
Hoy el sistema turístico en Cusco conecta a las comunidades, activa cadenas productivas y genera ingresos. Este engranaje, sin embargo, no alcanza a configurarse aún como un plan global que esté a la altura de la reputación internacional del Perú.
En suma, la Ciudad Imperial ya tiene una economía circular (EC). Lo que no tiene es una estrategia para hacerla incluso más eficiente. Por ahora el modelo funciona a pequeña escala, como “ensayos”, pero la oportunidad de convertirlo en un motor competitivo sigue esperando decisiones. ¿Cuáles?
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La EC como parte de la respuesta
Carlos González, presidente de la Cámara de Turismo de Cusco, comenta que el pueblo de Chinchero, en el Valle Sagrado de los Incas, es uno de múltiples ejemplos de cómo la circularidad puede ser una poderosa herramienta en la lucha contra la pobreza.
“La alianza entre tour operadores y asociaciones de mujeres tejedoras ha permitido crear una oferta turística emblemática que, a su vez, ha generado ingresos importantes para un sector de la población anteriormente enfocado en la agricultura de autoconsumo”, sostiene.
En ese sentido, se refiere también a Machu Picchu, la atracción símbolo del Perú, y asegura que, más que un problema de exceso de visitantes, esta maravilla del mundo arrastra un desajuste en la planificación. Pero detalla que ya hay una solución en camino.
“Gracias al trabajo articulado del sector público y privado de turismo, hemos generado la presión necesaria para que el recientemente lanzado Plan Maestro del Santuario Histórico de Machupicchu 2026-2030 incorpore al turismo como un objetivo estratégico. Todos los planes anteriores no solamente no consideraban al turismo como un eje estratégico, sino que además citaban al turismo como una amenaza”, recuerda.
Explica, así, que convertir el turismo en una política de Estado permitirá ordenar el desarrollo del territorio bajo “un enfoque sostenible que incorpore a la circularidad como herramienta indispensable”.
Por su parte, Lluís Torrent, consultor en economía circular y cambio climático, describe cuál sería el protagonismo de este circuito.
“La economía circular no resolverá por sí sola todos los riesgos [que hay en Machu Picchu], pero sí puede mitigar varios de los más importantes: reducir residuos, bajar demanda de agua y energía por visitante, fortalecer proveedores locales, distribuir mejor los beneficios y descomprimir algunos puntos críticos con una oferta más diversificada”.
Al igual que González, subraya que “Cusco ya está moviéndose” y brinda más ejemplos: “El Gobierno Regional informó en 2025 de un proyecto con KOICA y UNESCO para fortalecer la gestión de residuos en 12 distritos de Cusco y Urubamba, y casos peruanos como Eco-Ollantay o la nueva ruta ecoturística de la comunidad nativa Sapani, en Atalaya (Ucayali), muestran que el camino pasa por combinar competitividad turística, identidad cultural local y conservación del territorio”.
A ello se suma Turismo Circular Perú, impulsado por la Cámara Nacional de Turismo (Canatur) con apoyo de la Unión Europea (UE) y la Agencia Española de Cooperación Internacional para el Desarrollo (AECID), que promueve capacidades, indicadores y modelos en zonas clave como la Capital Histórica del país.
Ambos expertos integran la lista de ponentes que participan hoy en el II Foro de Economía Circular, organizado por la Cámara Oficial de Comercio de España en el Perú, en alianza con Gestión.

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El termómetro de la circularidad
Medir es fundamental para validar si Cusco avanza en este modelo, indica Torrent. Conocer la cantidad de agua y energía que emplea cada visitante está bien, pero “no basta con indicadores ambientales”, insiste. Enumera, por tanto, otros elementos que alimentarían mejor el “termómetro”: la concentración de visitantes en puntos críticos, la estacionalidad, el gasto que se queda en proveedores locales, la participación de micro, pequeñas y medianas empresas del territorio, la percepción de residentes y la calidad de la coordinación público-privada.
“Barcelona es una referencia muy útil porque su sistema de indicadores de turismo sostenible integra precisamente dimensiones económicas, socioculturales y ambientales, y no se queda solo en la huella ecológica. En un lugar como Cusco, eso significa mirar no solo al hotel o al restaurante, sino al conjunto del destino: movilidad, compras, residuos, patrimonio y relación con la comunidad”, complementa.
Y, posterior a la medición, advierte González, se requiere un marco regulatorio que premie la formalidad, genere incentivos adecuados y, sobre todo, articule a los actores del territorio para que el cambio sea real:
“El Estado debe cumplir con su rol promotor de la economía de libre mercado, haciendo incidencia en la visibilización de cómo el tejido de redes entre empresarios, emprendedores, artistas, artesanos, agricultores, asociaciones de jóvenes, mujeres, adultos mayores y más pueden articularse de manera que tanto la oferta como la demanda se vean beneficiadas”, afirma.

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Expectativas
En los próximos cinco años, opina el vocero de la Cámara de Turismo de Cusco, la región debería avanzar hacia una planificación territorial más integrada, donde el Aeropuerto Internacional de Chinchero funcione como un hub de conectividad para el turismo y el comercio exterior. En esa ruta, la economía circular puede ampliar la participación de más actores locales y abrir las puertas hacia una inversión de mayor calidad.
“La clave es que la economía circular no homogenice el destino, sino que refuerce lo que lo hace único. En Cusco eso significa priorizar compras locales, gastronomía de proximidad, saberes tradicionales, mantenimiento adecuado del patrimonio, empleo local y mayor protagonismo de la comunidad en la oferta turística. Si la circularidad se entiende solo como reciclaje o eficiencia energética, se queda corta; si se conecta con cultura, territorio y comunidad, puede convertirse en una herramienta real de protección de la autenticidad”, refuerza Torrent.
Para él, la circularidad puede dialogar muy bien con la cosmovisión andina. El principio del ayni, entendido como reciprocidad, ayuda mutua y equilibrio entre comunidad y entorno, conecta muy bien con la idea de que el turismo debe devolver valor al territorio.
“El agroturismo y el turismo comunitario bien diseñados no folclorizan la cultura, sino que la convierten en una fuente de valor económico compatible con su preservación”, concluye.
- El dato:
Además de Barcelona, en Europa hay otros referentes claros: Ámsterdam resalta por su enfoque de límites ecológicos y bienestar social; Islas Baleares, por exigir leyes de circularidad para los alojamientos turísticos; y La Gomera, por combinar turismo sostenible, ecoturismo y participación empresarial con cuidado hacia zonas rurales y el sector primario.
En la región, Costa Rica sigue marcando el camino: une turismo y sostenibilidad. A la par, iniciativas como Maya Ka’an en Quintana Roo y los Pueblos Mancomunados de Oaxaca muestran el valor del turismo comunitario.









