
Keiko Fujimori, quien terminó en segundo lugar en tres elecciones presidenciales consecutivas en Perú, ahora se posiciona para una victoria que capitalizaría la estructura de poder construida durante dos décadas a la sombra del legado de su padre.
Mientras se siguen contabilizando los resultados oficiales de la votación del domingo, Fujimori tiene una ventaja suficiente para avanzar probablemente a una segunda vuelta en junio, aunque su oponente aún no ha sido definido. Ha perdido las dos últimas elecciones presidenciales por apenas unos 40,000 votos.
Fujimori, hija del fallecido expresidente Alberto Fujimori, tiene razones para creer que esta vez es diferente.
“Yo una vez dije que hasta un árbol le gana a Keiko Fujimori”, dijo Patricia Zárate, investigadora del Instituto de Estudios Peruanos. “Pero yo creo que ahora sí estamos en otro lugar”.
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La conservadora de 50 años se ha presentado como una fuente de estabilidad y continuidad tras años de destituciones y crisis políticas, pese a su papel en esa misma inestabilidad como figura clave en el Congreso.
Sus posturas promercado le han valido el respaldo de inversionistas que la ven como “el escudo” para proteger la Constitución de 1993, promulgada durante el gobierno de su padre, frente a un posible rival de izquierda, dijo Carlos Meléndez, analista político y director de la consultora 50+Uno en Lima.
Fujimori también se ha consolidado como una política de línea dura contra el crimen en un momento en que los peruanos sitúan la seguridad pública como su principal preocupación.
Una victoria en la segunda vuelta del 7 de junio la convertiría en la primera mujer presidenta (por votación) de Perú. También la sumaría a una creciente lista de presidentes en América Latina, como el chileno José Antonio Kast y el ecuatoriano Daniel Noboa, que han prometido mano dura en seguridad y programas favorables al mercado, una tendencia que podría extenderse a Colombia y Brasil este año.
Pero si pierde por cuarta vez, crecerán las voces que dicen que nunca logrará ganar la presidencia.

Primer lugar, otra vez
Keiko, como la conocen comúnmente los peruanos, se encamina a terminar en primer lugar en la primera vuelta, con conteos iniciales que muestran que obtuvo alrededor de 17% de los votos.
“El mandato de los peruanos es muy claro: ellos quieren orden”, dijo la noche del domingo, tras el cierre de las urnas.
Un representante de Fujimori no respondió a las solicitudes de comentarios.
Su énfasis en ley y orden recuerda a la presidencia de Alberto Fujimori entre 1990 y 2000, quien derrotó al movimiento insurgente maoísta Sendero Luminoso. También sentó las bases de la transformación económica del país en una potencia exportadora de cobre al controlar la hiperinflación.
La hija mayor de Alberto Fujimori, Keiko, se convirtió en primera dama a los 19 años, tras las acusaciones públicas de abuso y corrupción que su madre hizo contra Alberto, y desde entonces ha pasado casi toda su vida en la política.
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Se mantuvo en Lima tras la repentina renuncia de su padre por fax desde Japón en 2000 y, seis años después, fue elegida congresista. En 2011, se postuló por primera vez a la presidencia al frente del partido que hoy se conoce como Fuerza Popular.
Fujimori frecuentemente recurre al recuerdo del gobierno de su padre y este año busca sintetizar las credenciales de éste en materia económica y de seguridad en un mensaje que la impulse a la victoria.
Ha prometido reducir la burocracia para los emprendedores y elevar el crecimiento anual de Perú del 3% al 6%, respetar las reglas macroeconómicas y la independencia del banco central. En materia de seguridad, ha prometido restablecer el “orden, paz y progreso para todos los peruanos”.
Planea endurecer el control fronterizo y deportar a migrantes con antecedentes criminales. Perú ha recibido a unos 1.5 millones de venezolanos en los últimos años. Fujimori también quiere que los presos paguen por su alimentación, además de replicar la megacárcel de máxima seguridad que Nayib Bukele construyó en El Salvador.
Sin embargo, en campañas anteriores, el lado más controvertido de su padre ha pesado sobre sus posibilidades.

