
En la actividad agrícola del Perú hay un elemento que suele escaparse de los costos de producción: la salud de la tierra. Una hectárea que entrega una buena cosecha hoy puede perder capacidad y elevar su vulnerabilidad para las siguientes campañas.
La agricultura regenerativa parte de esa preocupación y propone producir bajo una premisa: que la recuperación de los recursos naturales también forme parte de la ecuación económica del campo.
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Mapa de agro responsable
Durante el foro “Operacionalizando la agricultura regenerativa en América Latina: de las métricas y prácticas a los modelos de negocio y las cadenas de valor” —a cargo del Centro Internacional de la Papa (CIP)—, Fiorella Pizzini, líder Perú del proyecto regional Paisajes Futuros de The Nature Conservancy (TNC), precisó la definición de la práctica:
“Es un enfoque integral de producción agraria que busca restaurar el suelo y su interacción en los ecosistemas. Se sustenta en el uso eficiente y responsable de los recursos, uniendo saberes locales y conocimientos científicos a fin de contribuir con la seguridad alimentaria, la resiliencia frente al cambio climático y la sostenibilidad de los sistemas productivos”.
Indicó, además, que al 2025 están en marcha 31 iniciativas de agricultura regenerativa a nivel nacional: se manejan por proyectos, algunas cubren más de una zona y, en total, abarcan 20 regiones. En detalle, San Martín posee la mayor concentración de proyectos (9). Le siguen Cajamarca y Ucayali, con 5 cada una. Después está Piura, con 4.
Con 3 proyectos por región figuran Amazonas, Junín, Lambayeque y Huánuco; con 2 proyectos, Arequipa, Cusco, Loreto, Lima y La Libertad. Las zonas que tienen un solo proyecto son Ayacucho, Apurímac, Madre de Dios, Pasco e Ica.
Finalmente, aquellas que aún carecen de esta práctica sostenible son Áncash, Huancavelica y Moquegua.
En cuanto a las cadenas de valor, el cacao se posiciona como el principal motor de esta transición al reunir el 48% del total de iniciativas mapeadas. En segundo lugar se ubica el café, que representa el 29% de las intervenciones.
Por su parte, la ganadería ocupa un espacio fundamental con el 19% del total, lo que impulsa mejores operaciones en el manejo de pastizales, siembra de pastos altoandinos y rotación planificada de ganadería de alpaca y vacuna.
“La mayoría del trabajo que tenemos aquí está muy enfocado a sistemas agroforestales. Sus atributos pueden aportar en todos los principios de la agricultura regenerativa”, remarcó la especialista.
En efecto, la agroforestación combina árboles, cultivos y ganado en una misma parcela, pero no de manera casual: cada protagonista cumple una función y lo que se busca es que las especies interactúen para favorecer las condiciones del terreno y generar un entorno más equilibrado.
También está la palma aceitera, que con 13% de cobertura transita hacia modelos de producción libres de deforestación. El panorama se completa con un abanico diversificado de cultivos: banano, papa, granos andinos, algodón, textil y confecciones, madera, caña de azúcar, camu camu, arroz y ají.

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El mix de estrategias
Si bien este enfoque amigable con el ambiente coloca a la recuperación y conservación de la salud del suelo como el punto de partida, hay cinco elementos más que potencian el proceso. Continúa el manejo eficiente del agua, que se vincula con la conservación de fuentes y la disponibilidad hídrica, explicó Pizzini.
El foco también está en la diversidad productiva. Es decir, en la reducción de monocultivos de gran escala mediante sistemas diversificados, como la agroforestería, para reducir riesgos climáticos. Para ello es clave el fomento de la asociatividad, la gobernanza local y el fortalecimiento de la agricultura familiar.
Sumado a ello, debe existir una garantía de rentabilidad y mercados justos, con mejores ingresos y resiliencia financiera para los productores.
En esa línea, lanzó una acotación: la agricultura regenerativa como estrategia cambia según el territorio. En Piura, por ejemplo, el reto está en recuperar la calidad de los suelos mediante la producción de biochar para banano y arroz.
En Ocongate, Cusco, la mirada se dirige a la ganadería de alpacas. La recuperación de pastos y la cosecha de agua permiten intervenir hectáreas, lo cual tiene efectos sobre la supervivencia y el desarrollo de los animales.
Mientras tanto, en Ucayali el desafío pasa por producir sin ampliar la frontera sobre los bosques. Allí, un proyecto trabaja con cacao y palma aceitera bajo un modelo sin deforestación.
Asimismo, Pizzini puntualizó que, para que la agricultura regenerativa pase de ser una iniciativa puntual a una transformación productiva, es indispensable contar con instrumentos que permitan llevar estas prácticas a una escala mayor, desde asistencia técnica hasta financiamiento e incentivos.


Redactora de Economía en Gestión. Periodista nacida en Piura, con ocho años de trayectoria profesional y experiencia en edición y corrección de textos.







