
Perú es una potencia de emprendedores en intención, mas no en acción; así lo expuso el último reporte del Global Entrepreneurship Monitor (GEM) 2025/2026, compartido en exclusiva con este diario. En el informe, nuestro país ocupa el puesto 46 de las 53 economías participantes.
Cabe resaltar que el posicionamiento se basa en el índice Nacional de Contexto Emprendedor (NECI), que mide la calidad del ecosistema sobre 13 condiciones estructurales, como financiamiento, políticas públicas y educación. La puntuación que obtuvo Perú fue de 3.9 de 10; es decir, se situó en el tercio inferior de la clasificación mundial, un lugar rezagado frente a algunos vecinos: Chile (puesto 27), Uruguay (38), Ecuador (42), México (43) y Brasil (44).
El principal obstáculo, sin embargo, poco tiene que ver con la identificación de nichos de mercado. ¿Qué factores retrasan la decisión de iniciar un negocio propio?
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El optimismo choca con un entorno deficiente
En detalle, 8 de cada 10 peruanos (84.2%) ven una oportunidad de negocio en cada esquina, pero solo 2 (19.9%) están dispuestos a “cruzar la calle” en los próximos tres años. Es decir, la minoría busca pasar de la idea a la acción.
Para María José Ibañez, líder del GEM en Perú, en nuestro país ocurre lo que ella denominó como “un fenómeno especial”: mientras que el peruano destaca individualmente por su optimismo, el sistema que debería sostenerlo es uno de los más débiles; de ahí que haya una desconexión entre las “ganas” y el entorno. El miedo, por sí solo, no explica la baja intención emprendedora.
“En países donde la percepción de oportunidades es alta, generalmente los índices de emprendimiento tienden a ser altos; o sea, hay una relación. Pero aquí la distancia es amplia [entre ambos factores] y tiene que ver con el asunto estructural: qué tan fácil es para los emprendedores poder integrarse a la economía o qué tan bien diseñada está la economía para poder hacerlo sin desmotivarlos. En Perú hay una tremenda brecha entre lo que la gente quiere y lo que en realidad puede hacer”, sostuvo.

En esa línea, la condición peor evaluada es la relevancia de las políticas gubernamentales, con 2.6 de 10. Existe, asimismo, un círculo vicioso: los emprendedores no se formalizan porque no tienen crédito, y no reciben crédito porque no son formales. El acceso al financiamiento registra un puntaje crítico de 3.2. “Aquí la informalidad no es parte del sistema de la economía, es la economía en sí misma”, expresó.
Sumados a ello, hay factores sociales que frenan la voluntad, indicó la especialista. Por ejemplo, el 51.8% de los peruanos considera que hoy es más difícil emprender que hace un año debido a la inestabilidad política interna y regional, lo que genera una falta de reglas de juego claras. La alta percepción de delincuencia y extorsiones tampoco es un factor aparte.
“Es bastante coherente con lo que vemos hoy día en las noticias y en todos los aspectos públicos. [...] Es como un tejido de cuestiones sociales que son externas a las personas, porque si fuera por las personas, con estas mismas estadísticas, no sería muy difícil para ellas pasar a la acción”, subrayó Ibañez.

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Emprendimiento por necesidad vs. sostenibilidad
La vocera precisó que la mayoría de los peruanos emprende por urgencia económica y no tanto por un plan de negocio. Puntualmente, el 71.6% de los emprendedores inicia un negocio por escasez de empleo, lo cual genera iniciativas de supervivencia que son abandonadas apenas el dueño encuentra un trabajo dependiente.
“En el GEM hacemos una distinción entre el emprendimiento por necesidad y el emprendimiento por oportunidad. En el primero se abraza el negocio porque no queda nada más que hacer para poner comida sobre la mesa. [...] Las tasas de abandono de este grupo son altísimas porque, como el objetivo no es ser emprendedor, en el momento en que se encuentra un trabajo, el emprendimiento se deja de lado”, acotó Ibañez.
En contraparte, coexiste un aspecto interesante para la sostenibilidad: los negocios que logran ser más exitosos y proyectarse para generar al menos seis empleos suelen ser los familiares. Este emprendimiento por oportunidad ocurre siempre y cuando el de la iniciativa no vea el negocio solo como dinero rápido, sino como un legado para sus hijos, lo que genera una mayor voluntad de permanencia y crecimiento.
La experta mencionó, además, que el modelo GEM utiliza los 42 meses como el punto de inflexión. Si un emprendedor supera ese tiempo, su probabilidad de sobrevivir aumenta. Actualmente, en el país, mientras que el 12.8% de la población adulta está involucrada en emprendimientos tempranos, solo el 5.3% tiene negocios establecidos; es decir, empresas que han superado lo 42 meses.

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Analfabetismo financiero
Aunque el Perú lleva el emprendimiento en el ADN, la educación está fallando en la base: el sistema escolar recibe una nota de 3.2 de 10 en educación emprendedora, y la formación técnica y universitaria, con 5 de 10 en puntaje, es vista como un soporte apenas adecuado. Según la vocera, la gente egresa sin saber qué es un crédito, cómo pagar impuestos o cómo administrar recursos, carencias que debilitan su futura gestión.
Esta deficiencia educativa tiene un impacto directo en la calidad de los negocios que se crean. Ibañez identificó que los emprendimientos suelen concentrarse en sectores de baja especialización, como el retail (comprar y vender) o servicios de aseo. Al no haber diferenciación ni rentabilidad alta, los negocios son vulnerables y no generan valor agregado.
“El conocimiento sigue concentrado en las industrias que son altamente especializadas y los emprendedores siguen haciendo actividades que no crean valor agregado. [...] Alguien se mete al negocio y no hay manera de que gane más de lo que gana el resto. No hay oportunidad de diferenciación. Entonces, al final lo que se está haciendo es una perpetuación de la desigualdad”, finalizó.


Redactora de Economía en diario Gestión. Periodista piurana con seis años de experiencia profesional en el rubro.







