
Ninguna recuerda exactamente la primera reunión de directorio después de convertirse en madre. Pero todas recuerdan esa breve angustia inicial cuando la maternidad tocó sus vidas. Años después, seis altas ejecutivas de empresas como NGR —operadora de marcas como Bembos y Chinawok—, Jockey Plaza, Innova Schools, MSD Animal Health, Norbert Wiener e Ibope coinciden en algo: la maternidad terminó convirtiéndose en una escuela acelerada de gestión y empatía, y en una maestría de eficiencia y propósito.
Desde la CEO que viajaba hasta los siete meses de embarazo hasta la ejecutiva que descubrió que no podía controlarlo todo, estas líderes cuentan su historia y revelan cómo ser madres transformó su manera de dirigir equipos y tomar decisiones en el mundo corporativo.
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El temor inicial de la maternidad
Cuando Mariana Becerra, directora comercial del Jockey Plaza, supo que sería mamá, estaba en una etapa de “mucha velocidad”. Cerca de los 30 años, sentía la presión de crecer profesionalmente y cumplir con ese manual no escrito del éxito corporativo.
“Cuando me enteré que venía Tomás, recuerdo haber sentido dos cosas al mismo tiempo: una alegría enorme y, honestamente, también un poco de miedo de frenar”, cuenta.

Algo similar vivió Johana Inti, CEO de NGR. Cuando se enteró que sería mamá trabajaba en marketing corporativo para marcas globales y viajaba constantemente. Incluso continuó haciéndolo hasta los siete meses de embarazo.
“Uno de mis mayores temores en ese tiempo era justamente tener que dejar a mi bebé siendo tan pequeño. Pero algo que me ayudó mucho fue el consejo de las profesoras del nido, quienes me enseñaron sobre la importancia de transmitirle seguridad: decirle que ‘mamá se va, pero siempre vuelve’: en cada viaje le traía un carrito de la película Cars”, recuerda.

Aurelia Alvarado, CEO de Innova Schools Perú, cuenta que acababa de asumir un nuevo cargo como gerente de Administración y Finanzas cuando supo que sería mamá.
“Me emocioné pues ser mamá era algo que quería muchísimo. Sin embargo, también me dio miedo pensar en cómo iba a lograr balancear bien mi tiempo para seguir trabajando y haciendo algo que me apasionaba”, menciona.

En el caso de Magali Mora, directora general de MSD Animal Health en Perú (dueña de Bravecto), la noticia llegó prácticamente junto con un nuevo empleo.
“Me enteré de que estaba embarazada antes de cumplir un mes en MSD. Literalmente empecé dos grandes desafíos al mismo tiempo: un nuevo rol y mi primer hijo”, relata.

Mientras tanto, Ana Laura Barro Guevara, CEO de Ibope para Perú y Centroamérica, todavía estaba en la universidad cuando quedó embarazada. En una época en la que la maternidad temprana aún era vista con prejuicio, recuerda haber sentido miedo, pero también haber encontrado un nuevo motor de vida.
“Entendí que mi objetivo ya no estaba centrado solo en mí, sino también en esa personita que estaba a punto de llegar”, señala con cariño. Y añade con nostalgia: “Yo iba muy orgullosa con mi pancita. Tuve un gran apoyo de mis compañeros y de una gran maestra a quien siempre voy a recordar, y que además fue fundamental más adelante en mi vida profesional”, comparte.

Olga Horna, CEO de la Universidad Norbert Wiener, cuenta a G de Gestión que era gerente comercial del Instituto Carrión cuando supo que esperaba a María Fernanda, “una hija profundamente deseada”.
En su caso, la maternidad multiplicó su energía. “Trabajé hasta el mismo día del parto”, recuerda la ejecutiva que en esos años exploraba de cerca el mundo de las nuevas tecnologías, una pasión que, dice, se la transmitió a su hija desde el vientre.

