
La granada es una “Reina Roja” que esperó por muchos años su coronación en el Perú. Llegó a finales del siglo XX, tímida y casi desconocida frente a las “soberanas” del agro, se instaló con pequeñas cifras de exportación en 2001 y, durante una década, observó desde los márgenes con el objetivo de aprender cómo construir su poder sin hacer ruido.
De pronto, comenzó su ascenso: desplegó sus arilos color rubí y logró triplicar los envíos internacionales. Pasó de generar US$ 3.8 millones en 2010 a registrar US$ 11.3 millones en 2011.
Pero este fue solo su primer gran momento de gloria: el segundo lo está viviendo ahora.
LEA TAMBIÉN: Plantas de Perú que “valen oro”: aceites esenciales y más que la economía puede aprovechar
Un “tramo” de paciencia
Antes de que la granada conquistara los campos del sur, hubo otro cultivo que le abrió el camino: el espárrago, coinciden Gabriel Amaro, presidente de la Asociación de Gremios Productores Agrarios del Perú (AGAP), y Víctor Ballena, coordinador del Observatorio Económico de Comercio Exterior de la UPC.
De acuerdo con los expertos, esta hortaliza de tallo tierno, durante los años 90, generó infraestructura, experiencia y confianza para probar nuevas apuestas agrícolas en el país. “¿Cuál sería el siguiente negocio estrella?“, se preguntaba el empresariado. Así que dirigió la mirada hacia una fruta roja que ya contaba con reconocimiento en los mercados desarrollados.
“Cuando se vio que podíamos tener alta productividad y cuando salió la Ley de la Promoción Agraria en el 2000, los exportadores de Ica comenzaron a ver otros cultivos, no se iban a quedar solo con uno. Las condiciones de Ica eran muy buenas”, explica Amaro.
Complementa Ballena: “La idea siempre ha sido considerar el factor clima. La granada busca terrenos de mucho calor, que existen en zonas de costa principalmente. En esas zonas de costa ya estaba posicionado el espárrago como un primer protagonista, entonces se empezaron a probar otros productos. Pero entró a tallar un tema: nadie quiere producir algo si no existe demanda. La granada ya tenía una demanda internacional, sobre todo del mercado europeo, particularmente de Holanda”.
El primer año se exportaron apenas 102 toneladas, precisan desde AGAP; sin embargo, en 2002, 2003 y 2004 hubo un aumento constante. Entre 2005 y 2006, cuando las exportaciones rondaban las 300 toneladas, la Punica Granatum pareció tomarse una pausa.
La paciencia empezó a rendir frutos en 2007. Por primera vez, las cifras superaron el millón de dólares y el volumen prácticamente se duplicó respecto al año anterior. En 2008, la granada sobrepasó las 1,000 toneladas y las ventas al exterior rebasaron los US$ 2 millones.
En 2009, las exportaciones volvieron a dispararse. El valor superó los US$ 4 millones y el volumen alcanzó casi 1,800 toneladas. La “Reina Roja”, bajo la piel de la variante Wonderful, todavía estaba lejos de los niveles actuales, pero ya había dejado atrás su etapa experimental.

LEA TAMBIÉN: Agroexportación de Perú y Chile en “empate técnico”: ¿qué espera el Midagri en adelante?
Pequeños agricultores al rescate
Si entre 2001 y 2010 la fruta aprendió a caminar, entre 2011 y 2021 aprendió a correr. Para 2022, con 49,414 toneladas y US$ 81.8 millones, la granada alcanzó la mayor extensión de su “reino”, justo antes de que comenzaran las dudas sobre su rentabilidad.
“Después de la campaña del 2023, tras el fenómeno de El Niño, el precio de la granada cayó (en 2024) y eso hizo que las grandes compañías decidieran salir de ese mercado y se movieran hacia el arándano o a la uva patentada, que eran mejores negocios. Pero mientras los grandes salían del mercado, el 2022 había servido para que muchos pequeños productores vieran que era un negocio rentable y empezaran a sembrar granada”, narra José Luis Gereda, gerente general de Pomica Perú y también presidente de la Asociación de Productores de Granada del Perú (ProGranada).
Agrega: “Estamos hablando de agricultores que pertenecen a la agricultura familiar. [...] Se convirtió en un negocio que no solamente era de grandes, sino de pequeños productores de media, una, dos o hectáreas. Y con ello se volvieron parte del triunfo de la agroexportación peruana. La granada representa el desarrollo de medianos y pequeños productores”.
En efecto, según destaca el líder gremial, a diferencia de otros cultivos más concentrados, la granada tiene una participación bastante repartida: este año operan 52 empresas exportadoras y “el market share del más grande no llega al 13%”, acota
En suma, los pequeños agricultores rescataron un cultivo que las empresas más poderosas dejaron de lado. Y como la “Reina Roja” no exige prisas, exige lealtad, este año se evidenciará la recompensa: “Este 2026, prácticamente después de cuatro años (tiempo que el árbol tarda en crecer con fuerza exportadora), por primera vez el Perú va a alcanzar el nivel más alto de producción de granada de los últimos 25 años”, indica Gereda.
El Perú, en otras palabras, recogerá la cosecha de la persistencia y superará las 40,694 toneladas que marcaron el 2025. Los números avalan el escenario: hasta la semana 21 del 2026 —el ciclo exportador fluctúa entre 27 y 30 semanas—, se han registrado 46,519 toneladas de granada.
En esa línea, Amaro cree que incluso habrá otro hito a partir del 2027, cuando se salden los ajustes técnicos que por ahora impiden exportar grandes volúmenes de granada al mercado chino, aun cuando ya fue abierto. Confía en que habrá una “explosión” asiática beneficiosa para el Perú.

LEA TAMBIÉN: Granada y palta al mundo: Siembra Alta adquiere nuevos campos por US$ 22 millones en Perú
La revolución de los antioxidantes
La historia de la granada peruana también se vincula con la historia de un cambio global en la alimentación, apuntan Amaro y Ballena. Durante las dos últimas décadas, y con énfasis en la temporada pospandemia, millones de consumidores decidieron priorizar alimentos naturales y asociados a beneficios corporales.
Frente a ello, la granada encaja a la perfección: los flavonoides, los elagitaninos, la punicalagina y el ácido elágico sostienen la reputación de la “Reina Roja” como fuente de antioxidantes.
“Conocida como el rubí de las frutas, este cultivo curador ocupa uno de los primeros puestos en la categoría de las superfrutas por sus increíbles bondades medicinales”, se puede leer en el libro “Perú, la despensa del mundo”, a cargo de AGAP y bajo el sello de Editorial Planeta.
Ica, con el 86% del cultivo, se configura como el “palacio” medular de esta fruta. Le siguen Arequipa, con una participación del 6%, y Lima, con una ocupación más pequeña dentro del mapa productivo.

LEA TAMBIÉN: Agroexportadores “en alerta”: la lista de proyectos de ley antiinversión que los asusta
- El dato:
Los voceros de AGAP y ProGranada subrayan que Tacna se asoma como la nueva “colonia” de la “Reina Roja”. Aunque sus volúmenes aún son reducidos, la región ya forma parte de las zonas tentativas donde se están estableciendo plantaciones. Se trata de una señal: la frontera agrícola de este fruto seguirá expandiéndose hacia el extremo sur del Perú.

Redactora de Economía en diario Gestión. Periodista piurana con seis años de experiencia profesional en el rubro.








