
Beijing, China.- La agricultura inteligente ya es parte de la dinámica económica del gigante asiático. El uso de sensores, drones y sistemas de IA en China permite monitorear cultivos, optimizar el riego, tomar decisiones basadas en datos y, sobre todo, vigilar la seguridad alimentaria. El impacto se evidencia, por ejemplo, en el rendimiento duplicado por unidad de la papa y en los más de 10,000 millones de kilogramos de maíz anual.
Pero todo “qué” necesita un “cómo”; por ello, aparecen los servicios agrícolas socializados, un modelo que les abre las puertas tecnológicas a los pequeños agricultores: ellos no asumen el costo que conlleva adquirir la maquinaria completa, sino que cuentan con la posibilidad de contratar a empresas para modernizar el trabajo en el campo en aspectos muy puntuales.
En resumen, un país con menos áreas cultivables (7%) alimenta exitosamente a casi una quinta parte de la población mundial (18%). ¿Por qué el Perú, que posee tierra fértil y diversidad climática, aún no camina en esta línea? ¿Tiene el potencial?

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Construir innovación desde “casa”
Li Qifeng, investigador de la Academia de Ciencias Agrícolas y Forestales de Beijing, precisó que “la agricultura inteligente resuelve los puntos débiles de la agricultura tradicional”. Durante el Seminario sobre Gestión y Tecnología Agrícola para Perú, en el cual participó este diario, indicó que el modelo integra el equipamiento tecnológico con el objetivo de aumentar la calidad y la eficiencia. Solo como muestra, un dron diseñado para aplicar líquidos o granulados ayuda a una equitativa distribución de fertilizantes sobre el trigo, lo que evita diferencias entre unas plantas y otras.
En el evento, a cargo del Instituto de Gestión Agrícola y Rural del Ministerio de Agricultura y Asuntos Rurales de China, el experto también remarcó que la agricultura inteligente es considerada como “un nuevo sector, una nueva industria”. En el planteamiento están de acuerdo el gigante oriental y la Unión Europea (UE). Según explicó, para que un país como Perú tenga la misma concepción, se “requiere de una voluntad política fuerte”.
Se refirió a que, en el desafío, es protagonista la gobernanza: sin una política clara para coordinar con los actores, las iniciativas se quedan en el tintero. Solo bajo ese diálogo se podrá llegar a una decisión medular: ¿cómo hacer que el conocimiento aterrice en el campo y se convierta en una ventaja competitiva?
Al respecto, Eduardo Fuentes, director de Innovación y Transferencia Tecnológica de la Universidad Nacional Agraria La Molina (UNALM), subrayó que, así como una alternativa es desarrollar tecnología in house, existe otra que incorpora al ecosistema productivo nacional los avances de algunos mercados que llevan años de ventaja.
“Pero lo ideal, y lo que hacen normalmente los países para ganar competitividad, es generar sus propias tecnologías. No obstante, independientemente de que el país pueda desplegarse en ese sentido, el siguiente paso es desarrollar empresas que las comercialicen”, añadió.
La academia posee toda la capacidad para crear tecnologías poderosas ―y lo hace―, pero su función no es convertirlas en negocio. Esa misión recae en un privado que abrace la propiedad intelectual y la escale a los mercados.
Advirtió, asimismo, que la innovación por sí sola no garantiza su adopción. El entusiasmo inicial de contar con un equipo se enfrenta al costo del mantenimiento, un factor que muchas veces repliega la disposición de los ciudadanos vinculados: “El productor pierde la confianza de que realmente le va a sumar algo”.
Dado el escenario, Fuentes compartió una conclusión: “La tecnología va a llegar; probablemente lo que toque es hacer algo mixto. O sea, partir de tecnología foránea para que el país empiece a desarrollar tecnología propia”. “Adecuar la tecnología exterior a las condiciones locales limita su alcance”, recordó.

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China ve un pasado conocido en el agro peruano
Trasladar el modelo a Perú supone, por descontado, resolver los “huecos” en infraestructura y conectividad. Por ello, Vladimir Cuno, extitular del Ministerio de Desarrollo Agrario y Riego (Midagri), se concentró en otros aspectos. Uno de ellos fue la necesidad de reforzar el marco legal y promover una asociatividad que sí funcione.
Además, criticó el sistema de comercialización actual porque algunos intermediarios se quedarían con hasta el 80% de las ganancias, por lo que propuso reformular este “embudo” y asegurar que el beneficio económico llegue hasta el pequeño agricultor.
“Mi piloto sería de 10 hectáreas para la familia de costa, 10 hectáreas para la familia de sierra y 10 para la de selva, con las realidades distintas por las zonas geográficas”, expresó.
Coincidió Xu Zisheng, director de la División de Orientación para la aplicación de la Estación General de Mecanización Agrícola del Ministerio de Agricultura y Asuntos Rurales de China, quien recalcó que su nación ya pasó por la estrategia de mirar región por región y recoger qué peculiaridades desataban sus principales problemas.
Explicó que hoy la costa peruana alberga grandes plantaciones de frutas para exportación, mientras que en la sierra predominan pequeños agricultores dedicados a los cereales y la ganadería. Esa similitud con la experiencia que vivieron las zonas montañosas de China, afirmó, abre una oportunidad para compartir soluciones ya probadas. Entre ellas, los tractores inteligentes de pequeño tamaño, drones, sistemas de riego por goteo de bajo costo y equipos de clasificación.
Incluso frente al banco de soluciones, la clave reside, recapituló Cuno, en integrar la innovación con la creatividad de aquellos agricultores a los que él denomina “científicos del campo”. ¿La meta? Adaptar tecnologías avanzadas, como el riego tecnificado, en respuestas que puedan ser mantenidas con recursos locales.

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- El dato:
Gestión pudo comprobar que la oferta maquinaria china abarca desde tractores compactos para labores ligeras hasta modelos híbridos de alto rendimiento que superan los 400 caballos de fuerza.


Redactora de Economía en Gestión. Periodista nacida en Piura, con ocho años de trayectoria profesional y experiencia en edición y corrección de textos.








