
El consumidor peruano empezó el año “desgastado” y con alta incertidumbre debido al clima electoral de esta primera parte del 2026. Frente a la ansiedad, ha incorporado gastos en indulgencias, señaló Cristina Quiñones, CEO de Consumer Truth, en diálogo con el canal de diario Gestión.
Los consumidores -añadió- está buscando marcas más transparentes y que digan la verdad. “Ante la desconfianza política, hay una mayor búsqueda de empresarios más honestos. Donde la marca no brinde discursos técnicos, sino una venta más ligada a la inspiración y con la simplicidad”.
De acuerdo a la experta, el consumidor peruano esperaría que las marcas y empresas, dependiendo de su rubro, se involucren en cerrar brechas sociales. “Pero no buscan propósito solamente, también acciones reales. Si eres una empresa de alimentos, podría involucrarse en campañas de reducir la anemia”, comentó.
“La gente prefiere aquello que ve. Las acciones gritan más que las palabras”, enfatizó.
En esa línea también recordó que ante este clima de desgasto e incertidumbre, hay elementos que unen siempre a los peruanos: “la cultura, la gastronomía y el emprendimiento local”.
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Consumidor en regiones
En regiones, la apuesta por el emprendimiento local es más fuerte. Surgen marcas que mantienen la identidad regional y construyen valor desde el origen. Ese arraigo —el orgullo por lo propio— es un diferencial que muchas veces no se replica en Lima. Son negocios que, además de generar ingresos, dinamizan economías locales, crean empleo y abren oportunidades, especialmente para jóvenes, mencionó la ejecutiva.
A diferencia de las grandes marcas —más visibles en Lima y con estrategias de marketing sofisticadas—, estas propuestas conectan desde la cercanía. Muchas crecen a partir del boca a boca. Marcas como La Ibérica de Arequipa, por ejemplo, transmiten esa sensación: no solo venden un producto, sino una historia construida con pasión, señala.
Hoy, además, las redes sociales han amplificado ese fenómeno. Las personas generan corrientes de opinión que pueden tener más impacto que un discurso técnico o político. En ese contexto, lo que el consumidor cuestiona es la “pose”. Busca autenticidad, simplicidad y coherencia.
Además, en un escenario político tenso, como el actual, el consumidor también enfrenta desgaste. Las conversaciones se polarizan —incluso en espacios personales como los grupos de WhatsApp— y surge la necesidad de “marcas puente”: aquellas capaces de conectar, de proponer visiones compartidas y de hablar menos de sí mismas y más del país, finalizó.







