
Hace unas semanas tuvimos la oportunidad de visitar fondos de inversión en Estados Unidos para discutir las oportunidades y riesgos del mercado peruano. Nos llamó la atención el gran optimismo de uno de los gestores de portafolio que visitamos, quien expresó que “Perú parece un país europeo”. Pero lo que más nos sorprendió fue que uno de sus colegas le respondiera que no dijera eso, porque sería “ofender al Perú”.
La justificación detrás de tales afirmaciones se basaba en la continuidad de unos sólidos fundamentos macroeconómicos, reflejados en bajos niveles de deuda pública, elevadas reservas internacionales, alta credibilidad en el banco central y perspectivas favorables derivadas de la expectativa de altos precios del cobre y del oro en los próximos años.
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Sin duda, resulta positivo que buena parte de los inversionistas extranjeros siga creyendo decididamente en el Perú, aún en medio de enormes desafíos y, en particular, de la altísima disfuncionalidad política de los últimos años. Esta percepción parece sustentarse, además, en una probabilidad relativamente baja asignada a cambios radicales en el futuro, considerando especialmente la composición esperada del nuevo Senado. En general, tendemos a compartir este optimismo —y por las mismas razones—, como hemos expresado en diversas oportunidades en este espacio durante los últimos meses.
Ahora bien, no hay espacio para la complacencia en un escenario donde un creciente número de medidas populistas ha sido adoptado en los últimos años. Cabe recordar que el Consejo Fiscal ha alertado sobre la aprobación de más de 200 leyes con impacto fiscal equivalente a cerca de 3.5% del PBI. Ello pone en evidente riesgo la trayectoria futura de las finanzas públicas e, incluso, podría llevar —en un escenario extremo— a un aumento de la deuda pública hasta el 70% del PBI en la próxima década, si no se adoptan medidas decididas para controlar el exceso de gasto del próximo gobierno. (De hecho, una de las principales acciones que debería emprender la siguiente administración es presentar demandas ante el Tribunal Constitucional contra varias de estas leyes, que imponen elevadas presiones sobre el gasto público sin una contrapartida desde el lado de los ingresos fiscales)
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Por otro lado, es evidente el riesgo para la inversión de mediano y largo plazo derivado del menor ahorro nacional tras ocho retiros de AFP. Por ello, resulta urgente frenar este tipo de iniciativas. Además, estas decisiones generarán un impacto fiscal y potencialmente social en las próximas décadas, ante el creciente número de afiliados que hoy ya no cuentan con saldos en sus cuentas previsionales. Actualmente, existen diversas propuestas que buscan un noveno retiro de AFP, cuya materialización, lamentablemente, no puede descartarse antes de la instalación del nuevo Congreso.
En general, si bien los fundamentos macroeconómicos del Perú se mantienen saludables y no se han producido cambios radicales en el modelo económico, sí existen señales de alerta que apuntan a un deterioro gradual de la institucionalidad, no sólo en el frente fiscal y previsional, sino también en aspectos clave como la seguridad jurídica, la fiscalización tributaria y el rigor técnico en la evaluación y ejecución de proyectos públicos, entre otros.
Así, el próximo gobierno tendrá la imperante tarea de preservar la credibilidad de los inversionistas en el Perú y evitar un mayor deterioro en las condiciones y en la confianza para invertir en el mediano plazo. Solo así se podrán aprovechar las oportunidades que imponen el actual y esperado escenario geopolítico y económico global. No está de más repetir que ello requerirá necesariamente de un marco fiscal creíble y de mantener la independencia del Banco Central de Reserva, la cual ha sido determinante para que la economía peruana haya resistido en medio de la disfuncionalidad política de los últimos años.

Managing Director de Research y Economista Jefe de Credicorp Capital. Es economista por la Universidad del Rosario, con maestría en Economía de la misma casa de estudios. Cuenta con más de 20 años de experiencia. Previamente se ha desempeñado en cargos de docencia, investigación académica y del sector financiero.








