Comprar un terreno o adquirir un departamento sigue siendo una de las decisiones más comunes entre quienes buscan hacer crecer su patrimonio. Sin embargo, elegir una u otra opción depende de factores como el presupuesto, el horizonte de inversión, la liquidez esperada e, incluso, el perfil de riesgo de cada inversionista.
Las recientes medidas impulsadas por el Ministerio de Vivienda, Construcción y Saneamiento (MVCS) para facilitar el acceso a la vivienda han vuelto a poner sobre la mesa una pregunta entre quienes buscan independizarse o adquirir su primer departamento.
“El contexto actual ofrece mejores oportunidades para muchas personas que buscan acceder a una vivienda, pero comprar en el momento adecuado implica analizar varios factores, no solo el precio o los subsidios disponibles. Una decisión informada puede marcar la diferencia entre una buena compra y una inversión que genere complicaciones en el futuro”, señala Cinthia Pasache, gerente comercial de Best Place to Live.
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Agrega que los proyectos en fase de planos o construcción suelen ofrecer precios más competitivos que una vivienda terminada. Además del ahorro inicial, esta etapa puede representar un mayor potencial de valorización conforme avanza la obra, por lo que resulta una opción atractiva para quienes buscan maximizar su inversión.
¿Qué comprar?
Para Diego Guimel, especialista en temas inmobiliarios, la decisión entre comprar un terreno o un departamento debe partir del objetivo de la inversión. Sostiene que los terrenos han ganado protagonismo entre quienes buscan hacer crecer su patrimonio a mediano y largo plazo, gracias a su potencial de valorización y a la menor inversión inicial que suelen requerir.
“Mientras un departamento ofrece rentabilidad a través del alquiler, un terreno permite capturar la valorización que genera el desarrollo de una zona. Cuando se adquiere en un proyecto planificado y con perspectivas de crecimiento, el incremento de su valor puede ser significativo en los próximos años”, explica.
A diferencia de un departamento, un terreno no demanda gastos permanentes por mantenimiento, remodelaciones o administración, lo que reduce los costos asociados a la inversión. Además, brinda mayor flexibilidad para el futuro: puede mantenerse como activo, venderse cuando aumente su valor o destinarse posteriormente a la construcción de una vivienda, un negocio o un proyecto inmobiliario.
Otro aspecto a favor es que el crecimiento de nuevas vías, servicios básicos, comercios y proyectos de infraestructura suele impulsar la valorización de los terrenos ubicados en zonas de expansión urbana. Por ello, identificar áreas con potencial de desarrollo puede marcar una diferencia importante en la rentabilidad obtenida.
El especialista recomienda verificar siempre que el terreno cuente con documentación en regla, revisar su situación registral y asegurarse de que forme parte de un proyecto formal. Con un análisis previo y una adecuada elección de la ubicación, la compra de terrenos puede convertirse en una de las alternativas más atractivas para quienes buscan construir un patrimonio con visión de largo plazo, remarcó Diego Guimel.







