Una cuestión clave es la promesa que ha hecho la presidenta Keiko Fujimori respecto de poner énfasis en la política social, de modo que se refuerce nuestro capital humano a través de la educación y la salud. (Foto: Presidencia)
Una cuestión clave es la promesa que ha hecho la presidenta Keiko Fujimori respecto de poner énfasis en la política social, de modo que se refuerce nuestro capital humano a través de la educación y la salud. (Foto: Presidencia)

Hasta hace solo tres meses, el nivel de en nuestro país era muy elevado. La era bastante reñida y no se podía descartar que un partido que prometía un retroceso en ganara las elecciones.

El desenlace fue, sin embargo, bastante positivo. Un partido promercado logró la victoria y cuenta con suficientes votos en el Senado como para evitar una vacancia. Existe así la sensación de que la crisis política que se prolongó durante los últimos 10 años llegó a su fin. Hoy domina, por el contrario, un ambiente de optimismo que nos permite volver a discutir lo verdaderamente importante: cómo crecer más y mejorar el nivel de vida de todos los peruanos.

Que podamos ir más allá dependerá, en buena medida, de la capacidad del nuevo Gobierno para aprovechar este entorno, destrabar la inversión y generar condiciones para elevar nuevamente nuestro crecimiento potencial”. (Foto: Andina)
Que podamos ir más allá dependerá, en buena medida, de la capacidad del nuevo Gobierno para aprovechar este entorno, destrabar la inversión y generar condiciones para elevar nuevamente nuestro crecimiento potencial”. (Foto: Andina)

El crecimiento potencial y la “década dorada”

Un concepto útil para este análisis es el de crecimiento potencial. El PBI potencial es el nivel de producción que una economía puede alcanzar utilizando plenamente sus recursos disponibles: mano de obra, capital y tecnología. La velocidad a la que aumenta ese nivel de producción es lo que denominamos crecimiento potencial.

Entre el 2004 y el 2013 (“década dorada”), nuestro país atravesó una fase de crecimiento muy alto, con un potencial que llegó a casi 6%. Este desempeño estuvo asociado a una fuerte acumulación de capital, gracias al dinamismo de la inversión pública y privada, y al crecimiento de la productividad (en buena medida, gracias a la fuerte elevación de los precios de los metales).

Dejando de lado los tecnicismos, durante esos años se formó un círculo virtuoso. Los altos precios de los minerales elevaron el ingreso del país y mejoraron las expectativas empresariales. Esto impulsó la inversión privada y, con ella, el crecimiento.

Fue un periodo extraordinariamente positivo. El PBI casi se duplicó y, sobre todo, el empleo y los ingresos registraron un fuerte avance, lo que permitió que la pobreza cayera desde alrededor de 60% en el 2004 hasta cerca de 20% en el 2013. La fortaleza de la economía fue tal que, incluso durante la Gran Recesión del 2008-2009 (la peor crisis global desde 1929), el Perú logró crecer y continuar reduciendo la pobreza.

¿Podemos repetir el plato?

Entre el 2014 y el 2023, la economía peruana redujo marcadamente su crecimiento potencial, hasta llegar a tasas de apenas 2.6%. Los precios de los minerales habían descendido respecto de los máximos anteriores, pero a ello se sumó un problema interno cada vez más importante: la crisis política deterioró la confianza de empresas y familias sobre el futuro.

La incertidumbre llegó a un punto máximo en el 2021, cuando ganó las elecciones un gobierno que prometía cambiar las reglas de juego en materia económica. El temor fue tal que entre el 2021 y el 2022 salieron del país cerca de US$ 20 mil millones ante el miedo a potenciales expropiaciones y cambios radicales en el modelo económico (y la consecuente crisis que eso implicaría).

Sin embargo, desde el 2024 la economía peruana comenzó a recuperar cierto dinamismo. Durante ese año y el 2025 crecimos alrededor de 3.5%. Las expectativas empresariales entraron lentamente en terreno optimista y los sectores no primarios empezaron a mostrar una fortaleza que no se observaba desde hacía varios años.

Parecía comenzar a formarse, tímidamente, un nuevo círculo virtuoso. Y el gatillo que impulsó al primero había regresado: los precios del cobre y del oro volvieron a niveles históricamente altos. En el caso del cobre, su precio se encuentra aproximadamente 50% por encima del máximo alcanzado durante el periodo 2004-2013. Además, las condiciones de oferta y demanda hacen pensar que podría mantenerse en niveles elevados por un periodo prolongado.

El resultado de las recientes elecciones generales refuerza esta tendencia. Las expectativas empresariales han regresado a máximos que no se observaban en 10 años y la inversión viene creciendo a tasas de dos dígitos. Los sectores vinculados a la demanda interna avanzan alrededor de 5%, mientras que los indicadores del mercado laboral muestran que los ingresos reales de las familias vienen creciendo con fuerza, a pesar del reciente repunte de la inflación. Todo esto hace pensar que el círculo virtuoso que comenzó tímidamente en los últimos dos años podría fortalecerse y llevar al Perú hacia una nueva fase de crecimiento alto.

A pesar de que durante este año y el próximo vamos a sentir un golpe (fuerte) por el fenómeno de El Niño, a partir del 2028 la economía peruana debería estar en condiciones de crecer, como mínimo, 4%, pero no se puede descartar que sea aún más elevado. Que podamos ir más allá dependerá, en buena medida, de la capacidad del nuevo Gobierno para aprovechar este entorno, destrabar la inversión y generar condiciones para elevar nuevamente nuestro crecimiento potencial. Una cuestión clave en este proceso es, justamente, la promesa que ha hecho la presidenta Fujimori respecto de poner énfasis en la política social, de modo que se refuerce nuestro capital humano a través de la educación y la salud. En todo caso, las condiciones están dadas.

Eduardo A. Jiménez es jefe del Sistema de Información de Macroconsult

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