
El 32.8% de los peruanos que no se encuentra en situación de pobreza está en riesgo de caer en ella ante un shock adverso. Esta es una de las principales conclusiones de La Pobreza del Futuro, un diagnóstico que recorre la evolución de la pobreza desde una perspectiva global hasta la realidad peruana y analiza los factores que podrían determinar su comportamiento en las próximas décadas.
El análisis, presentado por Giovanni Di Plácido, director de Research y Estrategia de la FMBBVA, examina, entre otros aspectos, el impacto del cambio climático y el Fenómeno El Niño, los cambios en el empleo, el envejecimiento, la informalidad y la inteligencia artificial. Además, utiliza mapas climáticos e información sobre el FEN para mostrar cómo la vulnerabilidad varía entre las regiones y plantea nuevos perfiles de pobreza hacia el futuro.
El porcentaje supera al de la población que actualmente vive en pobreza monetaria, que alcanza al 25.7%, según los datos recogidos en el diagnóstico.
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El problema ya no sería únicamente conseguir que una persona supere la línea de ingresos, sino que pueda mantenerse por encima de ella cuando enfrente una enfermedad, pérdida de empleo, robo, extorsión o un fenómeno climático.
“En América Latina el ingreso mejora antes que la seguridad económica”, señala el informe. Bajo esta perspectiva, la pobreza es una situación dinámica y la vulnerabilidad refleja la posibilidad de que un hogar vuelva a caer ante un shock. De hecho, entre 58% y 76% de los hogares pobres permanecen en esa condición al año siguiente, dependiendo del país.
Para Alexandra Ames, profesora de la Escuela de Gestión Pública de la Universidad del Pacífico, el dato de vulnerabilidad debe leerse con una precisión: ese 32.8% no corresponde únicamente a personas que recientemente salieron de la pobreza, sino a quienes se encuentran por encima de la línea y podrían volver a caer ante un shock. “La gente cruza la línea pero no se aleja de ella”, sostiene.
Ames considera que una de las principales dificultades es que el aumento del ingreso no ha estado acompañado por una mayor protección frente a riesgos. “Salir de la pobreza requiere ingresos; no recaer requiere activos, ahorros, un seguro y un empleo formal”, señala. En ese sentido, identifica cuatro elementos para que un hogar deje de ser vulnerable: contar con ingresos estables, disponer de un colchón de ahorro o activos, tener aseguramiento frente a riesgos como salud, clima o pérdida de ingresos, y acumular capital humano.
La especialista advierte que un shock puede terminar afectando la capacidad futura de generación de ingresos de una familia. Un hogar puede vender sus herramientas de trabajo, cerrar un negocio, reducir su alimentación o retirar a un hijo de la escuela para enfrentar una emergencia. Por ello, plantea que la discusión debería pasar de la dicotomía entre pobreza y no pobreza hacia los conceptos de vulnerabilidad y resiliencia.
Perú: menos pobreza, pero una recuperación incompleta
El informe, que se presentó en el foro “Sembrar resiliencia: Microfinanzas ante el Fenómeno El Niño”, organizado por Financiera Confianza, recoge que la pobreza monetaria en Perú se ubicó en 25.7% en 2025, frente al 27.6% registrado en 2024. Esto equivale a 8.8 millones de personas y a una salida de la pobreza de 567 mil peruanos en un año.
Sin embargo, el país todavía se encuentra 5.5 puntos porcentuales por encima del nivel de 2019, cuando la pobreza alcanzaba el 20.2%. En términos absolutos, son 2.3 millones de personas pobres más que antes de la pandemia. La pobreza extrema, por su parte, llegó a 4.4%, equivalente a 1.6 millones de personas.
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El problema es que la reducción de la pobreza no necesariamente se traduce en una mayor seguridad económica. El documento señala que 58.5% de la población peruana era pobre o vulnerable en 2025. La pobreza disminuyó, pero la vulnerabilidad aumentó en un punto porcentual, lo que significa que una parte de los hogares que cruza la línea todavía permanece cerca de ella.
La informalidad es uno de los principales engranajes de esta situación. La nota de prensa difundida por Financiera Confianza señala que 69.8% de los trabajadores a nivel nacional se encuentra en la informalidad, porcentaje que llega a 89.1% entre las personas en situación de pobreza.

