
El inesperado respaldo popular en las urnas hacia Ricardo Belmont (Obras) y Carlos Álvarez (País para Todos) avizora una representación parlamentaria, fuera del radar de los partidos convencionales, para el periodo 2026-2031. Sin embargo, ambos líderes anunciaron su salida de la actividad política poco después de las elecciones generales, tras conocer quiénes pasan a la segunda vuelta presidencial. ¿Cómo impactará ello en la conformación legislativa?
Belmont, con recorrido en la política y que en esta contienda logró volver al ojo de la atención mediática, logró —al cierre de esta nota— 10.03% de los votos; mientras que Álvarez, conocido por su rol como humorista en la televisión, irrumpe con 8.06%. De momento, Obras tendría una bancada en la Cámara de Diputados, mientras que País para Todos lucha por meterse también en el Legislativo.

¿Bancadas huérfanas?
Para el analista político Enrique Castillo, Obras y País para Todos operaron como vehículos electorales personalistas sin ninguna dirección ni identidad ideológica.
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“No estamos hablando de una bancada, sino de un grupo de personas que va a actuar según lo que convenga. La ausencia de liderazgo destruye cualquier institucionalidad que pudiera haber en el partido. Obras ha sido un vehículo para que personas sin trayectoria partidaria lleguen al Congreso sin saber por qué”, mencionó a Gestión.
A su criterio, sin una guía política clara —especialmente con el partido de Belmont— lo más probable es que sus integrantes terminen dispersándose en otras bancadas. En el caso de que País para Todos logre algunas curules, estas “tendrían un control orgánico” de Vladimir Meza, dueño del partido con el que postuló Carlos Álvarez.

En tanto, el politólogo Alonso Cárdenas, define a este fenómeno como “vientres de alquiler” o, en términos más gráficos, “combis electorales”: plataformas improvisadas que permiten a candidatos sin arraigo partidario llegar al poder sin construir organización, ideología ni militancia.
“Cuando el líder ya no está, la bancada tiende a implosionar y emerge el transfuguismo”, acotó para este diario.
Así puede afectar a la estabilidad congresal
Cárdenas insistió en que la eventual bancada de Obras se enfrentaría a una fragmentación casi inevitable, y sus integrantes, liberados, lo que en vez de facilitar la gobernabilidad, podría complicar aún más la formación de mayorías estables.
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Y es que, si bien eleva la flexibilidad para negociar, también incentiva acuerdos transaccionales de corto plazo —“negociaciones bajo la mesa”, en palabras del analista— que erosionan la transparencia y la rendición de cuentas.
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Esta volatilidad parlamentaria se asemejaría a lo visto con bancadas como Perú Libre; por ello, lo que ocurriría con los partidos representados por Belmont y Álvarez “sería una versión más extrema de un patrón ya conocido”.

Según Eduardo Hernando, la regla política demuestra que no puede haber una “corporación sin cabeza” —en referencia al adiós político de Belmont y Álvarez— lo que se traducirá en curules desarticuladas y huérfanas.
Ello agravaría la institucionalidad del Congreso, que “ya está bastante debilitada”, y alimenta el riesgo de incentivar acuerdos “no necesariamente malos” pero sí con nefastas consecuencias para el país.
“Esta situación se presta más bien a incentivar negociaciones o acuerdos que de pronto no necesariamente van a tener que ser siempre malos, pero que sí pueden fácilmente ser convertidos en ‘pactos mafiosos’ o en ‘mafias congresales’, lo que debilita aún más a la institución, paradójicamente”, argumentó.

Periodista con más de 5 años de experiencia en la cobertura de coyuntura económica e informes especiales en prensa escrita y digital.








