
En noviembre, las mejores selecciones de surf del mundo volverán a competir sobre las olas de Punta Rocas. Pero detrás del espectáculo deportivo hay una apuesta mucho más ambiciosa. Para la Federación Peruana de Surf (FENTA), el Mundial ISA Open a desarrollarse en nuestro país representa la oportunidad de demostrar que un deporte históricamente dependiente del presupuesto público puede empezar a sostenerse con inversión privada, turismo y una mejor explotación de su infraestructura. El desafío ya no es solo ganar medallas, sino construir una industria alrededor de ellas.
Organizado por la International Surfing Association (ISA) -el equivalente a la FIFA en el fútbol-, el World Surfing Games es el principal campeonato mundial por selecciones nacionales de surf. El torneo se realiza anualmente y reúne a los mejores exponentes de cada país, además de formar parte del proceso de clasificación a Juegos Olímpicos en determinados ciclos.
La organización del campeonato será la mayor vitrina internacional del surf peruano antes de los Juegos Panamericanos Lima 2027 y marcará el inicio de una estrategia que busca hacer más sostenible el desarrollo de una disciplina que en los últimos años ha colocado al país entre las principales potencias de la región.
El Mundial como plataforma de negocio
La organización del Mundial ISA Open demandará una inversión de entre S/ 8 millones y S/ 9 millones. Solo el derecho para albergar el torneo —el fee que se paga a la International Surfing Association (ISA)— bordea los S/ 4 millones, mientras que el resto corresponde a la producción del evento, logística y operación.
Según explicó Elfri Navarrete, presidente de la FENTA, a Gestión, cerca del 70% del presupuesto será cubierto por el Instituto Peruano del Deporte (IPD), mientras que el saldo provendrá de patrocinadores y recursos propios.
Más allá del costo, la FENTA apunta al efecto económico que puede dejar el torneo. El Mundial Junior realizado en 2025 reunió a cerca de 600 deportistas de 62 países y generó un movimiento cercano a S/ 12 millones para hoteles, restaurantes, transporte y otros negocios de la zona sur de Lima.
Para esta edición, que reunirá delegaciones de 73 países, las expectativas son mayores. “Imaginamos que en este nuevo evento se pueda duplicar lo conseguido en el primero”, afirmó Navarrete.
El CAR busca dejar de ser un gasto
Uno de los principales activos de esa estrategia es el Centro de Alto Rendimiento (CAR) de Punta Rocas, construido para los Juegos Panamericanos Lima 2019 y actualmente administrado por el IPD. El complejo cuenta con hospedaje para deportistas, gimnasio, piscina olímpica, skatepark, oficinas y espacios para realizar competencias internacionales.
La propuesta de la federación es que el recinto deje de utilizarse únicamente durante campeonatos y opere durante todo el año como un centro de entrenamiento para delegaciones extranjeras.
“Queremos que las selecciones del mundo vengan a entrenar aquí. Si logramos hospedar delegaciones y utilizar el CAR de manera permanente, podremos generar recursos para financiar programas deportivos y depender menos del presupuesto público”, sostuvo el dirigente.
Según explicó, esos ingresos permitirían fortalecer el trabajo con menores y cubrir parte de los gastos que hoy no financia el Estado.

El desafío de financiar una potencia
Aunque el presupuesto institucional de la federación proviene en aproximadamente un 70% del IPD, Navarrete sostuvo que el peso del sector privado es mayor cuando se incorpora el patrocinio directo que reciben los deportistas. “Si hablamos del financiamiento de los atletas, el privado ya representa alrededor del 60%”, indicó.
En ese objetivo, la federación espera que el mecenazgo deportivo -mecanismo que permite a empresas financiar deportistas con beneficios tributarios- incentive una mayor participación empresarial.
Parte de esos recursos se destinan a sostener la competencia nacional. Según Navarrete, cada fecha del Circuito Nacional de Surf demanda una inversión cercana a los S/ 120,000, considerando jueces, montaje, transmisión en vivo, alimentación, hospedaje, logística y traslado de deportistas. Con cinco jornadas al año, el calendario competitivo bordea los S/ 600,000.
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Del presupuesto por fecha, explicó que aproximadamente S/ 80,000 son cubiertos por el Estado, mientras que la diferencia debe conseguirse mediante auspiciadores y otras fuentes de financiamiento. “Cada vez llevamos más deportistas de provincias y eso incrementa los costos, porque muchas veces debemos apoyarlos con hospedaje, alimentación y, en algunos casos, pasajes”, señaló.
El dirigente sostuvo que el principal vacío está en la formación de nuevos talentos. Mientras el Estado concentra sus recursos en el alto rendimiento, el trabajo con niños y adolescentes depende principalmente de la capacidad de gestión de la federación y del apoyo privado.
El costo de formar un surfista
Construir una potencia mundial también implica una elevada inversión desde las categorías menores. Si bien el equipamiento básico -tres tablas y dos trajes especializados- supera los US$ 1,600, para la federación ese es apenas el punto de partida.
“Un surfista no puede progresar si no viaja. Las olas son distintas y tiene que competir en diferentes playas para seguir creciendo”, afirmó Navarrete. Según explicó, a la compra del equipamiento se suman pasajes, hospedaje, alimentación, entrenadores y la participación constante en torneos nacionales e internacionales.

El costo de competir al más alto nivel también se refleja en la selección peruana. “Entre pasajes, alimentación, estadía y todos los gastos estuvimos entre S/ 250 mil y S/ 300 mil, pero trajimos el segundo lugar”, recordó Navarrete sobre la participación del equipo nacional en el ISA World Surfing Games 2025, disputado en El Salvador.
Para Navarrete, ese país se ha convertido en uno de los principales referentes del surf mundial gracias a una política sostenida de promoción del deporte. “Ellos organizan tres o cuatro fechas del circuito mundial y han convertido el surf en una herramienta para impulsar el turismo. El Perú tiene las condiciones para hacer algo parecido”, sostuvo.
En Perú, en el Circuito Nacional de Surf compiten principalmente clubes de Lima y, de a pocos, se han ido incorporando organizaciones de provincias. En poco más de un año, la federación pasó de trabajar con seis clubes, todos ubicados en Lima, a 26 organizaciones. Para el dirigente, ese esfuerzo será determinante para ampliar la base de talentos y llegar con una estructura más sólida a Lima 2027. “Nuestro objetivo no es solo ganar más medallas; queremos dejar una estructura que permita que el surf siga creciendo en el tiempo”, concluyó.







