
La creciente visibilidad de líderes políticos con discursos directos, emotivos y poco protocolarios pone sobre el tapete el rol de la inteligencia emocional en la coyuntura electoral, considerando que figuras como Donald Trump, Javier Milei, Nayib Bukele o José Antonio Kast cosecharon victorias en diversos contextos de desconfianza institucional y crisis sociopolíticas. ¿Esta nueva forma de hacer política podría replicarse en Perú?
El nuevo populismo de América Latina
El psicólogo social Hernán Chaparro define a las autoridades mencionadas como abanderados de un neopopulsimo que ha mutado en nacionalismo, conservadurismo social, elementos religiosos, rechazo a las agendas de género y una retórica “abiertamente confrontacional”.
“El populismo no es nuevo en Perú ni América Latina, pero ahora tiene un tinte conservador y muchas veces, religioso. Ahora se valora la idea de decir las cosas directamente, incluso racionalizando el insulto”, comenta a Gestión.
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A su criterio, la inteligencia emocional no aparece como empatía o moderación, sino como la gestión consciente de las emociones negativas que acarrean a la población, como el miedo, ira, frustración y resentimiento, motivados por factores como la ola de criminalidad y corrupción.

¿Racional o pasional? ¿Qué busca el electorado de sus candidatos políticos?
Para Urpi Torrado, CEO de Datum Internacional, no es tanto la inteligencia emocional lo que juega en el elector, sino la personalidad y estilo de comunicación del candidato político. Perú, ad portas del año electoral, “es un terreno fértil por la percepción de caos y desorden”.
Torrado señala que para los peruanos esperan un liderazgo “con autoridad y orden”, no solo para atender la inseguridad ciudadana, sino también problemas como el tráfico vehicular y la informalidad, factores que refuerzan la sensación de “un Estado que no funciona”.
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Por ello, considera que los políticos que manifiestan su indignación con firmeza o tono confrontacional logran conectar con el electorado. “No es que el votante premie el enojo; lo que busca es gente que le resuelva sus problemas. Hoy la polarización ya no es ideológica, es afectiva”, reflexiona.

Francesco Tucci, docente de Ciencias Políticas y de Relaciones Internacionales de la UPC, considera que la aparente “baja inteligencia emocional” expresada en enojo visible o descalificación de adversarios, es un “un activo político paradójico" cuando se manifiesta en escenarios de deslegitimación institucional, la cual ha sido aplicada estratégicamente por líderes como Nayib Bukele, Javier Milei o Rodrigo Chávez (Costa Rica).
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De esa manera, considera que la baja inteligencia emocional es un activo político cuando:
- Existe desconfianza profunda en instituciones que prometen moderación y equilibrio, sin resultados.
- El votante interpreta la “falta de control” como rechazo genuino al establishment.
- La propuesta técnica ha fracasado sistemáticamente.
“En contextos de crisis económica, inseguridad o corrupción, el enojo parece producir movilización electoral superior. En América Latina, el fenómeno se manifiesta como “voto de castigo” contra gobernantes agotados”, apunta.

Periodista con más de 5 años de experiencia en la cobertura de coyuntura económica e informes especiales en prensa escrita y digital.








