
Antes de convertirse en una de las concesionaria de alimentos más antiguas del país, y proveedora para decenas de empresas —entre clínicas y grandes corporaciones— y consolidar crecimientos de doble dígito al año, Charlotte empezó literalmente en una cocina familiar. Corría 1983 y la necesidad de sacar adelante a cinco hijos terminó dando origen a una marca que hoy, 43 años después y con el fondo Fortaleza I como accionista mayoritario, vuelve a enfrentar una etapa decisiva para su futuro.
“Eran inicios de los ochenta y la plata no alcanzaba. Entonces me dije: ‘Yo tengo habilidad para la cocina y la repostería’”, recuerda Carmen Hanza de Raffo. En esos años preparaba postres desde su casa y luego salía personalmente a ofrecerlos a restaurantes limeños.

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En aquella época, explica, las cartas de los restaurantes todavía no incluían una gran variedad de postres. “Fui a ofrecerles pie de limón, crema volteada y tarta de manzana. Me dijeron que no. Entonces les dije: ‘Si no se vende, yo misma lo recojo’”, y así empezó la aventura. Logró convencer a restaurantes como El Rincón del Gaucho, El Unicorn.
Sin embargo, en plena crisis económica peruana -con la hiperinflación y las crisis sociales-, los costos variaban prácticamente todos los días y muchos insumos desaparecían de los supermercados. “Me tocó hacer mi propia leche condensada”, recuerda.
Así nació su filosofía, resalta Carmen, ahora presidenta del directorio de Charlotte: “Yo siempre decía: ‘Tú pídeme algo y yo no sé cómo, pero te lo hago’”.
El crecimiento de la empresa también se logró gracias a la adquisición de una empresa de catering pequeña que operaba en el distrito de Jesús María, y que producía postres para el Centro Naval. Carmen recuerda que fue al banco, presentó un proyecto y compraron tanto la maquinaria como la cartera de clientes.
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Luego alquilaron un local en Surco —el mismo distrito donde hoy todavía operan con tres centros de producción— y empezaron a producir desde ahí. Para fortalecer su rol de empresaria, entró a un programa para mujeres empresarias en una conocida universidad. “Fueron dos años y medio que me sirvieron muchísimo”, dice.
Poco después llegó una oportunidad gigantesca. Panamericana Televisión las llamó para producir dos productos oficiales de Nubeluz, el famoso programa infantil: alfajores y piononos de vainilla y chocolate. Carmen aceptó inmediatamente. Pero el proyecto requería maquinaria, empaques, banners y una inversión que terminó financiando con deuda bancaria. Y lo que vino después estuvo cerca de destruir la empresa.
Operación ‘Chavín de Huántar’: Cómo evitaron la quiebra
A finales de 1996 comenzó el fenómeno de El Niño. Las temperaturas afectaron los productos que producía Charlotte -en esa época, la cadena de frío era incipiente- y, de pronto, empezaron las devoluciones masivas. “La distribuidora nos llamó para decirnos que los productos se estaban malogrando”, recuerda Carmen.
“Fue un desastre. El abogado me decía que había que contabilizar todo como pérdida. El banco me decía que tenía que quebrar”, cuenta. Refinanció la deuda tres veces, incluso hipotecó la casa.
“Yo tenía una pizarra detrás de mi escritorio con todos los pagarés del banco. Los miraba y me daba fuerza para trabajar más”, recuerda.
Pero en diciembre del mismo año, durante la toma de la residencia del embajador de Japón en Lima, Charlotte recibió una llamada inesperada de Naciones Unidas, relacionada con la operación ‘Chavín de Huántar’: necesitaban una empresa que se encargara de “alimentar tanto a los rehenes como a los terroristas”.
Y aunque Charlotte, hasta ese momento, no brindaba ese servicio, aceptó. El horario de producción arrancó a las seis de la mañana. La cocina donde normalmente preparaban fudge y postres terminó cocinando pollo, papas y zanahorias en ollas industriales. En la primera noche entregaron 500 comidas. Y el servicio duró cinco meses. Una operación que ayudó a sostener financieramente a la empresa.
Pero quizá el reto más duro para Carmen sucedió en el 2013, con el fallecimiento de una de sus hijas. “Ahí sí realmente me deshice”, admite.
La empresa siguió funcionando. Los hijos ya formaban parte activa del negocio. Pero ella reconoce que fue el momento más duro de su vida.
Charlotte y su mirada hacia el 2026
Hoy, Charlotte ha fortalecido su operación en concesiones industriales y servicios corporativos. Hace más de una década, la empresa vendió el 70% de su participación a SAFI Fortaleza —vehículo vinculado a Macrocapitales, del Grupo Macro— en una operación de siete dígitos que buscaba profesionalizar la compañía y darle mayor estructura financiera.
“Yo sentía que necesitábamos ordenarnos”, recuerda Carmen Hanza.
Antes de la pandemia, Charlotte había logrado desarrollar una pequeña cadena de cafeterías, con presencia en distritos como Barranco e incluso dentro de clínicas. Sin embargo, el Covid-19 obligó a cerrar buena parte de esa operación y reenfocar el negocio hacia el segmento corporativo.
Hoy, la compañía empieza a acercarse nuevamente a sus cifras prepandemia. Si en 2022 contaban con 25 clientes corporativos, cerraron el 2025 con 36 y proyectan crecer alrededor de 10% este 2026, impulsados por la incorporación de entre cuatro y cinco grandes cuentas.
Pero detrás de ese crecimiento también se mueve otro proceso clave: la salida del fondo. A inicios del 2025, Macrocapitales ya había informado que iniciaría la desinversión en cuatro compañías, entre ellas Charlotte. Según explica Hanza, el proceso ya está en marcha.
“El fondo está llegando a su término y este año debería concretarse su salida. Yo todavía evalúo si salgo o me quedo, porque este negocio me apasiona y me gustaría seguir algunos años más”, comenta.
Así, la empresa familiar vive entre un proceso de una transición generacional y una posible nueva etapa accionaria para Charlotte. Hoy, uno de sus hijos de Carmen, Álvaro Raffo Hanza, ya ocupa la gerencia general de la compañía.
“Sí, claro que hay posibilidad de que la segunda generación maneje Charlotte”, afirma Carmen. Aunque, por ahora, asegura que todavía no hay una decisión tomada.

Coordinadora en la revista G de Gestión e integrante del podcast de economía y negocios 'Actualidad Latinoamericana'. Escribo sobre management, agricultura, tecnología y emprendimientos. Bachiller en Periodismo por la Universidad Antonio Ruiz de Montoya. Activa participante de los cursos del Centro Knight para el Periodismo en las Américas.








