
De la pota de Piura al café del Amazonas: el crecimiento exportador peruano tiene rostro regional. Así lo destacaron las cifras que recabó a marzo de 2026 el Ministerio de Comercio Exterior y Turismo (Mincetur). En detalle, las empresas en el interior del Perú enviaron al extranjero US$ 23,511 millones en el primer trimestre, lo que equivale al 86% del total.
En el lapso indicado, en la macrorregión norte, las exportaciones de Áncash crecieron 62% gracias al cobre, mientras que en La Libertad avanzaron 50% gracias al oro y los arándanos. Cajamarca también destacó con un crecimiento de 59% apoyado en el oro y el café. Asimismo, brilló Lambayeque, con un alza de 25% por los arándanos, y Piura, que creció 19%, liderado por la pota y el mango.
En el centro del país, Huánuco sorprendió con un salto de 677%, protagonizado por la plata y el plomo; Junín registró 52% gracias al cobre, oro, plomo y zinc. Ica, en tanto, creció 45% apoyada en minerales y en la uva, la granada y la palta.
Con respecto al sur, Arequipa lideró con un crecimiento de 73% a causa del cobre, el oro y el plomo, seguida de Puno, que avanzó 58% impulsado por el oro. También resaltaron Moquegua, con un alza de 19%; Apurímac, con 13%; y Tacna, con 10%. En la región oriental, Amazonas repuntó 45%, justificado sobre todo por el café, mientras Madre de Dios avanzó 81% impulsada por el oro y la castaña amazónica.
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¿Estrategia plural ignorada?
Silvia Lama, gerente comercial y de desarrollo de negocios de Perucámaras, resume todo este desempeño: “Hoy las regiones generan exportaciones, empleo y crecimiento especialmente en minería, agroindustria, turismo y comercio”.
Para ella, el Perú ya descentralizó gran parte de su producción, pero todavía no transfiere el poder económico: “La descentralización económica no depende solo de cuánto produce una región, sino de qué tan competitivo es su ecosistema para hacer negocios. Aquí está la clave. Las empresas necesitan infraestructura, conectividad, servicios especializados, acceso a financiamiento, capital humano y estabilidad para instalar centros de decisión fuera de la capital”, comenta.
En suma, únicamente la correcta ejecución de las empresas no dinamiza la economía local; el cumplimiento del Estado y la interacción con los stakeholders —comunidad y trabajadores— deben sumarse a este “tren”. El verdadero impacto ocurre cuando los tres actores se alinean bajo una misma visión: se trata de un engranaje responsable.
Coincide Rafael Zacnich, gerente de Estudios Económicos de ComexPerú: “Que gran parte de las exportaciones provengan de las regiones no significa automáticamente que el poder económico vaya a descentralizarse en la misma proporción. Hay variables, fenómenos, indicadores relacionados de por medio”.
Describe cuáles son: “Lima concentra cerca del 30% de la población peruana y se genera alrededor del 45% del PBI. Esto ocurre porque en Lima se concentran el comercio, las sedes cooperativas de las empresas que están desarrollando trabajos en el interior del país; así como las universidades, la logística, la infraestructura”.
También indica que más del 80% de las colocaciones del sistema financiero se maneja desde la capital, mientras que entre 36% y 37% del empleo total, tanto formal e informal, también tiene un foco importante en esta parte del país. Y si se observa solo el empleo formal, la cifra supera el 52%.
Subraya, no obstante, que el crecimiento económico registrado de las regiones en los últimos 20 años no ocurrió por casualidad, sino por fuertes inversiones privadas que aprovecharon las ventajas productivas de cada zona del país, trabajaron con sus pobladores y apostaron incluso por la investigación. El papel que no ha ido al mismo ritmo para lograr un despegue total ha sido el Estado.
A su turno, Lama refuerza la premisa: “Lima concentra inversión pública, talento, servicios corporativos y logística”.

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Carente gestión local
Esta dinámica va más allá de un aspecto geográfico: alimenta el discurso del centralismo y el descontento social en el país, porque muchas zonas viven con la certeza de que producen más de lo que reciben en desarrollo.
Zacnich lo explica: “El riesgo está, sobre todo, en materia de política y discursos que se gestan a partir de los resultados. [...] El mal diseño de la descentralización de recursos asociados a la generación de capital de la inversión es el que, lamentablemente, nos está condenando y nos va a seguir condenando, porque creo que nadie se va a comer el pleito de cambiar esto”.
“Hay encuestas que dan cuenta de que los propios funcionarios de las municipalidades sostienen que necesitan capacitación en diseño y formulación de proyectos. ¿Cómo se llega a un cargo a manejar grandes recursos y traducirlos en pistas, seguridad y demás cosas si no se cuenta con la capacidad para ello?“, cuestiona.
Incluso el especialista coloca un ejemplo: Perú no logra formar ciudades satélite con el peso económico y urbano que tienen Medellín, Cartagena o Bogotá en Colombia.
Al juicio de Lama, además, pasar de una descentralización productiva a una descentralización económica real implica “fortalecer corredores logísticos, puertos, aeropuertos regionales, digitalización y educación técnica alineada a las necesidades de cada territorio”, concluye. Implica, en otras palabras, un mayor compromiso estatal.


Redactora de Economía en diario Gestión. Periodista piurana con seis años de experiencia profesional en el rubro.