El informe también muestra que el problema no es únicamente monetario. Una estimación de pobreza multidimensional presentada en el documento la ubica alrededor de 32%, equivalente a unos 10.8 millones de personas. Entre las carencias identificadas figuran la atención en salud y el acceso a internet: 62% presenta carencias en atención sanitaria y 47% de los peruanos no tiene internet. Además, solo 57% de los hogares pobres cuenta con desagüe de red.
¿Qué puede hacer el país frente a esta vulnerabilidad?
El informe plantea que la respuesta no debería concentrarse exclusivamente en quienes ya son pobres. Su propuesta es actuar también sobre quienes todavía están por encima de la línea, pero carecen de herramientas para absorber una crisis.
Entre las medidas planteadas aparecen:
- Mayor protección frente a shocks: seguros, transferencias que puedan activarse ante eventos climáticos y mecanismos de protección para hogares expuestos.
- Formalización gradual: reducir el costo de pasar a la formalidad para las microempresas y vincular la identidad fiscal con acceso a salud y pensiones.
- Preparar la vejez: establecer una pensión básica de alcance amplio y mecanismos de cotización para trabajadores independientes, incluso vinculados a billeteras digitales.
- Cerrar la brecha digital: ampliar la conectividad y la alfabetización digital para evitar que el acceso a tecnología se convierta en una nueva barrera laboral y financiera.
- Convertir ingresos en patrimonio: promover ahorro, vivienda asequible y crédito productivo acompañado.
- Reducir las barreras de cuidado: desarrollar servicios de cuidado y reconocer el impacto que estas responsabilidades tienen sobre la participación laboral femenina.
La lógica del documento es que el crédito por sí solo no resuelve la vulnerabilidad. “El crédito pone el motor; la política pública pone la carretera”, resume la presentación al plantear la necesidad de combinar financiamiento, protección social, formalización y servicios.
¿Cómo evitar que una emergencia se convierta en pobreza?
En ese escenario, Alexandra Ames, de la UP, identifica cuatro mecanismos para evitar que una emergencia temporal se convierta en pobreza: seguros frente a salud, clima y pérdida de ingresos; liquidez de emergencia mediante ahorro o crédito formal; una protección social que pueda activarse rápidamente ante un shock; y seguridad frente a delitos que afectan directamente los ingresos y activos de los hogares.
“La inseguridad ciudadana se ha convertido en uno de los principales causantes de shocks adversos para la familia después de los eventos naturales”, afirma.
Para la docente, la salida sostenible de la pobreza también requiere elevar la productividad. Las transferencias pueden proteger el consumo y el capital humano, pero deben complementarse con inversión productiva, asistencia técnica, crédito y acceso a mercados. El objetivo, señala, debería ser que los programas productivos permitan que los hogares pasen de una situación de vulnerabilidad a una mayor capacidad para generar ingresos y acumular activos.
La especialista también identifica un riesgo de largo plazo: una vejez sin pensión suficiente. En su opinión, la tasa de cotización efectiva, especialmente entre independientes, jóvenes y mujeres, debería seguirse como un indicador adelantado de la pobreza futura. “Se mueve hoy y anticipa la pobreza de la vejez con décadas de ventaja”, sostiene.
El microemprendimiento: oportunidad, pero también desafío
En Perú, las micro y pequeñas empresas tienen un peso importante en esta ecuación. El informe registra 6.1 millones de mypes, equivalentes al 99.7% de las empresas del país, y alrededor de 8.3 millones de empleos, el 45% de la población económicamente activa ocupada.
Pero el mismo documento advierte que 52% de quienes emprenden lo hacen por necesidad económica y que 87% de las mypes opera fuera de la Sunat. Por ello, el desafío no pasa solamente por ampliar el acceso al crédito, sino por conseguir que estos negocios aumenten su productividad, generen mayores ingresos y permitan acumular activos.
Como referencia, los datos presentados por FMBBVA-Financiera Confianza indican que 63% de los clientes que ingresaron a la entidad en situación de pobreza logró superar esa línea al quinto año de relación. Además, uno de cada tres ingresó por primera vez al sistema financiero formal. Estos son datos reportados por la propia entidad y no una medición general de todo el sistema financiero peruano.
Las mujeres también tienen un papel relevante. El informe señala que 46% de las mujeres que solicitan su primer crédito se encuentra en situación de pobreza, frente a 29% de los hombres. A ello se suma una brecha de 17 puntos porcentuales en la participación laboral urbana: 59.5% para las mujeres frente a 76.5% para los hombres.

Clima, IA y envejecimiento: los nuevos riesgos
La vulnerabilidad peruana también estará condicionada por factores que pueden ganar peso en las próximas décadas. El informe identifica cinco fuerzas que pueden configurar la pobreza del futuro: conflictos, cambio climático, envejecimiento, algoritmos e inteligencia artificial y brecha de datos y conectividad.
En América Latina, la pobreza monetaria se ubicaría en 24.8% en 2026, equivalente a 167 millones de personas, mientras que la pobreza extrema alcanzaría 9.7%, unos 65 millones. El documento destaca que, aunque la pobreza extrema es menor que décadas atrás en términos relativos, su proporción es superior a la de 2014, cuando era de 7.7%. Además, alrededor de uno de cada tres latinoamericanos que no es pobre permanece en condición vulnerable.
El cambio climático aparece como otro factor de riesgo para los hogares. En Perú, el informe estima una pérdida media de activos equivalente a 2% del PBI anual por desastres naturales y una pérdida de bienestar equivalente a 5.2% del PBI. También señala que la superficie glaciar se ha reducido 43% desde 1970 y que, sin adaptación, el ingreso del 40% más pobre podría caer 5.2% hacia 2030.

La inteligencia artificial constituye otro desafío. El documento estima que alrededor de 40% del empleo en países de ingresos medios como Perú, Colombia y Chile está expuesto a la IA generativa, frente a 26% en países de ingresos bajos. También señala que las mujeres tienen aproximadamente el doble de probabilidad de encontrarse en ocupaciones automatizables.
El envejecimiento agrega una presión de largo plazo. Para 2040, el informe estima que 7.5 millones de peruanos, equivalentes al 20% de la población, tendrán 60 años o más, superando a la población menor de 15 años. Advierte además sobre el riesgo de una vejez sin pensión suficiente si la informalidad actual no cambia.

Licenciado en Ciencias de la Comunicación, con especialidad en Periodismo, por la Universidad Tecnológica del Perú, con más de 12 años de experiencia en medios de comunicación. Actualmente escribo sobre política, economía y actualidad.






