíz, otros productos que podría verse afectados por el menor uso de urea serían el arroz, la caña de azúcar, el café, la cebolla y plátano, indicó Elliot Arteaga, profesor del Instituto de Desarrollo Económico de ESAN.
Teniendo en cuenta la naturaleza de estos cultivos, se estimaría que algunos efectos podrían empezar a observarse hacia la segunda mitad del año, conforme avancen las campañas agrícolas.
“Va a depender mucho del ciclo del cultivo. Por ejemplo, la papa y la cebolla son cultivos de unos 5 meses, dependiendo la dependiendo la zona, y en el maíz, estamos hablando de 4 meses. Probablemente los cultivos más afectados van a ser ellos al principio. Felizmente son cultivos elásticos, se puede reemplazar, por otros”, señaló.
Algunos indicadores ya empiezan a generar preocupación. Según el último reporte del Instituto Nacional de Estadística e Informática (INEI), la producción agrícola registró una caída de alrededor de 2% en marzo.
Para Puccio, todavía es difícil atribuir directamente esa caída al costo de fertilizantes, ya que también hubo factores climáticos y mayores costos de transporte. Sin embargo, considera que el impacto podría comenzar a verse progresivamente en los próximos meses.
Además del mercado local, el problema también amenaza a la agroexportación. Cultivos como los arándanos, paltas o uvas dependen en mayor medida de fertilizantes como el nitrato de potasio, cuyos precios también han mostrado presiones.
“Las agroexportadoras venden a precios fijados por el mercado internacional, entonces no necesariamente pueden trasladar el aumento de costos. Ahí probablemente van a enfrentar algunas pérdidas porque su costo de producción sí está aumentando”, explicó Puccio.
Ante este problema, los especialistas apuntan a que empieza a observarse un reemplazo parcial de algunos fertilizantes por otros más accesibles, como el nitrato de amonio. De acuerdo con las cifras de Mincetur, las importaciones de nitrato de amonio crecieron fuertemente durante el verano, tanto en valor como en volumen.
¿Otros factores?
Aunque la situación recuerda parcialmente lo ocurrido hace cuatro años, cuando la guerra entre Rusia y Ucrania disparó los precios de los fertilizantes a niveles históricos, la caída en las importaciones no responde únicamente al encarecimiento de los productos, señaló Arteaga.
Estas menores compras, explicó, también podrían estar influenciadas por un ajuste de inventarios realizado por empresas que aprovecharon la normalización de precios entre 2024 y 2025.
“Muchas empresas, debido a la crisis previa que habían pasado, habían dosificado sus compras o habían hecho compras un poco más grandes para poder solventar algunas crisis como las que ahorita estamos viviendo”, explicó.
Sin embargo, la situación no es igual que los pequeños agricultores, que no cuentan con capacidad financiera para acumular stocks de fertilizantes.
A ello se suman otros factores como la incertidumbre por un nuevo Fenómeno El Niño. Los especialistas advierten que, si el aumento de costos coincide con mayores alteraciones climáticas, el impacto podría agravarse durante la siguiente campaña agrícola.
“Si se mezclan ambos factores, sí podría haber más presión al alza de los precios. El problema es que los cambios de temperatura ya afectan la producción agrícola incluso sin inundaciones”, indicó Puccio.
Frente a este escenario aún quedan dudas sobre si se repetirá una posible crisis como la ocurrida en el 2022, cuando se inició una escalada de precios que impactó en la inflación y evidenció una ineficiencia del Estado para lograr la compra de fertilizantes de emergencia para pequeños productores. Pese a lo vivido, no se avanzó en una estrategia de largo plazo.
Por ello, Arteaga consideró que el próximo gobierno debería plantear una política de reservas estratégicas de fertilizantes para reducir la vulnerabilidad frente a choques externos. Mientras que Puccio apuntó a que el Estado debería reforzar la asistencia técnica y promover asociaciones entre pequeños agricultores para mejorar la eficiencia en el uso de fertilizantes y reducir el impacto de futuras alzas internacionales.

Licenciada en Ciencias de la Comunicación por la Universidad de San Martín de Porres con experiencia en radio, tv, redes sociales y medios impresos. Escribo y hablo sobre economía y finanzas desde el 2020.







