
Aunque el precio del petróleo se ha moderado en las últimas semanas, aún se mantiene cercano a US$ 100 por barril, aproximadamente 30% por encima de su nivel previo al conflicto. Esto ha generado importantes presiones inflacionarias en el mundo y se estima que el Perú recién regresaría al rango meta del Banco Central de Reserva del Perú (BCRP) en 2027.
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Impacto local
Tras el inicio del conflicto en Medio Oriente, la mediana del precio de venta al público de diésel en Lima Metropolitana pasó de S/ 15.40 a S/ 23.10, un aumento de 50%.
El Instituto Peruano de Economía (IPE) estima que el 70% de este incremento se explica directamente por las mayores cotizaciones internacionales.

La depreciación del sol, producto de la mayor incertidumbre local por las elecciones, también contribuyó a dicho aumento, aunque en menor proporción (5%).
Como resultado, en abril, el BCRP registró una inflación anual de combustibles de 13.5%, su valor más alto desde 2010, sin considerar el aumento durante la pandemia. Asimismo, la inflación en transporte ascendió a 18.6%, un máximo en casi tres décadas.
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Choque concentrado
El mayor impacto en los precios de Lima Metropolitana se observó en marzo. La inflación subió 2.1% ese mes, la mayor tasa mensual en 32 años. Hacia abril, las presiones persistieron: la inflación anual fue 3.7% a nivel nacional y 4.0% en Lima Metropolitana. Así, se acumularon dos meses consecutivos fuera del rango meta del BCRP (1%-3%), algo que no ocurría desde septiembre de 2023.
El impacto, sin embargo, no ha sido uniforme. Las ciudades con mayor inflación anual —Puerto Maldonado (6.0%), Moquegua (4.6%), Arequipa (4.6%), Huancayo (4.3%) y Abancay (4.1%)— fueron aquellas donde más aumentó el precio local de combustibles y transporte.
En el extremo opuesto, Tumbes (0.8%) y Trujillo (1.8%) se mantuvieron dentro del rango meta.
Un aspecto clave es que, a diferencia del periodo inflacionario 2022-2023, el aumento reciente no es generalizado. Solo el 33% de los rubros del Índice de Precios al Consumidor (IPC) registra variación anual mayor a 3%, menos de la mitad del máximo alcanzado en 2022 (75%).

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Presiones en el mediano plazo
Además de los combustibles, otros insumos clave se han encarecido internacionalmente. En abril, se elevaron los precios de los insumos usados en la producción de alimentos procesados, envases y materiales de construcción, con alzas de entre 6% y 8%. Ello impulsó al Índice de Precios al Por Mayor, que acumula 5.0% de crecimiento en lo que va del año.
Su traslado al precio final que paga el consumidor suele ser gradual, por lo que representa una presión inflacionaria que aún estaría por materializarse en su mayor parte.

Con ello, el Banco Mundial proyecta que los precios de fertilizantes subirán más de 30% en 2026, encareciendo los costos de cultivos esenciales como el arroz, la papa y el maíz choclo en los próximos meses.
Una institucionalidad que proteger
Según cálculos del IPE, la inflación cerraría en 4.1% en 2026, fuera del rango meta. Este impacto ya se refleja en la agenda ciudadana: según Ipsos, la preocupación por los precios altos pasó del séptimo al tercer lugar entre los principales problemas del país entre enero y mayo de 2026 (de 13% a 23%), solo detrás de la delincuencia y la corrupción.
El retorno al rango meta se daría recién en 2027, condicionado a que los choques de oferta sean transitorios y las expectativas de inflación a doce meses (2.8% en abril) permanezcan ancladas.
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El margen de acción interno es limitado: el origen del choque es externo y su impacto temporal debería disiparse conforme se estabilice el conflicto internacional.
Por ello, la prioridad del próximo Gobierno debe ser no generar incertidumbre, sino más bien un entorno económico que favorezca la inversión y no agrave la volatilidad cambiaria.
En ese contexto, la autonomía del BCRP y el nivel de las reservas internacionales — cuestionadas por Juntos por el Perú durante la campaña electoral— son los principales escudos del país para que este tipo de choques afecte lo menor posible a la economía de las familias.
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El riesgo de afectar la autonomía
Por Ana Lucía Del Río, economista del IPE
Al mantener la tasa en 4.25% por noveno mes consecutivo, el BCRP ha actuado con independencia técnica, preservando la estabilidad y sin frenar la recuperación.
Esa credibilidad —construida en casi tres décadas consecutivas de inflación de un dígito y con el Sol como la moneda más estable de América Latina— permite percibir el choque actual como uno transitorio.
Afectar esa autonomía tendrá costos concretos: solo en 2021, la incertidumbre política generó una salida de capitales de casi US$ 17 mil millones —7% del PBI del 2021—, buena parte de los cuales no ha retornado.
El próximo gobierno heredará un banco central que ha funcionado para todos los peruanos y es clave que lo siga haciendo.

Desde hace más de treinta años, el IPE es un actor clave en la discusión de propuestas para fortalecer las políticas públicas y el entorno económico, contribuyendo al desarrollo del país. El Instituto Peruano de Economía (IPE) es un centro de investigación sin fines de lucro orientado a la acción que promueve el desarrollo del Perú.







