
Inmediatamente después de la segunda vuelta electoral en Perú, Apoyo Consultoría encuestó a ejecutivos de sus más de 300 empresas e instituciones miembros del Servicio de Asesoría Empresarial (SAE) para conocer sus intenciones de invertir, las expectativas sobre sus ventas en la segunda mitad del año y su percepción sobre la capacidad del siguiente Gobierno para alcanzar coaliciones en el Congreso de la República, diferenciando entre los dos posibles escenarios electorales.
En ese sentido, el sondeo recoge sus primeras impresiones antes de tener una idea clara sobre quién podría ser el probable ganador o ganadora. Vale decir que, a la espera de los resultados oficiales, hasta el momento hay una ventaja de más de 18,800 votos de Keiko Fujimori, de Fuerza Popular, sobre Roberto Sánchez, de Juntos por el Perú.
Los resultados reflejan que la definición de la elección condicionaba panoramas económicos radicalmente diferentes.
Por un lado, los miembros del SAE declararon que sus estrategias de inversión iban a ser diferenciadas según el ganador de la contienda. En caso de una victoria de Fujimori, el 45% reportó que aceleraría el ritmo de sus inversiones en los siguientes seis meses, mientras que solo el 2% indicó que las reduciría. En cambio, en caso de una victoria de Sánchez, solo el 4% reportó que aceleraría, muy por debajo del 37% que respondió que reduciría.

Estas diferencias se sustentan en que el entorno de negocios esperado para cada resultado electoral era radicalmente distinto.
Las propuestas de Roberto Sánchez representaban un mayor riesgo para el modelo económico, la inversión y la actividad privada, incluso después de intentar moderarse. Estas incluían impulsar una Asamblea Constituyente (que probablemente hubiese sido contenida por el Congreso), un rol más activo del Estado en la economía, fortalecimiento sindical, entre otras.
Así, la percepción mayoritaria de los miembros del SAE fue que sus ventas hubiesen estado por debajo de sus metas en la segunda parte del año en caso de que Sánchez ganase la elección presidencial. En cambio, la mayoría (50%) reportó, más bien, esperar que sus ventas superen sus metas en ese periodo en caso de una victoria de Fujimori.

De esta manera, la –hasta ahora– probable victoria de Fujimori ubica al país en el escenario relativamente más favorable para el avance de la inversión empresarial. Sin embargo, aún es incierto si se reafirmarán los altos niveles de confianza para invertir reportados este mes bajo ese escenario después de que se conozcan los resultados al 100%. Eso requerirá que se asegure estabilidad política, mejoras en la gestión pública y que se avancen políticas favorables a la inversión privada.
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Una coalición necesaria en el país
Para conseguir esos objetivos, la formación de coaliciones y consensos políticos será clave. Aunque los escaños de Fuerza Popular en el Senado (22) serían suficientes para evitar una vacancia, el partido, de ser Gobierno, no podría, por sí mismo, aprobar leyes ni blindar a sus ministros frente a una eventual censura en la Cámara de Diputados.
Para sacar adelante varias de sus propuestas y garantizar la continuidad de su gabinete, en caso se les declare como ganadores, necesitará construir coaliciones en ambas cámaras.
Estas serán factibles si logra consolidar un bloque de centro-derecha junto con Renovación Popular y negociar con el centro, representado por el Partido del Buen Gobierno. Ello podría ocurrir en la medida en que Fuerza Popular esté dispuesta a ofrecer ciertas concesiones. De hecho, los miembros del SAE percibían que la formación de coaliciones sería más probable en un Gobierno de Fujimori de lo que sería en uno de Sánchez.

Límites a la capacidad de cambios
El proceso de negociación política implica que habrá ciertos límites a la capacidad del Poder Ejecutivo de implementar cambios legales significativos.
El primer pedido de delegación de facultades de Pedro Castillo resulta ilustrativo sobre cómo pueden diluirse algunas intenciones legislativas del Ejecutivo durante la deliberación parlamentaria, aun cuando la probable ganadora tenga una orientación económica opuesta.
En ese momento, se solicitó legislar en materia tributaria, fiscal, financiera y de reactivación económica. Puntos como la modificación al régimen tributario minero y la creación de nuevos impuestos fueron excluidos por implicar cambios económicos de fondo.

En contraste, las facultades aprobadas sin modificaciones correspondieron a medidas más tácticas, como digitalizar la fiscalización de Sunat o permitirle inscribir contribuyentes de oficio. De esta manera, la evolución de la confianza empresarial dependerá en buena medida de cómo el Ejecutivo maniobre dentro de la dinámica congresal para sortear, al menos en casos puntuales, esas restricciones e impulsar algunos cambios positivos.
Además de gestionar estas limitaciones legislativas, el Gobierno deberá llevar a cabo en el corto plazo una serie de acciones prioritarias que serán determinantes para la evolución de las expectativas empresariales.
Entre ellas figuran el nombramiento de funcionarios clave —el presidente del BCRP, el superintendente de la SBS, el presidente del Consejo de Ministros y el ministro de Economía, por ejemplo—, la reconstrucción de las capacidades de la burocracia estatal, la preparación y ejecución de un plan de mitigación frente al impacto del fenómeno de El Niño, la implementación de una estrategia eficaz contra la minería ilegal y el crimen organizado y, posiblemente, el manejo de brotes de conflictividad social.
La forma en que el Ejecutivo avance con estas acciones permitirá vislumbrar si se reafirma el optimismo empresarial bajo una probable presidencia de Keiko Fujimori. Esta podría ser la diferencia entre una inversión privada que crezca a doble dígito o una que avance a un dígito.
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El verdadero torneo recién está comenzando
Por Pablo del Águila, jefe del Servicio de Asesoría Empresarial (SAE) de Apoyo Consultoría
Después de la “clasificatoria” presidencial, probablemente lo más importante que escuché fue que no se debiera confundir alivio con felicidad. ¿Es el escenario más probable que pase el “equipo” menos riesgoso para el modelo económico y la actividad empresarial? Sí. ¿Eso nos da un respiro? Sí. ¿Podemos dormir tranquilos? No al 100%.
Primero, el país está claramente polarizado, la probable presidenta tendrá bajo capital político (solo 14% de los votantes la apoyó en primera vuelta) y hay un riesgo relevante de episodios de conflictividad social en los siguientes meses. Segundo, su bancada tiene varias “tarjetas amarillas” por su historial populista (aumento de gasto fiscal, extensión del Reinfo, retiros de fondos de las AFP). Tercero, tiene varios retos que harán difíciles sus primeros meses de gobierno y necesitará “goles” rápidos.
En este contexto, podría convenirle enfocarse en lo que puede hacer sin aprobación del Congreso, y apalancarse en su capacidad de convocar cuadros técnicos para avanzar con mejoras de gestión y servicios públicos, simplificación de procesos administrativos y destrabe de proyectos de inversión. Esto daría señales claras de un cambio en la “estrategia de juego”.
Así, por muy complicada que haya sido la “clasificatoria”, aún están por venir varios “partidos” relevantes y conviene recordar, dada la época mundialista, que goles que no haces…







