
El Perú es un país altamente sísmico. Su ubicación en el Cinturón de Fuego del Pacífico, una de las zonas con mayor actividad sísmica y volcánica del mundo, mantiene al territorio expuesto a movimientos telúricos de distintas magnitudes.
En este escenario, contar con infraestructura hospitalaria preparada resulta clave para garantizar la continuidad de los servicios de salud ante una emergencia.
Los recientes sismos registrados en distintos países de la región volvieron a poner en evidencia los riesgos que enfrentan las edificaciones ante un desastre. En el caso de los hospitales, la preocupación es mayor, pues deben permanecer operativos justamente cuando aumenta la demanda de atención médica.
El riesgo, además, trasciende los daños físicos. Si un hospital queda fuera de servicio, el Estado debe asumir costos adicionales para trasladar pacientes, habilitar espacios alternativos, reponer equipos y atender la demanda que deja de cubrir el establecimiento.
¿Qué tan vulnerable es la infraestructura hospitalaria del país y cuánto podría costarle al Estado no reducir estas brechas? Especialistas consultados por Gestión explicaron las principales alertas y los retos que enfrenta el sistema.
Hospital paralizado: estiman pérdidas de hasta 4 veces su costo
Desde la economía de la salud, el costo de que un hospital deje de funcionar va mucho más allá de reparar el edificio o reponer sus equipos. Alberto Barrenechea, economista especializado en salud y docente de la Universidad del Pacífico, explicó que también deben considerarse las camas, cirugías, consultas y diagnósticos que dejan de realizarse, los traslados de pacientes, la saturación de otros hospitales y los gastos adicionales de las familias.
El terremoto de Pisco de 2007 permite dimensionar este impacto. Según el especialista, el desastre provocó la pérdida de al menos 62% de las camas hospitalarias de Ica y obligó a trasladar a más de 800 pacientes a Lima.
Por ello, sostuvo que el impacto debe medirse considerando el daño patrimonial, la pérdida de servicios de salud, los costos extraordinarios para el Estado y los pacientes, así como las pérdidas de productividad y bienestar.
Desde la ingeniería, el impacto puede ser todavía mayor. Víctor Martens Campos, vicepresidente y coordinador del Comité de Infraestructura y Equipamiento de Establecimientos de Salud del Colegio de Ingenieros del Perú (CIP), estimó que, para un hospital nacional de nivel II o III, la pérdida económica global después de un sismo severo y una inoperatividad prolongada podría oscilar entre tres y cuatro veces el costo de construir un hospital nuevo.
En esa estimación se consideran, entre otros componentes, la implementación de contingencias y hospitales modulares, la demolición y remoción de escombros, la pérdida de equipamiento biomédico y hospitalario, la reconstrucción de la infraestructura y los costos sociales asociados a mortalidad evitable y productividad perdida.
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El costo de anticiparse al desastre
La inversión para reducir la vulnerabilidad sísmica de un hospital varía según se trate de una nueva construcción o de un establecimiento ya existente. El ingeniero Víctor Martens estimó diferencias importantes entre ambas alternativas:
| Criterio | Hospital nuevo (prevención) | Hospital existente (retrofit/adaptación) | ||||||
|---|---|---|---|---|---|---|---|---|
| Tecnología recomendada | Aislamiento sísmico de base, mediante aisladores elastoméricos o péndulos de fricción. | Disipadores de energía, como sistemas viscoelásticos o fluidos viscosos. | ||||||
| Costo adicional estimado | 2% al 4% de la inversión total del proyecto | 10% al 15% del valor total de la infraestructura | ||||||
| Impacto operativo | Sin impacto operativo durante la incorporación, al contemplarse desde la etapa de diseño digital/BIM. | Intervención progresiva que requiere planes de contingencia. | ||||||
| Beneficio esperado | Incorpora la protección sísmica desde el diseño del establecimiento. | Evita la demolición total y permite restablecer la funcionalidad en meses. | ||||||
Fuente: Víctor Martens Campos, Colegio de Ingenieros del Perú (CIP).
Nota: Las estimaciones corresponden a referencias distintas de intervención. El rango de 10%-15% se refiere al costo adicional del retrofit o adaptación respecto del valor de la infraestructura existente, según Martens.
Además, Martens advirtió que el riesgo no se concentra únicamente en la estructura. Según referencias técnicas de FEMA E-74 y la OPS citadas por el especialista, los componentes no estructurales y las líneas de vida internas pueden representar más del 80% de los daños y la inoperatividad en sismos severos, superando el impacto de la falla estructural pura.
Entre los elementos más vulnerables mencionó las redes de gases medicinales y agua, el suministro eléctrico y los equipos médicos.
En cuanto al costo de intervenir un establecimiento existente, el especialista estimó que la adecuación de un hospital de mediana a alta complejidad (niveles II y III) oscila entre el 15% y el 25% del costo total de un activo nuevo, con un valor referencial de entre US$180 y US$450 por m² construido.
Se estiman US$2,000 millones para intervenir hospitales vulnerables
Martens realizó además una estimación para dimensionar cuánto podría requerirse para intervenir los establecimientos más vulnerables. Tomando como referencia 203 hospitales públicos e institutos evaluados en las categorías B y C del ISH/REDES, calculó un presupuesto de alrededor de US$2,000 millones en costos directos, al que deberían añadirse gastos generales, IGV y supervisión.
De ese monto, US$1,539 millones corresponderían a la intervención de 114 hospitales de categoría C, considerados infraestructura crítica. La estimación contempla intervenciones estructurales con disipadores o aisladores, además de medidas de mitigación no estructural, sobre una superficie referencial de 3.4 millones de m², con un costo aproximado de US$450 por m².
Otros US$400 millones estarían destinados a 89 hospitales de categoría B, considerados de vulnerabilidad media. En este caso, Martens estimó una superficie referencial de 2.2 millones de m² y un costo aproximado de US$180 por m² para la adecuación de redes no estructurales y anclajes.
A ello se sumarían US$61 millones para gestión digital y monitoreo, mediante herramientas como BIM, gemelos digitales y sistemas de monitoreo de la salud estructural (SHM). Además, Martens planteó que un programa de esta magnitud podría ejecutarse de manera referencial en tres años, entre 2027 y 2029.
No obstante, advirtió que las estimaciones de REDES deben ser validadas para confirmar tanto el número de hospitales clasificados en las categorías B y C como el presupuesto requerido.

La prioridad, según el ingeniero, debería concentrarse en los hospitales de niveles II y III que concentran servicios críticos como UCI, emergencia, quirófanos y bancos de sangre. En estos establecimientos, una interrupción prolongada podría comprometer la continuidad de la atención y afectar la cadena asistencial.
Para Alberto Barrenechea, el análisis de la gestión pública debería incorporar también el costo de no prevenir.
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Cuando un hospital vulnerable deja de operar, el impacto para el Estado no se limita a reconstruir la infraestructura: también implica trasladar pacientes, habilitar servicios alternativos, sobrecargar otros establecimientos y asumir las consecuencias de tratamientos, cirugías y diagnósticos que quedan postergados.
Por ello, sostuvo que la pregunta económica no debería ser únicamente cuánto cuesta hacer más seguro un hospital, sino cuánto le podría costar al país no haberlo hecho antes del próximo desastre. En última instancia, advirtió, el mayor costo está en las pérdidas de salud y de vidas humanas que podrían evitarse.

Periodista por la Universidad Jaime Bausate y Meza. Experiencia en prensa digital, radio, televisión y comunicación corporativa. Actualmente se desempeña como redactora web.







