
Hay un Perú que se canta a ritmo de “Esta es mi tierra” y otro que se cuenta con un pie en las islas guaneras, en los socavones y en los bosques amazónicos. En suma, un Perú cuyo desarrollo se escribe a “los cuatro vientos, en el norte, centro y sur”.
Así, las grandes apuestas productivas que cambiaron para siempre el dinamismo del país como República merecen, en estas Fiestas Patrias, un recorrido por sus protagonistas.
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De boom en boom
Fernando Solís, docente de Investigación de Mercados Aplicada de la UPC, se traslada al periodo de la postindependencia de 1821 y recuerda la etapa del guano y del salitre, que en conjunto abarca entre 1840 y 1879. La Revolución Industrial en Europa había multiplicado las ciudades, por lo que la necesidad de alimentarlas exigía incrementar la productividad agrícola.
Por su parte, ítalo Sifuentes, investigador y autor del libro ADN Perú: el país de los cevicheros, pisqueros y jugadores, menciona que el territorio blanquirrojo fue el primero de Latinoamérica en contar con pozos petroleros. El hallazgo ocurrió en 1863, en Zorritos (Tumbes), solo cuatro años después de que se perforara el primer pozo en Estados Unidos. Incluso la calidad del kerosene producido en el norte fue tal que obtuvo medallas de oro en exposiciones mundiales: Berlín, en 1889, y San Francisco, en 1894.
En paralelo, alrededor de 1880, el caucho se posicionaba como el “oro blanco”. Los grandes requerimientos globales de la industria automotriz, eléctrica y militar provocaron que Iquitos (Loreto) se desarrolle a nivel monetario, pero que viva una de las eras más despiadas de esclavización, desplazamiento y asesinato de poblaciones indígenas, retoma Solís.
En ese lapso también destacaron otras estrellas que llevaron al país a los primeros lugares de producción: el azúcar y el algodón.
“El 28 de julio de 1959, en su mensaje al Congreso de la República, el presidente Manuel Prado anunció que Perú a partir de 1960 ingresaría a la categoría de país gran productor de cobre del mundo, ello a partir del alto rendimiento previsto en los yacimientos mineros Cuajone y Quellaveco y, desde luego, Toquepala, cuyos concentrados de cobre empezarían a ser procesados en los hornos de la planta de fundición en Ilo, que en esos días se estaba terminando de instalar”, explica Sifuentes.
Y, de pronto, en el escenario, entre 1960 y 1970, el empresario Luis Banchero Rossi encabezó una etapa que colocó al Perú en el liderazgo mundial de harina de pescado: las especies clave fueron la anchoveta y la sardina, aclara Solís, también profesor del curso Análisis de la Realidad Peruana y Global de la UPC.
El trayecto del siglo XXI lo continúa la agroindustria, que se inició con el espárrago y se diversificó hacia el arándano y la uva de mesa. Sumado a ello se avidencia una fase que ubica a la gastronomía como un impulsor del turismo y desplaza a Lima como el principal destino.
Al respecto, Rafael Zacnich, gerente de Estudios Económicos de ComexPerú, lanza una precisión: “No deberíamos interpretar nuestra historia exportadora como una sucesión de productos que, por sí solos, transformaron el rumbo de la economía. En cada etapa hubo una demanda internacional importante y, en algunos casos, precios favorables. Y detrás de cada boom hubo inversión, tecnología, infraestructura y empresas dispuestas a asumir riesgos”.
Agroexportación. Perú proyecta cerrar el 2026 con un récord histórico de agroexportaciones que superaría los US$ 16,000 millones, según estimaciones del Ministerio de Comercio Exterior y Turismo (Mincetur).

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La modernidad legal
En sintonía con la intervención del economista, Brian Ávalos, laboralista y socio de Payet, Rey, Cauvi, Pérez Abogados, detalla cómo ha evolucionado el marco legal para reforzar el desarrollo de, por ej
“Desde la década de 1990 se promovió el desarrollo del sector agroexportador mediante diversas reformas orientadas a mejorar su competitividad, entre ellas la flexibilización de las normas laborales aplicables a la contratación de trabajadores. Estas medidas redujeron los costos laborales, especialmente los asociados a la contratación y desvinculación del personal, lo que contribuyó al crecimiento de las exportaciones de productos como la uva, la palta y los arándanos”.
A su turno, Roberto Gutiérrez, especialista en derecho inmobiliario y senior expert del mismo estudio, establece una comparación.
“El marco legal que impulsó la explotación del guano y del caucho estuvo orientado a facilitar la extracción y comercialización de recursos naturales ya existentes. Se trataba de un modelo centrado en la exportación de materias primas, con escasa transformación productiva, limitada generación de empleo formal y reducida preocupación por la sostenibilidad ambiental. En cambio, el marco legal que favoreció la agroexportación moderna buscó promover inversiones de largo plazo”.
Subraya que, desde comienzos de la década de 1990 y especialmente a partir de la Constitución de 1993, el Perú desarrolló un marco jurídico favorable para la inversión privada en la agricultura. Este proceso fue complementado en 1995 con normas sobre propiedad e inversión en tierras y la incorporación del Perú a la Organización Mundial del Comercio.
“Y entre 1993 y 2007, las dos primeras etapas del Programa de Titulación y Registro de Tierras permitieron formalizar aproximadamente 1.9 millones de predios rurales en la costa y la sierra del Perú. La identificación, titulación e inscripción registral otorgaron mayor seguridad jurídica, redujeron el riesgo de conflictos sobre la titularidad de la tierra y facilitaron su adquisición, arrendamiento y utilización en proyectos agrícolas de largo plazo”, acota.
“La apertura comercial permitió importar tecnología, bienes de capital, insumos y conocimiento. Además, los acuerdos comerciales brindaron mayor previsibilidad y acceso preferencial a mercados internacionales. Pero un TLC, por sí solo, no genera exportaciones. La apertura comercial debe entenderse como parte de una estrategia más amplia. Para que una empresa pueda aprovechar un mercado, necesita inversión, infraestructura, capital humano, reglas claras y un entorno que no haga excesivamente costoso producir y exportar”.
Gutiérrez converge: “Los inversionistas necesitan tener la certeza de que sus derechos sobre la tierra serán respetados, que los contratos podrán exigirse legalmente y que las normas tributarias y laborales, por ejemplo, no cambiarán de manera imprevisible. Una modificación constante de las reglas podría elevar los costos, reducir la rentabilidad o incluso hacer inviable el proyecto antes de recuperar la inversión”.

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El futuro pasará por la economía circular
A propósito del largo plazo, el desarrollo económico del Perú está estrechamente ligado a la economía circular, indica Solís. Una vía para que otros productos salten al podio es que sus industrias conviertan lo que antes era considerada basura en una nueva fuente de ingresos. En ese sentido, remarca, cada vez más mercados internacionales exigen productos sostenibles: cuidar el ambiente es una forma de competir mejor. El docente le pone foco, por tanto, a las tierras raras, la textilería y la acuicultura. Hay espacio para varias industrias.
El representante de ComexPerú concluye, en ese contexto, que el éxito de un “tesoro” no representa el límite para el éxito de los demás. Un gran producto puede marcar una época, pero son muchos motores los que pueden hacer más patria y cambiar un país.
- El dato:
Si bien la minería genera importantes ingresos, se caracteriza por ser una actividad intensiva en capital y no en mano de obra, por lo que su capacidad de generación de empleo directo es relativamente limitada, identifica Ávalos como un reto.

Redactora de Economía en Gestión. Periodista nacida en Piura, con ocho años de trayectoria profesional y experiencia en edición y corrección de textos.








