
Un año electoral es uno de los momento más pertinentes para analizar el fenómeno de las “cuerdas separadas” entre la economía y la política. Aunque suele hablar de un “divorcio” en el Perú, Hugo Santa María, Socio y economista jefe en Apoyo Consultoría, apuntó que hay matices.
Además, criticó severamente la eficiencia de las inversiones que viene realizando el Estado, desde hace años, tanto a nivel del servicio público, como el desarrollo de infraestructura.
En 2025, la economía creció alrededor de 3% y se estima que lo repetiría este año de elecciones. ¿Qué es lo positivo y negativo?
Cerramos bien y el 2026 comienza igual. Si nada catastrófico ocurre en las elecciones, creceremos más de 3%, pero la variable que más me gusta ver, la demanda interna, lo haría en casi 4%. Lo positivo es que entramos a este año electoral con el empleo recuperándose y entrando a segmentos donde había tardado.
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Consultados nuestros clientes sobre las estrategias que implementarán en el periodo preelectoral, un porcentaje realmente bajo, solo entre 15% 16% dicen que pondrá algunas acciones en stand by: desacelerar la inversión o la contratación de personal. Entonces, la actitud en los inversionistas de esperar o desacelerar no la vemos tan difundida como en procesos previos.
¿Y cuál es lo “feo” de la situación?
El impulso de los precios de exportación es muy importante, es mucho mayor, por ejemplo, al que ha recibido Chile u otros vecinos. Crecemos, pero debería ser más. Con estos niveles de precios, una política más o menos funcional y un Estado mínimamente funcional, Perú podría llegar a un 5%.
Impacto de gobierno actual
¿Qué decir de la incidencia de la gestión Jerí en la economía?
Dio una buena primera impresión [el presidente], pero después se fue deteriorando. En lo económico, un mérito de su equipo fue recuperar en la conversación el valor de algunos temas que se habían perdido: resaltó la importancia de la inversión privada, del trabajo junto entre Estado y privados ante la brecha de infraestructura, inició el larguísimo camino, ojalá que termine, de solucionar la hemorragia de Petroperú. Puso sobre la mesa la necesidad de mantener un manejo fiscal ordenado y protegido de la influencia política.
Abordando un punto de coyuntura: un nuevo presidente envuelto en presunta corrupción. ¿Cómo golpea esto al ánimo de los inversionistas?
Percibo a los empresarios, a los que operan aquí y a los que lo siguen de afuera, tomar todos estos incidentes con bastante calma. En los últimos años, vivimos permanentemente en crisis política. Dicho de otra manera, estamos establemente en inestabilidad política.

¿Cómo una normalización del deterioro político?
Normalizar me suena a que lo ven con indiferencia y no lo creo, sino con calma: manejan distintos escenarios y reconocen que no se pueden quedar parados ni personas ni empresas a esperar que las cosas se solucionen. Hay que seguir avanzando. Es como una aceptación de que esta es la cancha en la que nos toca jugar.
¿Las elecciones ya escalaron como preocupación?
Es el elemento externo que más les preocupa a los inversionistas, pero es curioso porque las expectativas siguen positivas. Las empresas, como las personas, han decidido seguir avanzando, no esperar a que el Perú se arregle. El Índice de Confianza del Consumidor de Apoyo Consultoría presenta que el porcentaje de las familias que piensa que su economía va a mejorar está en un nivel muy alto, comparado con su histórico. Pero el porcentaje de personas que piensa que el Perú va a mejorar, sigue bajo. Hemos separado nuestro propio optimismo respecto al Perú.
¿Economía y política van por cuerdas separadas?
Hablamos de la calma preelectoral y cómo la política se ha divorciado de la economía, pero hay matices: ese divorcio es muy aparente. Responde a la estabilidad macro, pero no con capacidad del país para crecer. Estamos resignándonos a que tenemos un país que resiste, que es resiliente, pero tenemos que aspirar a tener un país que avanza más rápido.
Mal manejo de impuestos recaudados
Regresando al panorama fiscal, se logró la meta de déficit y hubo medidas de austeridad. ¿Se orientaron bien o pudo hacerse más?
Se busca dar señales correctas. Si hacemos sumas y restas, son de bajo impacto, pero el mensaje es correcto. Más allá de ajustes fiscales, en el manejo general del Estado de nuestro dinero se requiere, primero, un choque institucional enorme para protegerlo nuevamente de la politiquería. También se requiere un choque de eficiencia gigantesco. No solo seguir el porcentaje de ejecución. Necesitamos un Estado que recupere un poco de responsabilidad y vergüenza frente a sus ciudadanos.
Y la foto del gasto público no es bonita...
Cumplimos la meta [de déficit] porque la recaudación que recibimos por los precios de metales altos es muy fuerte. Pero fue un poco de cualquier forma: aumentó el gasto corriente y trituramos el gasto en inversión.
En Gestión identificamos que, de cada S/ 100, el Gobierno central destina solo S/ 17 para el rubro de obras...
Se está dirigiendo el gasto a algunas partes sin mejorar el servicio. El sector público recibe aumentos, pero no se tiene la contraprestación de una mejora en el trabajo que hacen. Siento que el Estado peruano está perdiendo un poco la vergüenza de qué hacer con cada S/ 1 que los peruanos con mucho esfuerzo le entregamos.
La lupa en Petroperú
También abordando coyuntura, Moody’s le rebajó la calificación crediticia a Petroperú, en medio de su proceso de reorganización. ¿Cuál es su lectura?
