
Una boda puede durar apenas unas horas. Pero antes de que empiece, y mucho después de que termine, pone en marcha una maquinaria de decenas de proveedores, trabajadores y negocios. Hay wedding planners, empresas de catering, fotógrafos, músicos y decoradores. Pero también participan hoteles, servicios de transporte, maquillaje, diseño de modas, joyería, producción, tecnología. Empresas grandes, negocios familiares y proveedores independientes conviven dentro de una actividad que, pese a su presencia cotidiana, sigue siendo difícil de dimensionar.
Ahora, una estimación de la Cámara de Profesionales de Eventos del Perú (CAPEV) ofrece una primera aproximación. La cifra parte de un dato concreto: los 68,559 matrimonios registrados en Perú en 2024, según cifras del Instituto Nacional de Estadística e Informática (INEI).
Pero no todos esos matrimonios terminan en una gran celebración. Mariana Pollack, presidenta de CAPEV, estima que alrededor del 70% deriva en una fiesta. Eso equivale a aproximadamente 47,991 celebraciones. “Hay fiestas de S/15,000 y fiestas de cientos de miles de soles”, explicó Pollack. Ante esa diversidad, la Cámara tomó como referencia un gasto promedio de S/30,000 por celebración.
Con esos tres elementos —los 68,559 matrimonios registrados en 2024, el calculo de que 70% realiza una fiesta y un gasto promedio de S/30,000— la estimación asciende a S/1,439.7 millones anuales, es decir, alrededor de S/1,440 millones.
Eso sí, Pollack enfatiza que la cifra debe leerse como una aproximación. “No podemos indicar números, solo estimaciones, mientras no tenemos una fuente estadística sólida. Precisamente, la ausencia de esa estadística es parte del problema”, señaló.
El cálculo, además, solo considera las celebraciones asociadas a los matrimonios registrados en Perú. Quedarían fuera las bodas de destino no registradas en el país, así como otras celebraciones vinculadas a la actividad, como aniversarios de boda, cumpleaños y eventos corporativos.
Una boda, decenas de negocios
La cifra tampoco representa los ingresos de una sola empresa. El presupuesto de una boda se distribuye entre una amplia red de proveedores. En promedio, una boda puede involucrar alrededor de 20 proveedores y hasta 100 personas en su ejecución. El catering figura entre los rubros de mayor facturación, pero alrededor de cada celebración también se activan servicios de decoración, fotografía, video, música, iluminación, moda, maquillaje, transporte, mientras que las redes sociales también se han incorporado a esta cadena a través de la creación y difusión de contenidos y otros.
En una industria compuesta por empresas grandes, negocios familiares y proveedores independientes, la informalidad sigue siendo uno de los principales desafíos. Un empadronamiento realizado por CAPEV entre 2019 y 2020, sobre una muestra de más de 3,000 encuestados, encontró más de 70% de informalidad.
La Cámara cuenta actualmente con alrededor de 140 asociados activos y una comunidad de más de 3,000 empadronados, aunque Pollack precisa que no todos estos últimos necesariamente son formales. Para convertirse en asociado, los proveedores pasan por un proceso de verificación y acceden a capacitaciones, espacios de networking y convenios comerciales. “Quien es asociado de CAPEV es superverificado. Es un premio a la formalización y a la capacitación”, señaló Pollack, quien explicó que la intención es elevar los estándares del sector.

Una industria dispersa
El tamaño del negocio sigue siendo difícil de determinar porque la cadena que se activa alrededor de una boda está repartida entre múltiples actividades económicas. Catering, hotelería, fotografía, transporte, producción, gastronomía, comercio y otros servicios aparecen registrados por separado, sin una medición que permita observar el conjunto.
Esa fragmentación también dificulta conocer cuántas empresas participan, cuánto empleo genera la actividad o cuál es su impacto económico total. Para empezar a cerrar esa brecha de información, CAPEV plantea la creación de una mesa de trabajo público-privada y evalúa impulsar un observatorio que reúna información sobre eventos y sectores vinculados como turismo, hotelería y gastronomía.
“Tenemos dificultades para encontrar una puerta de entrada al Estado. Nuestra actividad toca producción, turismo, cultura, gastronomía, hotelería, comercio, municipalidades y propiedad intelectual”, explicó el gremio.
La apuesta por el turismo de romance
Si el desafío inmediato es medir la industria, la principal oportunidad de crecimiento, según Pollack, está en las bodas de destino, aquellas en las que la pareja o sus invitados se trasladan a otra ciudad o región para la celebración. Este segmento forma parte de un mercado más amplio, conocido como turismo de romance, que abarca distintas experiencias de viaje vinculadas a parejas y celebraciones.
“Definitivamente apostaría por las bodas de destino. El turismo de romance ha creado ingresos importantes para otros países del continente y del mundo”, señaló Pollack en sus respuestas posteriores a la entrevista.
México, República Dominicana, Costa Rica, Guatemala y Colombia son algunos de los mercados que mencionó como referentes en el desarrollo de este segmento. “Cuando los gobiernos incluyen el turismo de romance en sus planes, se crea una cadena de valor importante”, afirmó.
Una boda de destino no genera gasto únicamente en la celebración. Si los invitados se trasladan a otra ciudad o región, se activan hoteles, transporte, restaurantes, gastronomía, excursiones, compras y otros servicios turísticos. CAPEV considera que esa cadena podría aprovechar destinos como Cusco, Arequipa, Ica, el norte de Perú y la Amazonía, además de playas, haciendas y espacios vinculados con el patrimonio y la cultura.
El potencial, sin embargo, tampoco ha sido cuantificado. CAPEV reconoce que no existen estadísticas que permitan determinar cuántas bodas de destino se realizan en Perú ni cuánto gasto adicional generan.
Un negocio que va más allá de Lima
La actividad también tiene un alcance que supera a la capital. Además de Lima, Pollack identifica movimiento en ciudades como Arequipa, Cusco, Trujillo, Tacna y Tumbes.
La diversidad regional, para CAPEV, es otra muestra de que la actividad no puede reducirse a un solo tipo de empresa o proveedor. En una misma cadena pueden convivir grandes compañías, pequeños negocios familiares y profesionales independientes, con celebraciones que incorporan además elementos culturales y servicios propios de cada región.
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Por ahora, el tamaño exacto de toda esa actividad sigue sin conocerse. Pero el cálculo de S/1,440 millones, construido a partir de los matrimonios registrados en 2024 y las estimaciones planteadas por CAPEV, ofrece una primera aproximación al negocio que se activa detrás del “sí, acepto”: una cadena que reúne decenas de actividades y cuyo verdadero alcance aún está por dimensionarse.







