
En el 2020, la pobreza se disparó por la pandemia: afectó al 30.1% de la población. Un lustro después, el Perú no ha logrado recuperar los niveles previos a la crisis sanitaria. Ahora, en medio de un año marcado por las elecciones presidenciales y los conflictos geopolíticos, las perspectivas apuntan a que la “meta” de volver a niveles prepandémicos sigue lejana.

El economista y asociado de Macroconsult, Yohnny Campana, precisó que las últimas proyecciones de la consultora estiman que la pobreza se habría reducido a 26.2% en el 2025 y, para el 2026, se espera una tasa de 25.1%.
Sin embargo, el especialista precisó que alcanzar los niveles del 2019 podría tomarnos cerca de un quinquenio adicional manteniendo ritmos de crecimiento moderados de la economía como el actual.
“Bajo el escenario base debería reducirse al nivel prepandemia en 2030. Sin embargo, bajo un escenario pesimista, con la economía creciendo más lento podría tomar aún más tiempo", comentó a Gestión.

La exministra de Desarrollo e Inclusión Social, Carolina Trivelli, coincidió en que se esperaría que en el 2025 haya seguido esta tendencia de reducción de pobreza, pero resaltó que la brecha actual refleja un rezago importante frente a otros países de la región.
“Esto es un drama porque casi todos los países de América Latina ya regresaron a niveles de pobreza prepandemia o tienen menos pobreza que antes. Los únicos que no lo hemos logrado somos Argentina, Honduras, Colombia y nosotros. Perú es de los que está más lejos”, sostuvo.
Según Trivelli, si bien la reducción observada en los últimos años responde, en gran medida, a la recuperación del mercado laboral en sectores como construcción, comercio y servicios, el panorama para 2026 es más incierto.
Aunque aún se espera un crecimiento económico positivo para el Perú este año, este efecto podría verse limitado por un posible aumento de la inflación asociado al impacto de la guerra en Medio Oriente, que ha encarecido el precio del petróleo.
“Para las personas en situación de pobreza o las que están cerca de la línea de pobreza, la inflación los golpea duramente. Los incrementos los obligan a tener que reducir niveles de consumo alimentario”, indicó.
Condición de alerta. Desde la Mesa de Concertación para la Lucha contra la Pobreza, su presidente Federico Arnillas advierte que el desafío es mayor pues al sumar el 27.6% de pobreza con el 31.8% de población en situación vulnerable, se tiene a casi un 60% de los peruanos en una condición de alerta. Para el especialista, el Estado enfrenta el reto de generar cambios estructurales.
El riesgo del año electoral
El contexto electoral introduce un elemento adicional de incertidumbre. Rosa Luz Durand, economista y docente de la Universidad de Lima, recordó que la inestabilidad en el entorno político suele afectar directamente la dinámica económica.
“En contextos electorales la economía peruana se afecta por una combinación de parálisis institucional y populismo fiscal, que incluye también un deterioro de confianza empresarial. Estamos en una situación de incertidumbre para la inversión privada porque los agentes económicos no saben quién va a gobernar ni qué posición política va a tener, entonces posponen decisiones y se paralizan inversiones”, comentó la investigadora del Observatorio Económico, Financiero y Social de la U. Lima.
A su vez, Trivelli resaltó que las decisiones del próximo Gobierno serán determinantes en la trayectoria de la pobreza.
“Se podría frenar la reducción si es que hay menos crecimiento y/o más inflación. Eso es posible con un Gobierno que cuestione, por ejemplo, la autonomía del Banco Central de Reserva o afecte los motores de crecimiento”, advirtió.
Pero no solo basta con el crecimiento del PBI. Según indicó la economista, solo la mitad de las personas que caen en pobreza logra salir por sí sola con crecimiento e inflación controlada, la otra mitad necesita apoyo del Estado.
“[En estas elecciones] no se ha discutido prácticamente nada sobre pobreza, hambre o vulnerabilidad. Hay poca esperanza de que haya un compromiso político suficiente”, afirmó.

Teniendo en cuenta también a la pobreza multidimensional -que mide la falta de acceso a servicios básicos-, Durand consideró que si en el nuevo Gobierno prima el populismo fiscal, la rotación de funcionarios y la baja ejecución de proyectos de infraestructura se terminaría limitando aún más la reducción de las brechas.
Actualmente, según estimaciones de la Universidad de Lima, un 32% de la población tiene carencias de servicios básicos, lo que implica que hay más de 10 millones de peruanos sin acceso a salud, educación, vivienda, empleo y servicios como agua potable, saneamiento y conectividad.
“Es crucial reducir los problemas de falta de acceso. Hay una situación de riesgo con políticas fiscales poco sostenibles, el populismo electoral se traduce en subsidios generalizados y en gastos sin mucho criterio que deterioran nuestras cuentas fiscales y espantan la inversión. Se afecta la confianza empresarial y se reduce la eficiencia del gasto social, que es lo que necesitamos para combatir la pobreza de manera más efectiva”, sostuvo.
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¿Se puede acelerar la reducción de la pobreza?
Trivelli resalta que acelerar la reducción requeriría un enfoque más focalizado. Por ello, plantea la necesidad de un crecimiento económico orientado a sectores como la pequeña agricultura, el comercio y el emprendimiento local, acompañado de una agenda de políticas sociales más efectivas.
La economista recordó que se vienen usando herramientas diseñadas para la situación de hace diez años, pero la pobreza de hoy es distinta, lo que requiere de un nuevo diagnóstico que permita adecuar la estrategia de desarrollo e inclusión social, lo cual también implica la necesidad de “compromiso político, liderazgo y asignación recursos”.

Licenciada en Ciencias de la Comunicación por la Universidad de San Martín de Porres con experiencia en radio, tv, redes sociales y medios impresos. Escribo y hablo sobre economía y finanzas desde el 2020.








