
La dispersión del voto por la crisis partidaria e informalidad política explica que no haya un ganador por amplia mayoría en las primeras vueltas, según Eduardo Hernando Nieto, director de la carrera de Ciencias Políticas de la UPC. Y es que, de las últimas ocho contiendas electorales presidenciales, siete se han resuelto en una segunda vuelta La excepción ocurrió en 1995.
“Fujimori logró en el año 95 más de 4 millones de votos (64%) frente a Javier Pérez de Cuéllar (21.5%) y se hablaba de un fraude estructural por su control en los medios de comunicación, irregularidades normativas y el apoyo de las Fuerzas Armadas. Difícilmente se podría considerar que fueron equitativas para todos”, menciona.


Causas de la sobreoferta electoral en la primera vuelta
Para los comicios del 2026 se llegó a 36 organizaciones aspirantes a la presidencia, de las 43 aptas que se tenían inicialmente. Hernando Nieto señala que, al existir pocas agrupaciones políticas institucionalizadas, muchos ciudadanos quieren replicar la figura del outsider, del que juega fuera del sistema.
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Agrega que el Perú padece de un mal en su sistema electoral tras bajarse la valla para la inscripción de las agrupaciones políticas y eliminarse las elecciones primarias (PASO).

Los politólogos Andrés Malamud y Carlos Meléndez advirtieron a Gestión que el mal endémico no es el balotaje electoral, sino la incapacidad estructural del sistema para producir mayorías desde la primera vuelta.
Según Malamud, la atomización partidaria se agudizó y desbordó los estándares regionales, ya que en 2021, los dos candidatos más votados (Pedro Castillo y Keiko Fujimori) apenas sumaron el 32% de los votos válidos, una media inferior a la de otros países, donde el promedio supera el 50% habitualmente.
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Meléndez señala que el diseño institucional agrava la senda de estabilidad política, pues mientras la segunda vuelta concentra el voto presidencial en dos opciones, el Congreso ya se ha definido en un escenario fragmentado. El resultado es “un Ejecutivo con legitimidad electoral, pero sin respaldo legislativo”
Hernando Nieto precisa que a esta ecuación se le debe añadir la apatía o rechazo hacia la actividad política, propio del desinterés por la constante crisis.
“Por fortuna, en nuestro caso los efectos prácticos son menores gracias a que en último término gobierna la Constitución antes que los políticos; de allí la estabilidad económica a pesar de la turbulencia política. El único problema sería si llegara al poder alguien que estuviese en contra de la Constitución”, comentó.