Todas pasaron por la tensión que genera la idea de que ser madre podía alterar el ritmo profesional de sus vidas. Pero también aparece otra coincidencia: todas consideraron hacer ajustes y buscar eficiencias en su día a día, junto a su familia.
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La maternidad como escuela de eficiencia
Si hay una palabra en la que las seis altas ejecutivas coinciden es en la eficiencia. La maternidad las obligó a reorganizarse, dicen algunas de ellas.
Aurelia Alvarado, CEO de Innova Schools, cuenta -por ejemplo- que tuvo que hacer muchos ajustes: “Horarios de trabajo más disciplinados para poder llegar a casa a bañar y dormir a mi bebé, uso de aplicativos para tener recordatorios de la logística en casa sin olvidar mis pendientes en el trabajo, conversaciones de corresponsabilidad con mi esposo”, explica.
Con el tiempo descubrió algo inesperado: ser mamá la volvió más eficiente. “Trabajar me hacía sentir feliz y autorrealizada, y eso también me hacía mejor mamá”, afirma.
Mariana Becerra, del Jockey Plaza, también habla de una “edición” de su vida profesional. “Empecé a ser mucho más selectiva con mi tiempo y mi energía y eso, lejos de limitarme, me volvió más estratégica”, comenta. La maternidad, agrega, le enseñó a delegar de verdad.
“No descubrí que mi mejor trabajo sale de las horas que le dedico a algo, sino de la claridad con la que llego a cada espacio”, sostiene.
En el caso de Johana Inti, de NGR, la transformación pasó por aprender a priorizar. “Aprendí a estar verdaderamente presente en cada momento”, dice. Recuerda especialmente la hora del baño de su hijo como un ritual irrenunciable dentro de una agenda ejecutiva marcada por viajes y reuniones.
“Nunca he renunciado a mi desarrollo profesional por ser mamá; al contrario, siendo madre de tres hijos, siento que ellos han sido mi mayor fuente de fuerza y determinación para demostrarme que la vida personal y profesional sí pueden convivir de manera plena”, resalta.
Para Ana Laura Barro, de Ibope, el gran aprendizaje llegó con su segundo hijo.
“Con el primero sentía mucha culpa: por no estar suficiente en el trabajo o por no estar suficiente en casa. Con el segundo entendí que no se trata de ser perfecta en todo, sino de estar presente en lo que toca en cada momento”, explica. Ese cambio de mentalidad terminó impactando directamente en su manera de liderar.
Olga Horna, de Norbert Wiener, afirma que la maternidad le planteó un cambio importante en sus prioridades. Decidió tomar su licencia de maternidad y sumarle sus vacaciones: acompañó a su hija en sus primeros seis meses de vida. “Más que alejarme de mi carrera, la maternidad me ayudó a redescubrirme y a valorar aún más el equilibrio entre lo profesional y lo personal”, menciona.
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Liderar desde la empatía, soltar el perfeccionismo
Si antes el liderazgo corporativo se asociaba principalmente con control, resultados y jerarquía, después de la maternidad muchas de estas ejecutivas peruanas empezaron a hablar de escucha, contención y empatía.
“Las personas no son su trabajo; son una colección de vivencias, relaciones, experiencias y emociones”, sostiene Aurelia Alvarado. La maternidad —anota— la convirtió en una líder más humana y cercana.
Johana Inti coincide. “Hoy concibo el liderazgo como un rol mucho más cercano, donde no solo das dirección, sino donde estás presente para tu equipo”, explica.
“Mirando hacia atrás, creo que mi principal cambio fue entender que liderar no es solo dirigir, sino acompañar. Hoy concibo el liderazgo como un rol mucho más cercano, donde no solo das dirección, sino donde estás presente para tu equipo: escuchando, dando feedback honesto y oportuno, incluso cuando es difícil, pero siempre desde un interés genuino por desarrollar a las personas. La maternidad me volvió más consciente de que todos estamos en procesos distintos, y que el rol del líder también es contener, impulsar y ayudar a que las personas crezcan”, reflexiona.
Olga Horna, CEO de la Universidad Norbert Wiener y el Instituto Carrión, asegura que convertirse en madre le permitió entender el valor de construir entornos seguros y oportunidades de crecimiento. “Gracias a mi maternidad conocí el amor infinito y me volví más empática, especialmente con los jóvenes”, afirma.
Ese aprendizaje terminó trasladándose a su propósito profesional. “De ahí viene mi compromiso con que todos tengan las mismas oportunidades para crecer profesionalmente”, añade.
En el caso de Ana Laura Barro, el principal cambio fue comprender que el liderazgo se construye desde el ejemplo. “Ser congruente con nuestros valores, hablar siempre con la verdad y liderar desde el ejemplo es lo más importante”, sostiene.
Para ella, la maternidad reforzó conceptos como trabajo en equipo, coherencia y autenticidad. “Desde que nació mi primera hija somos un equipo”, dice. “Yo creo que la profesión más difícil es la de ser mamá. Uno puede estudiar para ser publicista, para ser doctor, pero nadie te enseña a ser mamá. Porque siendo madre de dos hijas, te puedo decir que la educación es diferente porque cada quien tiene su propia personalidad”.
Otra coincidencia aparece casi de forma transversal en estos casos: aprender a aceptar que no todo puede controlarse. “Ser mamá es algo que te enseña a ser flexible a la mala”, admite Mariana Becerra del Jockey Plaza.
La ejecutiva asegura que la maternidad redujo su tolerancia al perfeccionismo innecesario. “Amo la frase ‘lo perfecto es enemigo de lo bueno’”, comenta.
Hoy, dice, distingue con mayor claridad qué cosas merecen toda su energía y cuáles simplemente necesitan resolverse. “La maternidad me conectó con una dimensión más humana del liderazgo. Hoy, la búsqueda de equilibrio entre lo personal y profesional es prioridad tanto para mí como para mi equipo. Creo que eso me hace mejor líder, pero sobre todo persona”, agrega.
Magali Mora también habla de ese aprendizaje, incluyendo ganar paciencia. “La maternidad te enseña rápidamente que no siempre hay una sola forma de hacer las cosas… y que está bien”, señala. Ese cambio se trasladó directamente a su gestión. “Escuchar más, confiar en diferentes formas de llegar a un resultado y entender que los equipos —igual que los hijos— necesitan espacio para crecer a su manera”, concluye.










