
El precio de los minerales sigue nutriendo las cifras macroeconómicas del Perú, pero Juan José Marthans, director académico del área de Economía del PAD - Escuela de Dirección de la Universidad de Piura, advierte que este escenario favorable no será eterno. El buen momento, más bien, estaría ocultando profundas debilidades internas. ¿Cuáles son?
Como se recuerda, durante el 2025, el protagonismo se lo llevó el sector minero, que fue capaz de impulsar la recaudación fiscal y fortalecer las exportaciones, sobre todo, de cobre y oro.
LEA TAMBIÉN: El “piloto automático” no bastará para salvar el 2026
Entorno político bajo la lupa
—¿Observa un posible ajuste en los precios de los commodities y, con ello, un impacto?
Lo que se espera en materia de precios de oro y cobre para este 2026 no es nada desalentador. Es más, juegan a favor de Perú en términos de expectativas. El cobre va a seguir alto por un factor estructural: la matriz energética en el mundo está cambiando, por tanto, la demanda del metal rojo va a seguir siendo significativa. [...] De otro lado, hay techo todavía para que suba el oro.
—¿Puede considerarse sostenible un crecimiento que depende, en gran medida, de factores exógenos como los precios internacionales de los minerales?
Perú debe empezar a andar más allá del precio de minerales, y para que suceda eso tenemos que reinstitucionalizar al país, generar reformas estructurales y buscar que la constitución en su frente político realmente genere un equilibrio de poderes, no entre Legislativo y Ejecutivo, sino entre sector público y privado. No hay contrapesos ahí.
[...] Ahora preocupa el factor asociado al entorno político, que está marcado por un una suerte de señal nada favorable para el desempeño de la inversión.

—¿Por qué el foco apunta hacia dicha preocupación?
Porque [el contexto] está plagado de la posibilidad de que el proceso electoral no decante por un presidente a la altura del país y volvamos a tener una experiencia tan nefasta como la del Gobierno de Pedro Castillo, que destrozó la dinámica de producción y de inversión del Perú.
Castillo mostró que el PBI del país podía crecer por debajo de la dinámica de la economía mundial, y la secuela de su mandato fue el 2023-2024. Crecer en promedio 1.2% contra casi 3% del mundo es bastante penoso para un país que había sido tildado como uno de los milagros económicos de América Latina.
Volver a un escenario político donde se satanice la presencia del sector privado resultaría bastante delicado para el país. Si a ello se agrega cierto segmento de nuestra izquierda que sigue pregonando la posibilidad de un cambio de la constitución, vamos a repetir un episodio nefasto del Perú: 2021-2024. [...] Atentaría contra la recuperación del empleo y del bienestar.
—¿Estos buenos precios, entonces, estarían tapando la ineficiencia del Estado por dentro?
Que no quepa la menor duda de ello. [...] Tenemos que buscar un Gobierno que sea capaz de prepararnos para enfrentar el tramo depresivo del ciclo económico global.
¿Qué pasa si se abre una crisis financiera al interior de la economía norteamericana? ¿Qué pasa si hay un crack en la bolsa de valores de Estados Unidos? ¿Qué pasa si hay un desbalance entre los BRICS (Brasil, Rusia, India, China, Sudáfrica y miembros ampliados como Irán, EAU, Egipto, Etiopía, Indonesia) y el Grupo de los 7 (EE. UU., Canadá, Francia, Alemania, Italia, Japón, Reino Unido)?
Esas preguntas se las tiene que plantear cualquier analista. [...] Si Perú sigue demostrando madurez macroeconómica y, de pronto, se genera un desbalance internacional, ¿Perú sería una de las joyas de América Latina?
Esa joya va a atraer capital, ese capital va a afectar al tipo de cambio, ese tipo de cambio nos puede enfrentar a una enfermedad holandesa (el auge repentino de un sector, generalmente vinculado a recursos naturales, causa el declive de otros). No estamos viendo la partida de ajedrez completa, a 10 o a 20 jugadas más.

