
Las empresas peruanas —las que hoy lideran sectores, exportan y cotizan— no nacieron siendo grandes. En su mayoría, fueron negocios familiares que, con el tiempo, aprendieron a sobrevivir, crecer y transformarse. “Las compañías que hoy conocemos tienen 50 o hasta 100 años de historia. Pasaron por un proceso de crecimiento que les podía tomar décadas. Hoy todo ocurre en un entorno completamente distinto. Es más volátil y más rápido”, analiza Mariano Zegarra, líder de KPMG en Perú.
Y toda esa evolución ha impactado también en el ADN del empresario peruano. Durante décadas, previo a los 2000, el objetivo principal para ellas no fue crecer, sino resistir. En los años 70 y 80, el empresariado operaba en una economía cerrada, marcada por crisis recurrentes, alta inflación y alta incertidumbre política. En ese contexto, las empresas que habían en el país se enfocaban principalmente en mantenerse en pie.
Algunos cambios llegaron en los años 90. La apertura económica, la globalización y la irrupción del internet modificaron el panorama y las reglas del juego. El empresario dejó de competir solo con sus pares locales y empezó a enfrentarse a empresas internacionales. Surgió el fenómeno exportador y, con él, la exigencia de ser competitivo en un mercado global.

Empresas peruanas (del 2000 al 2015): búsqueda de eficiencias
“Esta etapa se podría resumir como una concentración del empresariado en eficiencia y gestión de procesos, expansión regional y global, así como importancia al tema de compliance”, señala Zegarra.
En los 2000 el Perú entró en una etapa de mayor estabilidad macroeconómica, se firmaron tratados de libre comercio (TLC) y se intensificó la llegada de inversión extranjera. Para las empresas locales, esto significó una oportunidad, pero también una presión inédita. Grupos como los Romero, Intercorp, Yanbal, entre otras, se convirtieron en compañías globales, consolidando esa primera generación de empresas con alcance internacional.
“El gran reto era cómo volverse más eficiente para competir con empresas americanas, europeas o asiáticas, incluso dentro del propio mercado peruano”, recuerda Zegarra.

En esa búsqueda de eficiencia, las empresas peruanas empezaron a ordenar sus procesos, implementar sistemas tecnológicos —como los ERP— y fortalecer su control financiero. Este proceso fue acompañado por la adopción de mejores prácticas de gobierno corporativo, en parte impulsadas por la llegada de inversionistas internacionales y compañías globales.
Ese cambio se reflejó en estrategias empresariales más sofisticadas. Intercorp, por ejemplo, no solo buscó expandirse, sino construir un ecosistema de consumo alrededor de sus clientes, con adquisiciones en retail, entretenimiento y real estate.
“Tengo más de 30 años acompañando empresas de diferentes sectores y sí he visto una evolución importante en el empresariado formal”, dice el ejecutivo.
Un caso es el de la agroindustria, que actualmente opera bajo estándares de calidad y trazabilidad; ese es el caso de la producción del arándano, comenta. “Otro ejemplo es el de una empresa que es cliente nuestro y que es proveedora de cacao para Walmart. Entonces, ya tiene ese alcance global”, cuenta aunque evitó revelar el nombre de la empresa.
- Crisis financiera del 2008: “Fue una crisis profundamente enraizada en el sistema financiero, que llevó a muchas empresas a cuestionar incluso la validez de ese modelo. A partir de ese quiebre surgen fenómenos como las criptomonedas y otras tecnologías orientadas a desintermediar el sistema financiero global, tras una fuerte pérdida de credibilidad. Pese a ello, el impacto en el Perú fue menor que el de la pandemia. En esos años, el país mantenía una relativa estabilidad financiera y la crisis estuvo más concentrada en economías desarrolladas, especialmente en Estados Unidos, donde varios grandes bancos entraron en bancarrota”.
Si la primera década del siglo estuvo marcada por la eficiencia, la siguiente trajo algo distinto: mayor incertidumbre.
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“Convivir con la incertidumbre”: del 2015 al 2026
Desde el 2015, el entorno empresarial dejó de ofrecer estabilidad. La disrupción tecnológica, los cambios geopolíticos y los shocks externos —como la pandemia— configuraron un escenario donde la única constante es el cambio, como varias veces lo han repetido los empresarios peruanos.

