
Si bien la pobreza en Perú logró reducirse -ligeramente- en 2025, uno de los principales obstáculos para alcanzar los niveles prepandemia es, entre otros, el elevado nivel de informalidad y los bajos ingresos que tienen, en la mayoría de los casos, los trabajadores en esta condición.
Actualmente, el reciente informe del Instituto Nacional de Estadística e Informática (INEI) precisa que cerca de nueve de cada diez trabajadores en condición de pobreza son informales. En concreto:
- El 89.1% de la población de 14 y más años de edad en condición de pobreza se encuentra en situación de informalidad.
- En la población no pobre, este porcentaje alcanzó el 71.1%.
- En la población en pobreza extrema, la informalidad alcanza el 96.1%.
- En la población vulnerable se sitúa en 84.1%.
Aunque estas cifras han descendido levemente en el último año, la brecha de ingresos para los trabajadores informales ha continuado expandiéndose, ganando menos de la mitad que los formales.
En detalle, un reciente análisis de ComexPerú precisó que el salario promedio de los peruanos que laboran de manera informal asciende a S/ 1,226 mensuales, mientras que en el formal alcanza los S/ 3,233. Es decir, hay una diferencia de más de S/ 2,000.

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¿Mejorará en 2026?
Mientras que los ingresos en el sector formal han registrado incrementos más significativos en los últimos años, los del sector informal han crecido a un ritmo considerablemente menor. Para Daniel Najarro, economista senior de ComexPerú, la brecha entre ingresos formales e informales continuaría ampliándose este año.
“Esta brecha va a seguir ampliándose. Mientras el salario promedio formal ha crecido cerca de S/ 193 en el último periodo, el informal apenas ha aumentado alrededor de S/ 60. Esto refleja un mercado laboral más heterogéneo en términos de productividad y genera una mayor brecha”, comentó.

Con un sector informal que concentra al 70.2% de los trabajadores del país, estos datos evidencian que la mayoría de la fuerza laboral se encuentra atrapada en el segmento de menor remuneración. Estos trabajadores enfrentan mayores probabilidades de interrupciones laborales o de pérdida de ingresos, lo que limita su capacidad de consolidarse en la clase media.
“El problema de la informalidad muchas veces es que los empleos al ser precarios tampoco permiten un aumento de ingreso sostenido en el tiempo. Si a eso se le suma una mayor inflación, existe un riesgo de que permanezcan en la vulnerabilidad o regresen a la pobreza”, comentó Martín Valencia, jefe de Estudios Económicos del Instituto Peruano de Economía (IPE).
De mantenerse la dinámica de alta informalidad y baja productividad en el mercado laboral, el país podría enfrentar dificultades para continuar reduciendo la pobreza a mayores tasas. De hecho, con el nivel de 25.7% alcanzado en 2025 se estima que hay al menos 2.3 millones más de personas en situación de pobreza que en el 2019.
Esto se explica debido a que, tras la pandemia, gran parte de la recuperación del empleo estuvo asociada al subempleo y a ocupaciones de baja calidad, especialmente entre 2022 y 2023. Recién desde la segunda mitad del 2024 se vienen observando mejoras en el mercado laboral.
“Si no se mantiene el crecimiento del empleo formal y adecuado será más difícil que la pobreza se reduzca de manera sostenible. Existe el riesgo de un estancamiento si predominan empleos de baja calidad”, advirtió Valencia del IPE.
Asimismo, señaló que uno de los principales desafíos es mejorar la inserción laboral de los jóvenes, quienes suelen iniciar su carrera en empleos informales, lo que dificulta su transición hacia la formalidad en el futuro. En ese sentido, consideró que se requieren cambios en los regímenes tributarios y laborales para incentivar el crecimiento de empresas y reducir los costos de contratación formal.

El sector más preocupante
Un factor clave es la composición del empleo informal. Existen actividades dentro de la propia informalidad con ingresos relativamente más altos que la canasta básica -como minería, transporte o construcción-, pero estos estos sectores no concentran a la mayoría de trabajadores informales, explicó Najarro.
“La informalidad no es en sí misma un componente que genere mayor pobreza pues permite a muchos evitar caer en ella. El problema es la distribución de los trabajadores entro del sector informal en actividades poco productivas […] Seguir igual nos traería rezagos, pero lo que nos afectaría mucho más es que una mayor proporción de peruanos caiga en la informalidad de sectores como el agropecuario”, refirió.
Con un sector agropecuario sin suficiente inversión en riego, tecnología ni mecanismos de asistencia productiva para pequeños agricultores, se estima que cerca del 40% de la población pobre se concentra en esta actividad. En tanto, la población en pobreza extrema dentro de este rubro asciende a cerca del 60%.
“El problema con el agro es que el salario promedio informal es de alrededor de S/ 770. Entonces, tenemos una gran cantidad de trabajadores concentrados en el sector menos productivo del país, y eso es lo que termina frenando la mejora de ingresos [...] Solo el agro en Puno está pagando cerca de S/ 380 mensuales, lo cual es una cifra con la cual estás básicamente condenado a la pobreza”, sostuvo.

Regiones con menores ingresos
Según el análisis de ComexPerú, en varios departamentos del país en los que se observa un incremento de la pobreza monetaria también se observan caídas en los ingresos, principalmente informales.
En regiones como Huancavelica, por ejemplo, el salario promedio informal cayó en S/ 117, ubicándose en torno a los S/ 789 mensuales. Esta remuneración representa apenas un cuarto de la remuneración que reciben los empleados formales en la misma región.
Cabe resaltar que en Huancavelica uno de los factores que generó una caída fue una mala campaña agrícola que afectó cultivos como la papa y el maíz, los cuales proveen ingresos fundamentales al segmento informal rural.
En tanto, en Cusco y Áncash también se observaron retrocesos en los ingresos asociados principalmente a la informalidad, con montos de S/ 1,176 y S/ 1,025, respectivamente. En ambos casos los sueldos de los formales casi triplican el monto que ganan aquellos que tuvieron que tomar un trabajo informal.
“Son departamentos que se caracterizan por una mayor participación del sector agropecuario en el empleo, lo que explica estas limitaciones en ingresos. Si no logramos mejorar la productividad y generar más empleo formal, se va a seguir agravando la situación”, explicó Najarro.
En otros casos, como Tumbes, el aumento de la pobreza estuvo más vinculado a la caída del empleo que a los ingresos, lo que evidencia la importancia de la generación de puestos de trabajo en la mejora de condiciones para los hogares.


Licenciada en Ciencias de la Comunicación por la Universidad de San Martín de Porres con experiencia en radio, tv, redes sociales y medios impresos. Escribo y hablo sobre economía y finanzas desde el 2020.







