
Desde las plantas de producción hasta los centros de distribución, la industria de Perú se prepara para resistir los embates que desatará el fenómeno El Niño, cuya magnitud, hasta el momento, ha sido calificada como fuerte. Sin embargo, no se descarta que sea extraordinaria hacia finales del 2026, de acuerdo con las últimas precisiones de la Comisión Multisectorial encargada del Estudio Nacional del Fenómeno El Niño (Enfen).
Frente a este panorama, la Sociedad Nacional de Industrias (SNI) recabó la percepción de 179 directivos de empresas de diversos tamaños y elaboró un estudio que compartió con Gestión. ¿Cuáles son los hallazgos clave?
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Mitigación en el radar de los industriales
En sus comunicados oficiales, la Enfen es enfática: “Se recomienda a los tomadores de decisiones tener en cuenta los escenarios basados en los avisos meteorológicos y pronósticos estacionales vigentes a fin de adoptar las medidas para la reducción del riesgo de desastres, así como acciones de preparación para la respuesta ante peligros inminentes”.
Al respecto, el 40% de los empresarios ya va en línea con ello: este grupo señaló que ha incrementado sus inventarios de insumos o materias primas estratégicas, según la Encuesta de Opinión Industrial (EOI) que la SNI desplegó entre julio y agosto.
Asimismo, el 39% se ha enfocado en el mantenimiento preventivo de planta, techos, drenajes o almacenes. En tanto, el 26% ha optado por elaborar o actualizar el plan de continuidad operativa.
Claudia Sícoli, directora de la carrera de Economía de la Universidad Peruana de Ciencias Aplicadas (UPC), aunque describe como “preocupante” que solo 4 de cada 10 empresas estén ejecutando acciones de precaución, aclara que no todos los sectores se verán golpeados de igual manera: “Se prevé que las empresas agroindustriales, las textiles, las de pesca, las de turismo y las de transporte serán las que mayores consecuencias negativas experimenten durante El Niño”.
“Cada caso tiene una estructura especial, pero considero que el costo de la prevención será menor que el de la paralización de operaciones frente al fenómeno”, agrega.
Analiza, además, los fenómenos registrados en los años previos y visualiza un comportamiento particular en cada ocasión: “En 1983, el PBI de sectores primarios, no primarios y agropecuario registró una caída importante, con un aumento de inflación en marzo; en 1998, el PBI de sectores primarios y el agropecuario fue menor que el del año anterior, pero el sector no primario fue el más afectado y tuvo una importante caída, acompañada de un aumento de precios en Lima Metropolitana en el primer trimestre e influenciada por el aumento de alimentos y bebidas”.
En cambio, en 2017, se registró un fenómeno leve, en comparación con los anteriores, que sí redujo el PBI, pero sin acumular tasas negativas.
“Entre 2016 y 2017, el valor bruto de la producción de limón a nivel nacional cayó más de 37%; el de la producción de plátano se redujo en 4.5%, y el de caña de azúcar, en 4.4%, de acuerdo con la información elaborada por el Observatorio de Comercio Exterior de la UPC con data del Ministerio de Desarrollo Agrario y Riego (Midagri) 2023″, detalla.

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De la materia prima al cliente
La industria se prepara para un escenario de doble presión: más de la mitad de los empresarios (55%) prevé dificultades para conseguir insumos, mientras que un porcentaje similar (52%) anticipa que hacer llegar sus productos a los puntos de venta será un reto logístico considerable por las demoras en la distribución.

Pero se trata de una tensión que, para Sícoli, ya no debe solucionarse con una política de emergencia: es, más bien, con una permanente de inversión pública.
“No tiene sentido [hablar de prevención de El Niño], como tampoco tiene sentido hablar del friaje cada invierno. La ocurrencia continua de estos fenómenos debe ser incorporada como una característica de la economía peruana y, por lo tanto, ser considerada como episodios cíclicos”, sostiene.
Las opiniones de los industriales van en esa dirección. El mantenimiento de carreteras, puentes y vías críticas es la medida que el 68% de los empresarios solicita. Le sigue la limpieza y descolmatación de ríos, quebradas y drenes (66%).

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Consumidor final bajo la lupa
Para la gran mayoría de los industriales, el mayor temor no es solo la lluvia, sino quedarse aislados: 6 de cada 10 empresarios advierten que el colapso de puentes y carreteras es la principal amenaza que haría que sus productos no lleguen a la población.
Acerca de esta misma arista, casi la mitad de los líderes del sector (44%) señala que su mayor preocupación es el efecto en cadena; es decir, si un proveedor estratégico se detiene, toda la producción industrial se perjudica.
“El efecto dominó ilustra la interconexión entre los diferentes agentes de una economía. Esta situación no solo se ve a nivel interno, analizando específicamente el fenómeno El Niño, sino que se refleja a nivel global cuando una guerra en Medio Oriente, por ejemplo, impacta los precios de la gasolina que se vende en el país”, resalta Sícoli.
Que la señal de advertencia más grande para las empresas industriales no esté dentro de sus plantas, sino en la infraestructura de conexión, también conlleva una lectura: “Esta situación se desprende de la deficiente ejecución de planes de mejora y mantenimiento de las redes de comunicación que se deberían haber implementado desde la ocurrencia del pasado fenómeno, en 2017″, refiere la experta.
Ella subraya, además, que los mayores costos de producción se trasladan en menor o mayor medida a los precios que paga el consumidor final.

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FEN: prevenir para proteger la producción y el empleo
Por Felipe James Callao, presidente de la SNI.
La industria es especialmente sensible al fenómeno El Niño por su conexión con amplias cadenas de valor. La interrupción del transporte o las actividades primarias impactan directamente en las empresas manufactureras al dificultar el abastecimiento de insumos, la distribución y la movilidad de trabajadores. Estos impactos se extienden y afectan la producción, el comercio, la seguridad alimentaria y el bienestar de los peruanos.
Las empresas están adoptando medidas para reducir los posibles impactos; sin embargo, hay ámbitos en los que la actuación oportuna del Estado resulta indispensable. Necesitamos pasar de la alerta a la acción, acelerando las intervenciones y garantizando el uso eficiente de los recursos.
La gestión del riesgo debe asegurar la continuidad de la producción y las cadenas de abastecimiento, sobre todo en sectores como pesca, acuicultura, agroindustria y textil, que generan casi 1.5 millones de puestos de trabajo.
La prevención debe consolidarse como una política de Estado que proteja personas, infraestructura y, a la vez, el empleo y la economía.
El dato:
- La encuesta se realizó, entre otros, a representantes de metalmecánica, alimentos, productos de plástico y caucho, textil y confecciones, sustancias y productos químicos, productos pesqueros, productos de informática, bebidas, minerales no metálicos, madera y sus productos, productos farmacéuticos y actividades de impresión.







