
El Índice de Competitividad Regional (Incore) en su versión 2026 mostró una ligera mejora en su promedio nacional, al pasar de 5.3 puntos a un 5.5 en una escala hasta el 10. Sin embargo, destacó la variación de posiciones de las regiones de Perú en esta actualización.
Este indicador, presentado por el Instituto Peruano de Economía (IPE), sistematiza 42 indicadores que se agrupan en seis pilares: entorno económico, laboral, infraestructura, salud, educación e instituciones.
“La competitividad puede aterrizarse como la capacidad de las regiones para aprovechar sus recursos y que, en el tiempo, les permita aumentar su productividad, crecer económicamente y aumentar el bienestar de su población, entre ello reduciendo la pobreza”, explicó Martín Valencia, jefe de estudios económicos del IPE.

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Top 5 de competitividad se ajusta: Lima repunta
Uno de los principales resultados de esta edición es que Lima, que incluye Lima Metropolitana y Callao, recuperó el primer lugar del ranking con 7.5 puntos, que lo había perdido desde la edición del 2023. En las anteriores tres versiones, había sido desplazada por Moquegua del liderato en competitividad.
Si bien ambas regiones comparten el mismo puntaje, visto más en detalle hay una diferencia en los desempeños por pilares. El reporte del Incore destacó que Lima ocupa el primer lugar en nueve de los 42 indicadores y continúa liderando los pilares infraestructura y educación.
En el caso de infraestructura, el indicador de mejor desempeño fue el de acceso a agua segura, manteniendo el primer lugar, pero elevando el alcance en la población de un 69.9% a un 80.5%.
En contraparte, se observó un retroceso en el indicador de densidad del transporte aéreo nacional.

Asimismo, se valoró que Lima ascendió al tercer lugar en el pilar laboral, impulsada por el incremento de la formalidad laboral y la mejora del indicador de brecha de género en ingresos laborales.
En el primer caso, la fuerza laboral no agropecuaria pasó de un 38.8% a un 43%, mientras que la brecha de género en participación se redujo de 18.8 puntos porcentuales a 16.8.
Sin embargo, advirtieron que mantiene retos importantes en seguridad ciudadana: casi un tercio de la población de 15 años a más fue víctima de algún hecho delictivo.
En general, los principales retos de Lima respecto a su nivel actual están en el pilar laboral, donde se ubica en el tercer lugar precisamente; y el de instituciones, aunque ambos mejoraron frente al resultado del 2025.
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Ahora bien, en el caso de Moquegua, que lideró el Incore entre sus ediciones 2022 y 2025, tuvo retrocesos en su posicionamiento en los pilares de infraestructura, de la quinta a la sexta ubicación; y en educación, desde el segundo al tercer lugar.
Si bien se ubica en el primer lugar del pilar laboral, en el indicador de brecha de género en ingresos laborales ocupa el último lugar. En la brecha de género de participación, está a media tabla.
Las otras regiones que completan el top 5 son Arequipa, Tacna e Ica. Con esto, el Incore anotó que las regiones más competitivas se encuentran en la costa centro y sur del país.

En contraparte, el caso más preocupante es el de Loreto, que se mantiene como la región menos competitiva del país desde 2016.
“Este resultado se explica, principalmente, por su rezago en los pilares vinculados al capital humano. En educación, apenas el 6% de estudiantes de 4to de primaria alcanza un nivel satisfactorio en matemáticas, mientras que solo el 12% de locales educativos cuenta con acceso a agua. En salud, uno de cada cinco niños presenta desnutrición crónica y más del 45% de niños de 6 a 35 meses tiene anemia”, destacaron desde el IPE.
Tumbes genera preocupación
En la presente edición también se observaron variaciones de puestos en más de un peldaño. El más significativo fue de Tumbes, que retrocedió del puesto 13 al 16, aunque su puntuación mejoró de un 5.1 a un 5.2.
“Descendió por retrocesos en cuatro de los seis pilares. En el pilar educación, bajó tres posiciones (del 9 al 12) por la disminución de la tasa de conclusión secundaria (de 85.5% a 78.0%). En tanto, retrocedió del puesto 20 al 23 en el pilar laboral al registrar el mayor porcentaje de trabajadores a tiempo completo con ingresos inferiores al sueldo mínimo (43.7%)”, indicaron.
Otra variación adversa fue la de Huánuco, que retrocedió dos ubicaciones, hasta la posición 23. De esta región se indicó que está en los últimos cinco puestos en cinco de los seis pilares evaluados.
“Ocupa el último puesto en el pilar laboral, al registrar el menor porcentaje de trabajadores con educación superior completa (11.5%)”, dictó su análisis.

En cambio, tres regiones marcaron avances de dos posiciones: Madre de Dios (del 15 al 13), Ayacucho (del 17 al 15) y Puno (del 23 al 21). En total, fueron seis, incluyendo a Lima, las que escalaron.
Con una vista más amplia, Valencia indicó que, en los últimos 10 años, se ha observado una consolidación de ciertas regiones en la parte alta y baja del Incore. Tal es el caso de Lima, Moquegua y Arequipa entre los líderes, y Loreto y Ucayali en la parte inferior.
Un caso a resaltar en este horizonte es el de Apurímac. En la edición del 2016, esta región tenía un puntaje de 3.7 y se ubicaba en la posición 19. Actualmente, Apurímac tiene 5.4 puntos y está en la ubicación 12.
¿Cómo impactará el Fenómeno El Niño?
Valencia refirió que el reflejo de los avances en competitividad suelen tomar tiempo. Sin embargo, los impactos adversos o deterioros sí se trasladan con mayor facilidad y, sobre todo, dejan severas consecuencias.
“Si bien toma bastante tiempo mejorar la competitividad, eventos como un FEN pueden impactar muy rápido y deteriorar muy rápido distintos aspectos de competitividad de las regiones y que luego sean difíciles de revertir”, comentó.
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En detalle, indicó que una dificultad con el FEN que se observa es sobre el pilar de infraestructura básica, con un foco especial en lo relacionado a lo educativo.
“[El riesgo] es sobre todo en el pilar de infraestructura básica y los indicadores de infraestructura escolar, que en general ya son deficientes en estos momentos. Con un FEN, el deterioro puede ser mayor y los retos se vuelven más grandes”, anotó.
“[El problema va] porque se vuelve difícil recuperar las condiciones que se tenían en pocos años”, complementó.
Al respecto, recordó los efectos de la pandemia, puntualmente, con el freno de los programas de combate a la anemia por las restricciones implementadas, entre otros factores.
“Un ejemplo claro del daño en competitividad con la pandemia fue el choque en anemia, la dificultad para continuar con los programas sociales y cómo esto no se ha logrado revertir”, puntualizó.


Bachiller en Comunicación y Periodismo en la Universidad Peruana de Ciencias Aplicadas (UPC), especializado en economía, negocios, mercado laboral, políticas públicas, tributario, procesos concursales.







