
En su último reporte técnico, el Ministerio de Desarrollo Agrario y Riego (Midagri) analizó el desempeño de las agroexportaciones de Perú durante la primera mitad de 2026. Aunque el sector creció un 3.5% en comparación con el mismo periodo del año anterior, se observa una reciente desaceleración debido a factores climáticos y variaciones de precios internacionales, y el riesgo podría continuar en el calendario.
En el norte, el “enemigo” puede ser el agua. En la sierra, la falta de ella. En la costa centro-sur, el calor. Y en la selva, las plagas. El Niño vuelve a poner en evidencia que un mismo fenómeno genera amenazas distintas según el lugar donde cae.
El norte está en el “centro” del efecto
De acuerdo con el documento oficial de la cartera, el FEN en el agro peruano se proyecta en dos etapas críticas. La primera fase abarca de julio a noviembre de 2026 y se caracteriza por el estrés térmico. La segunda etapa va de diciembre de 2026 a marzo de 2027 y coincide con la ventana de mayores despachos y cosechas del sector.
Frente a este panorama, “el segundo semestre constituye el periodo de mayor exposición económica para las agroexportaciones. Históricamente, el 37% del valor exportado se concentra en el primer semestre y el 63% en el segundo; por tanto, el desempeño de las campañas comprendidas entre julio de 2026 y enero de 2027 será determinante para el resultado anual”, se puede leer en el informe.
En efecto, Gabriel Amaro, presidente de la Asociación de Gremios Productores Agrarios del Perú (AGAP), mencionó que la costa norte registraría probablemente la mayor contingencia porque se debe mirar la cadena completa: floración, rendimiento, calidad, cosecha, empaque, transporte, puerto, exportación y además la logística de frío. “Es decir, incluso si el cultivo logra producir, una interrupción logística puede impedir que el producto llegue al mercado en condiciones de exportación”, expresó.
Asimismo, Diego Sotomayor, director de Gestión de Investigación de la Universidad Nacional Agraria La Molina (UNALM), calificó a la costa norte como la más vulnerable. El incremento térmico, detalló, provoca un desfase en la polinización de la fruta, lo que resulta en una menor cantidad de la misma. Además, el calor extremo impide que el producto logre desarrollarse por completo. Apuntó, así, al arroz, que requiere riego por inundación controlada. Si las precipitaciones causan una inundación excesiva, este grano se pierde.
Para ambos voceros, entre los productos más expuestos figuran el mango y la uva de Piura; el limón Tahití y el arroz de Piura y Lambayeque; el arándano de Lambayeque, La Libertad y Áncash; el banano de Piura y Tumbes; y el espárrago de La Libertad.
En uva y arándano, el exceso de humedad eleva el riesgo de cracking, Botrytis, pudriciones y pérdida de firmeza.

Desde el “termómetro” hasta las plagas
La huella en la costa centro-sur “comienza con temperaturas elevadas durante julio-noviembre, que pueden afectar procesos fisiológicos como la floración, antesis y cuajado”, precisó Amaro.
“Los cultivos particularmente relevantes son palta, uva, sobre todo en Ica, espárrago, cítricos y cebolla. En la palta, por ejemplo, el estrés térmico puede provocar aborto floral, menor fecundación y afectar la producción de la siguiente campaña”, enumeró.
En la uva, el exceso de humedad es capaz de generar cracking, hongos y pérdida de firmeza; en el espárrago, las temperaturas elevadas acelerarían el crecimiento de los turiones y afectarían la condición para exportación como fresco. Agregó: “Los problemas en carreteras e infraestructura pueden añadir un efecto logístico sobre una producción que ya viene afectada por factores climáticos”.
En la sierra, en cambio, el impacto climático dominante es la sequía, comunicó Sotomayor. El cultivo más afectado es la papa porque es un tubérculo que se siembra bajo el sistema de secano, lo que significa que depende exclusivamente del agua de las lluvias para ser regado.
Este escenario pone en riesgo la seguridad alimentaria de los agricultores locales, quienes, a diferencia de los agroexportadores de la costa, cultivan sus productos para su propio sustento.
“En zonas como Puno, Ayacucho y Apurímac existe riesgo de déficit hídrico y heladas. Los cultivos más expuestos incluyen quinua, papa, cebada y maíz amiláceo. En particular, la quinua puede verse afectada durante las siembras previstas para octubre-diciembre de 2026, comprometiendo la oferta de 2027″, enlistó Amaro.
En la selva, las lluvias extremas y los huaicos aumentan el caudal de los ríos y destruyen carreteras, lo que impide que los alimentos producidos en esta zona lleguen a abastecer a la costa. Adicionalmente, el exceso de humedad eleva el riesgo de aparición de plagas y enfermedades, un problema que se aborda poco en la discusión pública.
“Los cultivos particularmente expuestos son café y cacao, además del banano y el jengibre. En café, las principales zonas productoras (Cajamarca, Junín, San Martín y Amazonas) pueden enfrentar condiciones más favorables para la roya amarilla debido al incremento de temperatura y humedad. En cacao, especialmente en San Martín y Ucayali, el incremento de humedad puede favorecer enfermedades como moniliasis y fitóftora”, dijo el vocero de AGAP.


Empresas activan sus defensas
“El riesgo mayor, sin embargo, no está en la producción, sino en el transporte y la infraestructura cuando se presenten las lluvias del FEN anunciado, concentrado en la costa norte. La producción debería verse relativamente protegida: la mayoría de los agroexportadores ajustó sus campañas con anticipación. [...] La situación más crítica de los efectos está en el sector de pequeños y medianos agricultores, que no manejan tecnologías adecuadas y están desprotegidos, aquí tiene que poner más empeño el Gobierno”, destacó.
Señaló también que la Panamericana es la vía de abastecimiento más crítica, con mayor incidencia en el tramo norte, junto con sus vías secundarias de penetración.
“En términos más amplios, todas las vías principales de acceso a Lima son relevantes. Aún no se conoce con precisión cómo se manifestarán las precipitaciones, por lo que el sector debe mantenerse preparado para resolver rápidamente cualquier interrupción”, finalizó.

- El dato:
Las agroexportaciones alcanzaron aproximadamente US$14,500 millones en 2025, y cerca del 63% del valor anual se reunió en el segundo semestre. Como referencia de sensibilidad, una reducción de 2% del valor agroexportador equivaldría a unos US$300 millones; una reducción de 5%, a unos US$700 millones; el 10%, a aproximadamente US$1.450 millones; y 15%, a unos US$2.200 millones. Estos valores no son pronósticos de pérdida, sino escenarios matemáticos para dimensionar el impacto potencial, resaltó Amaro.

Redactora de Economía en Gestión. Periodista nacida en Piura, con ocho años de trayectoria profesional y experiencia en edición y corrección de textos.







