
Arequipa, Lima y Trujillo, en Perú, se encuentran entre las ciudades con mayor tráfico vehicular del mundo, lo que no solo deteriora la calidad de vida, sino también genera importantes pérdidas de productividad.
Así, la necesidad de un sistema de transporte público masivo e integrado es evidente. Sin embargo, en Lima, la cobertura es baja, la red actual está saturada y los proyectos de ampliación acumulan retrasos significativos. En el resto de las ciudades los avances son aún más incipientes.
LEA TAMBiÉN: ¿Salvaguardar al Banco Central de Velarde? Solo 15 de 35 planes de gobierno lo plantean
Gran nivel de congestión
En el 2025, Arequipa y Lima ocuparon el primer y segundo lugar en el ranking mundial de ciudades con la mayor congestión vehicular.
Según TomTom Traffic, en ambas ciudades, el pasajero promedio pierde más de 6 días al año atrapado en el tráfico en hora punta, 80% más que en Santiago de Chile (3.5 días). Trujillo también figura entre las ciudades con mayor tráfico. El año pasado, empató con Cartagena en el puesto 10 a nivel mundial, con un promedio de 5.2 días perdidos anuales.
Esta situación tiene un costo económico significativo por el tiempo desaprovechado. Según estimaciones del IPE, en el 2025, el tiempo perdido en tráfico generó un costo económico de más S/ 380 millones en Arequipa, S/ 279 millones en Trujillo y S/ 4,116 millones en Lima. En conjunto, ello representa 0.4% del PBI.

Retos del transporte público
Los sistemas concesionados como el Metropolitano o la Línea 1 del Metro han evitado un mayor deterioro del tráfico vehicular en Lima, donde diariamente se recorren grandes distancias.
Por ejemplo, alrededor de un cuarto de los usuarios de la Línea 1 se traslada en las mañanas desde las estaciones Bayóvar o Villa El Salvador y retorna por la tarde desde Gamarra o La Cultura, un recorrido de 14 kilómetros en su tramo más corto.
Sin la existencia del tren eléctrico, el tiempo de viaje entre estas estaciones (entre 20 y 30 minutos) más que se duplicaría, incluso yendo en auto, según Google Maps.

Sin embargo, la cobertura de estos sistemas aún es limitada. En Lima, la Línea 1 apenas registra 1,575 pasajeros por cada mil habitantes, cinco veces menos que el Metro de Santiago. Asimismo, el Metropolitano alcanza en promedio 892 viajes por cada mil personas, mientras que el TransMilenio en Bogotá reporta casi siete veces más.

Además, la infraestructura actual enfrenta grandes presiones de demanda. Durante el 2025, la Línea 1 superó su capacidad de atención diaria en 254 ocasiones (70% del total de días del año), más de tres veces lo ocurrido en el 2024, lo que resultó en colas más largas y estaciones abarrotadas.

Es evidente la necesidad de ampliar el sistema actual. Sin embargo, la Línea 2 viene retrasada debido a la demora en la entrega de terrenos y la alta rotación de funcionarios: en la última década, se designaron 19 ministros en el Ministerio de Transportes y Comunicaciones (MTC).
Ello también limitó la continuidad de los proyectos de transporte y la ejecución de las obras necesarias. En diciembre último, la Autoridad de Transporte Urbano (ATU) para Lima y Callao aprobó el Plan de Movilidad Urbana para Lima, que incluye la puesta en marcha de las Líneas 3 y 4 hacia el 2035. Sin embargo, si no se solucionan los retos antes mencionados, es probable que estos proyectos también enfrenten demoras similares.
En el resto de las ciudades del país, el avance hacia un sistema público de transporte integrado aún es incipiente. Arequipa y Trujillo tienen planes para la implementación de corredores similares al Metropolitano, pero aún están en etapas de planeamiento y diseño. Ante la ausencia de una autoridad de transporte urbano, el éxito de estos proyectos recae en la capacidad de planeamiento y ejecución de los gobiernos subnacionales.
LEA TAMBIÉN: Las 5 regiones líderes del año y qué pasó con el crecimiento económico en el resto del Perú
Infraestructura y sistemas de transporte
Mientras tanto la tenencia de vehículos particulares continúa expandiéndose. En el 2024, la proporción de hogares con autos o camionetas a nivel nacional alcanzó 12.6%, con niveles más marcados en ciudades donde el tráfico ya es elevado. Por ejemplo, Arequipa y Lima Metropolitana y Callao registraron tasas de tenencia de 27.6% y 18.6%, por encima del promedio nacional.

En Lima, ello resulta crítico al considerar que registra grandes proyectos de infraestructura vial paralizados o con retrasos. Por ejemplo, el Anillo Vial Periférico —orientado a mejorar la conectividad periférica— presenta demoras asociadas a la liberación de predios, condición necesaria para iniciar obras en los tramos planificados.
Por otro lado, persisten accidentes en la Vía Expresa Sur, luego de haber sido construida sin todos los permisos necesarios. Y, recientemente la Vía Expresa Santa Rosa y la Nueva Carretera Central entraron en una etapa de incertidumbre tras la cancelación de la asistencia técnica del acuerdo Gobierno a Gobierno (G2G).
Además, aun hace falta avanzar hacia un sistema de transporte público masivo e integrado, que según el Plan de Movilidad Urbana para Lima, permita incrementar las zonas de empleo cubiertas por este tipo de transporte de 33% a 82% al 2045.
Para ello, resalta el avance de las negociaciones de la adenda de la Línea 1 del Metro, que se espera firmar en los siguientes meses y permitiría alcanzar el millón de pasajeros trasladados por día hacia el 2030 con una inversión de US$ 3,200 millones. Asimismo, urge sincerar la fecha de entrega de las 30 estaciones restantes de la Línea 2, incluido el ramal de la Línea 4, de modo que se pueda alcanzar los cerca de 900 mil pasajeros por día que se espera movilizar
Por su parte, la ATU viene impulsando la recuperación de una oferta adecuada de transporte público, que busca reemplazar e incrementar 9,000 unidades de transporte y que incluirían buses eléctricos y a gas natural. Además, concretar la concesión de las Líneas 3 y 4 vía Asociación Público Privada (APP).
Resulta positivo también el próximo lanzamiento de un sistema de recaudo integrado. En un sistema de transporte que use cada vez menos efectivo, esta medida puede potencialmente reducir la incidencia de actividades criminales en el transporte público.
Queda pendiente, sin embargo, que el Ejecutivo retome el programa de chatarreo para lo cual hace falta presupuesto.

Luciana Cáceda, economista del IPE
Reducir de manera sostenible la congestión urbana e impulsar la productividad exige avanzar hacia un sistema de transporte público masivo. Para ello, hace falta una mejor planificación y ejecución. Es esencial una gobernanza sólida capaz de sostener decisiones técnicas y anticipar los cuellos de botella que hoy retrasan la concesión y ejecución de los proyectos. Propuestas para eliminar la ATU o la alta rotación de los funcionarios en las entidades clave solo continuarán retrasando el desarrollo de infraestructura y un sistema adecuado de transporte público.








