
Hacia el último tramo de este 2026 se espera que el fenómeno El Niño eleve su magnitud a ‘muy fuerte’, por lo que su impacto sobre la actividad empresarial no solo se limitará a interrupciones por lluvias, huaicos o deslizamientos, sino que también, en algunas zonas de la costa norte y central, el incremento de las temperaturas podría mermar la productividad y la seguridad de los trabajadores.
De acuerdo con especialistas consultados por Gestión, es un desafío para las organizaciones mantener sus metas de producción sin trasladar el riesgo climático a su talento. Dentro de los planes de acción están: anticipar los escenarios climáticos y adaptar la operación según el nivel de exposición por puesto.
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Amenaza de El Niño no solo está en las lluvias
Kharla Heredia, médico ocupacional y gerente de EstarBien, señala que la primera medida debe ser identificar los riesgos específicos a los que está expuesta cada operación.
“Proteger al trabajador y cumplir las metas de producción no deberían verse como objetivos opuestos”, dice. A su criterio, modificar horarios, rutas, pausas o condiciones de trabajo puede permitir que las empresas mantengan sus operaciones sin incrementar la exposición de los trabajadores.
Añade que el calor extremo no debería ser la única preocupación ante El Niño, dado que algunas empresas pueden verse golpeadas por las lluvias intensas, inundaciones, huaicos, deslizamientos e incluso episodios de frío.
¿Qué trabajadores están más expuestos?
Para actividades expuestas al calor, sostiene que están más vulnerables los empleados agrícolas, de construcción, pesca, transporte y determinadas actividades operativas en plantas industriales o refinerías, especialmente cuando existe esfuerzo físico y exposición directa al sol o a fuentes de calor.
Mientras que en zonas de altura, las bajas temperaturas podrían afectar a quienes se desplacen a unidades mineras o zonas remotas.
Patricia Paredes, directora médica de Pacífico Salud, explica que se debe incorporar el estrés térmico a la IPERC (Identificación de Peligros, Evaluación de Riesgos y Controles), dado que una temperatura ambiental determinada no necesariamente representa el mismo riesgo para todos los trabajadores.

Por ejemplo, un ambiente de 30 °C con alta humedad y trabajo pesado es más riesgoso que uno de 34 °C con ventilación y una tarea de menor exigencia física; y por eso se aplica un índice integrado WBGT que pondera la humedad, la radiación, la ventilación y el tiempo de exposición.
El calor y su impacto en la productividad
Paredes menciona, en datos de la Organización Mundial de la Salud (OMS), que la productividad laboral puede caer 2% y 3% por cada grado adicional de WBGT por encima de 20 °C, y que alrededor del 30% de los trabajadores bajo condiciones de sobrecarga calórica constante reportan caída de productividad.
También el calor extremo puede alterar la concentración y el desempeño cognitivo. Cita una investigación de Harvard publicada en PLOS Medicine, en la cual trabajadores jóvenes expuestos a mayores temperaturas interiores registraron un incremento aproximado de 13% en el tiempo de reacción y una caída cercana al 10% en el rendimiento cognitivo.
Cambios de horarios y pausas necesarias
Ambas expertas coinciden en que el FEN no obliga a las empresas a realizar grandes inversiones para mitigar los riesgos. Entre las acciones elementales, están trasladar las actividades de mayor esfuerzo físico hacia las horas de menor exposición al calor, establecer pausas de recuperación, garantizar hidratación permanente y habilitar zonas de sombra o espacios donde el trabajador pueda recuperarse.
Heredia propone modificar horarios de desplazamiento cuando existan riesgos vinculados con lluvias, huaicos o deslizamientos. “En determinadas operaciones, por ejemplo, evitar traslados nocturnos cuando las condiciones de la ruta sean más riesgosas puede contribuir a reducir la exposición”, subraya.

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Mientras que Paredes apuesta por la aclimatación progresiva, el ajuste de horarios, disponibilidad de agua, sombra y pausas pagadas. Aquí, recomienda revisar los esquemas de remuneración a destajo o por meta diaria, ya que “cuando el ingreso del trabajador depende directamente de cuánto produce en el turno, la pausa de recuperación se vuelve económicamente costosa para él, y en la práctica nadie la toma”.
“Las metas se sostienen razonablemente por tres vías: primero, mover las tareas más pesadas a las primeras horas del día o a los horarios de menor carga térmica; segundo, alternar trabajo y descanso, y tercero, planificar la temporada asumiendo desde el inicio una pérdida esperada de horas útiles”, indica Paredes.