Se ha dado el primer paso en una carrera larga y difícil, y en la que no sabemos todavía la ruta. Este inicio lo encuentro positivo, pero hoy, todavía todo está en planeamiento, ver rutas, estamos lejos del final de este esfuerzo. Y sí veo varios riesgos: se han presentado proyectos de ley para blindar a Petroperú de esta reestructuración.
En Gestión identificamos que son 12...
Hay un gran riesgo de politización. Hay mucho interés en una empresa que ha sido usada como una caja [chica] para personas con beneficios inauditos y con una toma de decisiones terrible. Con el dinero que hemos gastado, podríamos haber hecho buena parte de la nueva carretera central o avanzar en otra Línea de Metro. El costo de oportunidad es gigantesco.
¿Puntualmente cuál es la preocupación?
Petroperú tiene bonos en el mercado. ¿Cómo esta reestructuración en plan y ejecución conversa con los bonos que tiene todavía en el mercado? El informe de Moody’s un poco que ya insinuó algo ese riesgo.
Mencionó al proyecto de la nueva carretera central, que viene siendo noticia por la reducida asignación de su presupuesto...
Yo creo que todas las disfuncionalidades del Estado peruano que hacen que la inversión en infraestructura progrese tan lentamente no se han solucionado. Aquí podría estar una buena herencia de este Gobierno. Pero el caso de la carretera y otras obras reflejan una continua disfuncionalidad. Por ejemplo, se creó a la ANIN y no está claro cuánto presupuesto tiene.
Pasando a otra gran preocupación en el país, ¿en sus conversaciones con empresas perciben una mejora de la seguridad?
Para las empresas y los peruanos continúa siendo la preocupación número uno. Esto trasciende al periodo electoral y, a su vez, es la primera demanda electoral.
Esto evidencia que no hubo mayores medidas gubernamentales al respecto, entonces...
Sí. Los números que circulan de distintas instituciones, casi todos, indican que no se ha logrado, al menos, quitarle la velocidad, desacelerar, la criminalidad.
Pero el optimismo sobre la economía se sobrepone. Puntualmente, ¿qué factor o varios destacarían que explican este escenario?
Si hablamos de lo concreto es la inflación baja, controlada y predecible, y el tipo de cambio controlado, un sol fuerte y estable. Hay pocas cosas más antipáticas para un inversionista extranjero que perder dinero por el tipo de cambio.
Sin embargo, diría que no hay que dejarse deslumbrar también por la buena macro. Es indispensable para comenzar a progresar, pero no es suficiente. Estamos tan bien en la solidez macroeconómica que nos olvidamos un poco de la degradación del funcionamiento del Estado en aspectos básicos, por ejemplo.
Estos indicadores están relacionados a la gestión del BCRP. ¿Preocupa a los inversionistas un eventual cambio en la presidencia?
Es gestión del BCRP, pero no solo de ellos. Hay un sentido común en favor de la disciplina fiscal que se gatilla. Apenas nos debíamos un poco del déficit, por ejemplo, el Consejo Fiscal alerta. Ahora, sin duda, la figura de Julio Velarde es fundamental. En algún momento se va a retirar, pero ha liderado una institución que es de clase mundial. El secreto de la fórmula está en una institución que es sumamente fuerte. Creo que no hay forma para que el mercado y los peruanos nos pongamos algo nerviosos.
Plano electoral
Adentrándonos en terreno electoral, en Gestión revisamos las propuestas tributarias de lo más de 30 postulantes: algunos buscan reducción y hasta eliminación de impuestos. ¿Cuán riesgoso o no resulta en un contexto de finanzas deterioradas?
Creo que es una mala idea. Hay muy poca evidencia. En contiendas pasadas, se discutió reducir el IGV para promover la formalización y aumentar la recaudación. Eso es una ilusión. El Perú no necesita seguir manipulando las tasas, sino ampliar la base tributaria: controlar exoneraciones, tratos preferenciales, etc. Si se otorga, debe ser cumpliendo con condicionamientos. Es fundamental no agujerear más nuestro marco tributario que ya lo está bastante.
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Otro mapeo fue sobre el número de ministerios, varios apuntan a su reducción. ¿Hay espacio?
Sí lo creo. Perú tiene un número alto de ministerios. Pero, sinceramente, los peruanos gastamos un montón de energía en normas que se ven muy bien, pero no le damos vida. El reto es avanzar hacia un Estado funcional. Con X ministerios, pero apuntando a que ordene, por ejemplo, la obra pública, tan fragmentada.
Precisamente sobre el desarrollo de infraestructura, estamos limitados fiscalmente. ¿Qué opción resultaría la ideal? ¿Qué ganamos y se pierde?
El menú de opciones es amplio. Desde la administración directa, los G2G, asesoramiento público-privado, las APP pueden ser autosostenibles o financiadas. El comentario que haces es muy correcto. La brecha de infraestructura es gigante, las intenciones son enormes y el espacio fiscal es limitado. No hay espacio para todo. El Estado decidirá qué combinación es mejor y ahí, obviamente, las obras autosostenibles lo son. Pero, realmente, la pregunta aquí es: ¿cómo hacemos para que operen en un plazo razonable?

Bachiller en Comunicación y Periodismo en la Universidad Peruana de Ciencias Aplicadas (UPC), especializado en economía, negocios, mercado laboral, políticas públicas, tributario, procesos concursales.








