
La figura del museo en el Perú ha tenido muchas vidas. Durante el periodo colonial fue una vitrina de prestigio: las piezas se conservaban en colecciones privadas de virreyes y obispos. Durante la Independencia fue un intento de conceptualizar la identidad. Durante la República fue un centro de investigación científica y, además, una vía para la descentralización cultural.
Pero lo que antes era solo patrimonio protegido evolucionó hasta convertirse en parte de un engranaje turístico. Hoy, por tanto, es un activo estratégico de la economía.
LEA TAMBIÉN: Invertirán S/ 2 millones en modernizar infraestructura turística de 6 museos: ¿cuáles?
El “despertar” del visitante
Mauricio Novoa, decano de Artes Contemporáneas, Ciencias Humanas y Educación de la UPC, explica que hablar de museo es desempolvar el término griego museion: templo de las musas. Es decir, se trata de un espacio de inspiración antes que de exhibición. Frente a dicha necesidad, fue el propio visitante quien, con el tiempo, exigió una dosis extra de estímulos —como narrativa y diseño— para alargar su permanencia.
“En el Perú hubo un impulso en el siglo XIX, que es la etapa del Romanticismo: entender en esta búsqueda política y existencial las propias raíces; es decir, las raíces de la nación. [...] Cuando en 1822 se abren, por decreto del general San Martín, el Museo Nacional junto con la Biblioteca Nacional, la idea fue comprender quiénes éramos como país”, analiza.
En el sigo XX, fue la Segunda Guerra Mundial la encargada de recordarle al planeta que la cultura también era frágil: la destrucción, así como alcanzaba ciudades, podía hacerlo con la memoria. A partir de entonces, la conservación empezó a caminar de la mano con la expansión y la bienvenida a multitudes.
“Muchos museos ya eran abiertos, pero se volvieron masivos porque representaban un contacto tangible con la civilización real”, sostiene. Esta perspectiva llegó y se instaló cual Gioconda en el Louvre. O, en el caso de Perú, cual cabeza clava en el Museo Nacional Chavín.
Carlos Loayza, gerente general de la Cámara Nacional de Turismo del Perú (Canatur), complementa la idea y resalta que el excursionista contemporáneo “busca conexión con la historia viva del país”.

LEA TAMBIÉN: Gobierno pone la mira en iniciativas de turismo “innovador”: ¿en qué consiste?
Un salto en el tiempo
En 1979, hubo una propuesta inédita que reflejó dicha concepción renovada de “consumir” un museo en el país: TECNO-ITINTEC irrumpió como el primer espacio interactivo de ciencias de Sudamérica.
“TECNO-ITINTEC llegó a ser un museo conector y difusor de la cultura científica, ya que albergaba proyecciones de películas científicas, entrenamiento para docentes y librería”, señala Alejandra Ruiz, Ph.D e historiadora de la ciencia en Georgia Insitute of Technology.
Sin embargo, en 1993, en medio del proceso de restructuración del Estado, durante el gobierno de Alberto Fujimori, el ITINTEC fue liquidado. No fue una caída por falta de público, fue el resultado de una decisión administrativa, un “desmantelamiento burocrático”, describe la experta.
“Hubo diversos intentos de compra por instituciones educativas privadas y públicas, incluso por los propios exempleados del museo [...]. Pero, según los reportes del Indecopi, con indicación directa, el museo fue trasladado al Parque de las Leyendas, donde solo fue almacenado pero nunca puesto a exhibición”, agrega.
El cierre del TECNO-ITINTEC marcó la interrupción de una línea de desarrollo. Mientras en otras partes del mundo se intenta extender la cadena de valor del turismo a través del fortalecimiento de la oferta urbana, el Perú carga con la pena de haber perdido una infraestructura que ya estaba adelantada a su tiempo.
“Los museos de ciencia, en especial los interactivos, son grandes atractivos turísticos. Si revisamos las guías de turismo para familias, los museos de ciencia casi siempre ocupan los primeros lugares. [...] Nuestra participación es muy limitada en comparación con Brasil o Argentina. [...] Según la última Guía de Centros y Museos de Ciencia en Latinoamérica, Perú tiene 24, incluyendo aquellos de antropología y espacios naturales con áreas de educación. [...] El Concytec hace una gran labor, pero está limitado principalmente por la falta de recursos”, refiere Ruiz.
En suma, el Perú “tiene que seguir soñando con un museo donde se aprenda, a la vez, sobre la ingeniería de los antiguos peruanos, la diversidad de la flora y fauna, la técnica detrás de la gastronomía y la tecnología de la minería”, enumera.

LEA TAMBIÉN: Perú recibió más de 800,000 turistas en el primer trimestre
Cadena de valor
Aun así, como el factor masificación —espacios para todos— quedó arraigado en el pensamiento del país, los museos que aún conforman la historia acompañan el viaje y, en muchos casos, lo definen.
Novoa y Loayza coinciden en que lugares como Museo Larco, Museo Pedro de Osma, Museo Tumbas Reales de Sipán o el Museo de Leymebamba han dejado de ser complementos para convertirse en ejes que estructuran la experiencia del visitante.
Canatur recalca que cada turista que cruza la puerta de una sala activa toda una cadena asociada con el consumo: “El turismo aportó más de US$ 20,000 millones al PIB en 2024, y los museos forman parte de esa cadena de valor no solo por la entrada, sino por el gasto vinculado: transporte, gastronomía y artesanía. [...] Cada visita a un museo dinamiza la economía local y fortalece la identidad cultural del país”, acota el vocero del gremio.
Hoy el museo, además de responder a la lógica original de las musas y las artes, se compromete a saciar el hambre de “abrazar” el pasado. Como sugiere Novoa, en la insistencia por atrapar conocimiento hay una oportunidad: la diversificación. En detalle, el Perú puede diversificar contenidos, públicos y, en consecuencia, ingresos.
El museo, bajo su perspectiva moderna, no participa en la sociedad únicamente con piezas emblemáticas, lo hace con su capacidad de explicar el mundo desde distintos enfoques. Ahí su valor económico se expande: donde más público hay, más gasto corre.

El dato:
- El Ministerio de Comercio Exterior y Turismo (Mincetur) recabó que, durante el 2025, el Perú alcanzó 3.4 millones de turistas internacionales. Para el 2026, estima la llegada de 4 millones de visitantes.

Redactora de Economía en diario Gestión. Periodista piurana con seis años de experiencia profesional en el rubro.