“Si uno mira en perspectiva, el empresario peruano ha pasado de un enfoque de sobrevivencia a uno de adaptación constante, en tiempo real; el empresario peruano se ha acostumbrado a vivir sin una normalidad, a vivir en un entorno volátil, y pues obviamente ha empezado a desarrollar habilidades que antes no eran tan necesarias, digamos, habilidades blandas”, señala Zegarra.
Esa adaptación se puso a prueba de manera extrema durante la pandemia. De un día para otro, las empresas tuvieron que redefinir su relación con el cliente, digitalizar sus operaciones y resolver uno de los mayores desafíos logísticos: la última milla. “Muchas no lograron hacerlo. Otras sí, y lo hicieron con creatividad”, refiere el líder de KPMG en Perú.
“Los empresarios peruanos tuvieron una buena nota. Lograron encontrar soluciones innovadoras para mantenerse en el mercado”, destaca.
Uno de los casos que recuerda es la alianza entre Ripley (Chile) y Los Portales (Perú). Con los centros comerciales cerrados, los estacionamientos quedaron vacíos. La solución fue convertirlos en puntos de recojo para compras online, una respuesta que combinó logística, rapidez y colaboración entre sectores distintos. “No fue un proceso perfecto, hubo fallas al inicio, pero es un ejemplo claro de cómo se pueden generar soluciones cuando el entorno lo exige”, señala.
Hoy, sin embargo, los retos no solo vienen del mercado o del consumidor. También emergen desde la tecnología. La ciberseguridad, por ejemplo, se ha convertido en uno de los principales desafíos. El líder de KPMG recuerda una frase que escuchó en una charla del director de la NSA en Estados Unidos: “En el mundo existen dos tipos de empresas: las que han sido hackeadas y las que aún no lo saben”. Una advertencia que resume la complejidad del entorno actual.

Tres rasgos del ADN del empresario peruano
“Yo te diría que hay tres grandes factores que destacan. El primero es la transformación cultural. El empresario peruano ha entendido que ya no solo basta con invertir en tecnología per se, y aunque puede sonar como cliché, la transformación cultural es probablemente uno de los factores más importantes del éxito o fracaso de una empresa en el entorno actual”, subraya Mariano Zegarra.
El segundo gran paso es de la rentabilidad al propósito. Las empresas ya no son evaluadas únicamente por sus resultados financieros, sino por su impacto ambiental y social.
Y el tercero es lo que se denomina el “contrato emocional”. En un mercado laboral cada vez más competitivo, atraer y retener talento implica ofrecer algo más que un salario. Flexibilidad, bienestar y sentido de propósito se han vuelto factores decisivos.
Reflexiones finales
“Si tuviera que resumir el ADN empresarial, no diría que es más cauto, porque es un empresario que está tan acostumbrado a lidiar con problemas exógenos, con problemas internos [del país] que, sin duda alguna, es un empresario que suele ser prudente”, refiere Zegarra sobre la exposición también de los CEO y fundadores de empresas a las redes sociales.
La manera en que cambia el mundo -más rápido y volátil- también ha cambiado la forma de planificar. Si antes las empresas trazaban hojas de ruta a cinco o diez años, hoy los horizontes se han acortado.
“Puedes tener una ambición a cinco años, pero la planificación es mucho más corta. Hoy se piensa en trimestres”, afirma Zegarra.
En un mundo donde las empresas más valiosas han cambiado radicalmente en apenas dos décadas —y donde las tecnológicas dominan el escenario—, el empresariado peruano enfrenta un desafío distinto al de generaciones anteriores. Ya no se trata de resistir ni solo de crecer, también de evolucionar constantemente.
“Si tengo que resumir el ADN del empresario peruano, si quieres en términos darwinianos, puedo decir que está bastante bien preparado para sobrevivir a esta evolución de la nueva especie empresarial. Está muy bien preparado para gestionar crisis y convertirlas en oportunidades”, expresó Zegarra en referencia al actual panorama del país y ante la cercanía de una segunda vuelta electoral, un escenario que ha generado cierta incertidumbre entre las consultoras que, a inicios de año, esperaban un crecimiento por arriba del 4% y que ahora estarían ajustando sus estimaciones.

Coordinadora en la revista G de Gestión e integrante del podcast de economía y negocios 'Actualidad Latinoamericana'. Escribo sobre management, agricultura, tecnología y emprendimientos. Bachiller en Periodismo por la Universidad Antonio Ruiz de Montoya. Activa participante de los cursos del Centro Knight para el Periodismo en las Américas.