LEA TAMBIÉN: Elecciones 2026: sorteo para elegir a los miembros de mesa se realizará el 29 de enero
Un “gerente” a la altura
—Mencionó que lo que necesita el Perú es una aplicación de reformas estructurales, ¿cuáles serían?
Desde la reforma del Sistema Privado de Pensiones hasta la reforma del frente judicial. [...] Hemos tenido reformas, pero la calidad ejecutoria de las mismas ha sido insatisfactoria. El caso más palpable es el de la descentralización: hablar de 25 regiones es absurdo, también lo es hablar del número de gobernadores, quienes más están pendientes de cómo amplían el crédito suplementario año a año.
Si se revisa el factor de desarrollo, en la infraestructura a nivel nacional, tanto el esquema de Obras por impuestos (OxI) como el esquema de Asociación público-privada (APP) tienen debilidades, porque, en el fondo, cada vez que interviene un gobierno regional o local lo que se espera es un conjunto de trabas o condicionantes de carácter político y pecuniario.
Si queremos seguir canalizando recursos dada esta ineficiencia, es fundamental la reforma integral del Estado.
—¿Eso implica acortar el número de entidades?
El Perú, en el buen sentido de la palabra, es una empresa, así que su esquema de gobernanza tiene que ser similar a cualquier empresa exitosa del mundo. ¿Cuáles son los tres frentes básicos?
Los gestores, comandados por el gerente general; los que evalúan la gestión, que son básicamente los directores que establecen la hoja de ruta estratégica de la empresa y un primer contrapeso; y la asamblea general de accionistas, que son los 34 millones de peruanos.
Frente a ello, ¿cómo puede gerenciar adecuadamente un presidente con 19 gerentes en línea, que son los ministros? Eso, en la teoría básica de organización, es ineficiencia pura, y no estoy contando otras instituciones, como el número de gobiernos locales que hay en el país, que son más de 1,800. Es lamentable.

LEA TAMBIÉN: Alza del sueldo mínimo, incentivos tributarios a empresas y otras propuestas de los candidatos
Participación del privado
—¿Cómo se puede involucrar al sector privado para no entrar a la satanización, a la ola de que “el empresariado es malo”?
El sector empresarial ha tenido un accionar poco efectivo. ¿Cómo ha estado interviniendo? Con congresos anuales para reflexionar, pero eso no sirve. [...] ¿Qué es lo que le falta? Generar contrapesos con respecto a quien está al frente, un monstruo que hace lo que se le da la gana una vez que llega al poder.
La mejor manera de generar el contrapeso es crear mecanismos mediante los cuales el sector público se vea obligado a rendirle cuenta al sector privado, y que el sector privado pueda involucrar a la sociedad civil también.
—¿Cuáles son los pasos para lograrlo?
El primer paso es entrar, por ejemplo, a transparentar y a buscar mayor eficiencia en el desarrollo de megaproyectos sociales, como los de infraestructura. El segundo paso es mirar qué modificaciones en el frente político debería establecer la constitución para buscar que el modelo económico lleve mayor bienestar a parte importante de la población.
Eso tiene un cariz político mientras tengamos el Congreso actual, mientras tengamos a la elección del presidente como la tenemos y mientras el presidente pueda escoger a cualquier individuo que encuentre en la calle como ministro. La Policía tiene que mejorar sustancialmente también.
Acá hay que buscar enrutar al país en función de nuevas reglas y en donde el contrapeso entre el sector privado y público empiece a funcionar. [...] El sector político del país está demasiado empoderado.

Editor central, Ing. Economista de la UNI, diplomado en comunicación en la UDEP y estudios en Centrum. Más de 20 años de experiencia profesional en periodismo económico y comunicación, en negocios, finanzas y economía.

Redactora de Economía en diario Gestión. Periodista piurana con seis años de experiencia profesional en el rubro.