El exmandatario huyó de Lima hace 26 años en medio de acusaciones de corrupción y violaciones a los derechos humanos. Posteriormente fue extraditado desde Chile a Perú, donde fue encarcelado y condenado por corrupción y por el uso de escuadrones de la muerte en su lucha contra grupos terroristas.
Pero con la preocupación por el crimen violento y la migración ahora en el centro de la agenda, es evidente que votantes que antes rechazaban a alguien con el apellido Fujimori al menos la considerarán esta vez.
“Necesitamos un liderazgo fuerte como el que tenía mi padre”, dijo Fujimori en uno de los debates. “Tengo el coraje para enfrentar el crimen”.
Poco más de la mitad de los peruanos afirma que nunca votaría por ella, según una encuesta del IEP publicada en febrero, más de diez veces el nivel de rechazo de su principal rival, Rafael López Aliaga, exalcalde de Lima.
Sin embargo, una segunda vuelta que la enfrente a otro candidato conservador podría atenuar esas preocupaciones, especialmente si su oponente es percibido como aún más a la derecha que ella.
Los resultados iniciales sugieren que ese podría ser el caso. López Aliaga, quien ha modelado su candidatura según el estilo confrontacional de Donald Trump y es conocido coloquialmente como “Porky”, se ubica actualmente en el segundo lugar, según el conteo oficial.
“Yo creo que es su escenario favorito porque Fujimori siempre fue a la segunda vuelta con candidatos a la izquierda de ella”, dijo Meléndez. “Esta vez, con López Aliaga, la tiene más fácil porque lo tiene arrinconado a la derecha y tiene todo lo demás para agarrar”.
Un conteo rápido de Ipsos sugiere que otros dos candidatos —el sociólogo de centroderecha Jorge Nieto y el legislador de izquierda Roberto Sánchez— también tienen opciones de pasar a la segunda vuelta.
Este último generaría, en la práctica, una reedición de 2021, cuando Fujimori perdió por estrecho margen frente al izquierdista Pedro Castillo, un relativamente desconocido profesor rural. Pero, según Meléndez, ella lleva cinco años construyendo un mensaje para ese escenario.
“Keiko está jugando muy bien la carta del anticomunismo porque se ha dado cuenta que para combatir el antifujimorismo hay que usar el anticomunismo”, afirmó.
Sus propios obstáculos
Independientemente de quién resulte ser su nuevo oponente, el complejo pasado de su padre, quien había insinuado volver a postularse antes de su muerte en 2024, no será el único desafío que Fujimori deberá superar.
Ella misma ha construido una reputación propia, liderando el partido Fuerza Popular y a sus influyentes legisladores en el Congreso. Eso le ha permitido mantener su estatus como una de las figuras más prominentes y poderosas del país, pese a sus repetidas derrotas.
Sin embargo, muchos peruanos responsabilizan al menos en parte a Fuerza Popular por la inestabilidad política que ha afectado al país.
Perú ha tenido nueve presidentes en la última década. Ha tenido cuatro desde que Fujimori perdió la elección de 2021 frente a Castillo, quien fue destituido y encarcelado tras intentar cerrar el Congreso, un episodio que recuerda al intento de su padre casi 30 años antes.

Fujimori también ha enfrentado sus propias acusaciones de corrupción y fue investigada por lavado de dinero relacionado con el financiamiento de sus campañas de 2011 y 2016.
Pasó un breve periodo en prisión preventiva en una cárcel de mujeres, pero mantuvo su inocencia durante todo el proceso, argumentando que los intentos por procesarla eran una forma de criminalizar la política.
El principal tribunal constitucional de Perú desestimó el caso en octubre pasado, antes de que se realizara un juicio, al determinar que las leyes utilizadas para procesarla no existían en el momento de los presuntos delitos.
Días después, Fujimori anunció que volvería a postularse a la presidencia.








